"I didn't do very well in my math test —I couldn't seem to persuade the teacher that I hadn't meant my answers literally."
Calvin
"My education was dismal. I went to a series of schools for mentally deranged teachers." ("Mi educación fue siniestra. Fui a varios colegios para profesores con problemas mentales.")
Woody Allen

Yo no sé si a vosotros os pasa, pero a mí, como a todos a los que nos ha gustado ir al colegio y estudiar, cuando llega la vuelta al cole me entra un ramalazo de envidia al ver a los peques desfilar el primer día con sus flamantes mochilas nuevas. Tampoco vayáis a pensar que yo estudié en una escuela idílica y maravillosa, no, mi colegio andaba muy lejos de ser Hogwarts. Sufrí mi dosis de profesores amargados y de compañeros de clase odiosos. Pero también tuve algún buen profesor, me gustaba aprender, me gustaba la rutina escolar (sí, sí) y a finales de agosto yo era una de esas niñas bastante nerdy que miraba con arrobamiento su goma de borrar y su lápiz nuevos, abría sus libros y los hojeaba con entusiasmo. Tantas páginas con delectable olor a libro nuevo, tantas promesas de aprendizaje masacradas luego por enseñantes incompetentes... Creo que ese amor por la escuela debe de ser la razón por la que tantos desequilibrados como yo terminan por ser profesores.
En Quebec los chavales volvieron al cole la última semana de agosto, así que Monsieur M. (que comparte conmigo ese amor por la escuela, pero que es demasiado estable mentalmente como para trabajar en la enseñanza) y yo ya hemos pasado nuestro momentito de nostalgia de cada septiembre, que invariablemente superamos comprándonos un cuaderno cada uno. Como este año no trabajo en la escuela, mi caso se ha agravado un poco, y he tenido que acompañar el cuaderno de un diccionario nuevo, cosas ambas que han hecho que me sienta mucho mejor.
Una de las cosas que vuelve con la vuelta al cole (la rentrée, en Quebec) y la agenda bien apretada, es les collations, o las cositas para picar que una lleva en el bolso, para remediar posibles bajones de energía durante la jornada.
Aquí hay una excusa pseudomédica que se estila mucho para justificar esos picoteos: "Soy hipoglucémica", pero en la mayoría de los casos es una forma más refinada de decir: "Soy bastante tragona". Que lo soy, por Júpiter. Aunque tengo que decir en mi defensa que el hecho de que mi bolso, esa caverna de Alí Baba, contenga siempre algo de comer en forma de cookies de avena, manzana y otras frutas, queso, almendras o similares, me impide caer en la tentación de comer una de esas MacMarranadas que tanto abundan por aquí. Porque yo cuando tengo hambre no tomo prisioneros. Y la conciencia nutricional se me va al garete. También hay que decir que el variado contenido de mi bolso, a pesar de ser objeto de mofa y befa por parte de mis amigas, les ha sacado de penas más de una vez. Es mi instinto nutridor, que me puede. Parezco una madre, repartiendo comida y toallitas limpiadoras a derecha e izquierda. Caray.
Una de esas cosas muy socorridas para llevar en el bolso, por lo compacta, poco perecedera y porque no se aplasta en el fondo convirtiéndose en un pegote irreconocible, son las barras de cereales. Cuando llegué a Canadá, la moda aún no se había extendido a España, pero aquí era la fiebre de la super-nutrición-en-barra. Barras de granola, barras de fruta deshidratada, barras de proteínas. Y cuando uno mira los ingredientes de cerca, se da cuenta de que la mayoría de las marcas más populares contienen sobre todo un ingrediente: azúcar. O sirope de glucosa, sirope de maíz o fructosa, todos ellos igual de poco saludables que la buena y vieja azúcar. A eso le añades unos cuantos cereales rancios, aceite de palma hidrogenado, lo bañas de una capita de chocolate malo, y voilà!. Mierda en barra. Perdón. "Barra energética", lo llaman por aquí. Que la mayoría de las bienintencionadas madres meten en los almuerzos escolares de sus hijos pensando que es alimento, cuando equivale a un KitKat. Pero sin el placer culpable.
Si eres un poco exigente y quieres algo bueno (con frutos secos y nueces, sin azúcares refinados, con miel, con cereales integrales...) te dejas una pasta. Así que hoy os propongo una receta clasiquísima en Quebec, de las de la abuela, en versión -muy- ligeramente remozada, de un postre que también puede servir de merienda energética para los chavales (y no tan chavales), muy rico y nutritivo. Una buena solución para la "bolsa marrón". Y se hace en menos de lo que tardas en decir "barras energéticas". Otra receta con avena. Ultimamente mi médica no para de cantarme las alabanzas de la avena y sus efectos anticolesterol, así que ando comiéndola cual caballo percherón. Ahí va: BARRAS DILIGENTES DE DATILES / CARRÉS AUX DATTES Ingredientes para el relleno:
- 500 gr. o 4 tazas de dátiles, cortados por la mitad y deshuesados
- 1 taza (o más, depende de lo frescos que estén los dátiles) de agua caliente- 1 cucharada sopera de zumo de naranja
- 1 cucharada sopera de Maizena- 1 cucharada de té de extracto de vainilla
- 1 pizca de clavo molido (esto es mi toque personal)Ingredientes para la masa
- 1 taza y media de harina integral- 1 taza y media de avena
- 1/2 taza de azúcar moreno (o miel, o sirope de arce)- 1/2 taza de mantequilla, margarina o aceite vegetal ( no de oliva, algo de sabor más neutro)
- 1 cucharada de té de bicarbonato- 1/2 cucharada de té de sal
PreparaciónEn un cazo a fuego medio, mezclar los dátiles con el zumo, la vainilla y el agua (previamente calentada en un cazo aparte). En una taza aparte, disolver la cucharada de Maizena con un poco del agua caliente y mezclar con el resto. Revolver bien y vigilar para que no se pegue (añadir más agua caliente si es necesario), hasta que los dátiles hayan absorbido el líquido y se hayan ablandado. Como la cantidad de agua es variable, el resultado debe ser un puré bastante espeso. Retirar del fuego y pasar un poco por la batidora, si os gusta un relleno de aspecto uniforme. Si lo preferís chunky, dejar enfriar tal cual.
Precalentar el horno a 190 º. En un gran bol mezclar los ingredientes secos: la harina, el azúcar, la avena, la sal y el bicarbonato. Añadir la mantequilla en pedacitos pequeños y mezclar un poco con los dedos . La mezcla será seca y muy grumosa, no os esperéis una masa de bizcocho.
Cubrir el fondo de una fuente de horno rectangular -previamente engrasada- de la mitad de la mezcla para la masa, apretándola un poco con las palmas de las manos. Verter uniformemente el relleno de dátiles y extenderlo, alisándolo bien. Echar por encima el resto de la masa, distribuírla de forma uniforme y apretar ligeramente. Al horno, ¡hop!, 30-35 minutos, hasta que se dore un poco.
Esperar a que se enfríe para cortar en cuadrados -¡o barras!-, de lo contrario el relleno aún estará blando y se os desmigará todo, como me pasó a mí en estas fotos. Una excusa estupenda para comerse todos los pedazos cortados. Si aún frío os queda un poco blandito, añadid menos agua la próxima vez.

Por cierto, con dátiles también pueden hacerse otras cosas muy ricas.