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sábado, 26 de septiembre de 2009

¿Eres un adulescente?

Imagen de Ed Polish & Darren Wotz

Aunque aparentemente comience con lo que parece un cotilleo, mi post de hoy es en realidad un mini-estudio de antropología social y cultural (tanto leer para la tesina, al final tenía que rendirme un poco). Os sitúo: mi buena amiga Mo me escribe un triste correo para decirme que su novio - bueno, debería decir ex-novio- de casi una década le ha hecho una auténtica marranada. La marranada, como tal, carece totalmente de originalidad, si una piensa que la infidelidad recurrente carece de originalidad en el ránking de indignidades que pueden terminar con una pareja. La forma de confesársela, también carece de originalidad y aún más de estilo: por teléfono. Digamos que en los "cuarenta principales" de maneras de confesar algo así de lamentable a tu pareja, el teléfono sigue de cerca -al final de la lista- al famoso post-it de "Sex & the City".

El ex-novio en cuestión, con el que mi amiga pasaba sólo los fines de semana y las vacaciones, dado que los dos tenían trabajos en ciudades diferentes, anunció su "no estoy muy seguro de que quiera meterme en el compromiso de vivir juntos" tras ocho años de relación y un muy intenso año de vivir por separado con compañeros de piso, saliendo mucho y, qué leches, reviviendo los veinte. El varón en cuestión tiene cuarenta tacos. Y no podía alegar que vivía ahogado por la vida de pareja.
Menos mal que Mo, al final de una interesante treintena, es joven, inteligente, interesante, buena persona, agradable en exceso y guapa a rabiar. Vamos, que no tendrá muchos problemas para encontrar otro compañero si se siente sola.

Si expongo la triste (pero típica, me temo) historia de Mo es sobre todo para provocar un poco de reflexión sobre un fenómeno social que aqueja Quebec en estos tiempos y que yo creía exclusivo de España : los adulescentes*. Por Internet ya pululan los sociólogos y los periodistas que definen este fenómeno -que yo creo algo más que generacional-:

*Adulescentes : (de adultos + adolescentes). (En francés: adulescents, en inglés kidults). Según los sociólogos, dícese de los jóvenes que se resisten a entrar en la vida adulta a pesar de que sus padres a estas alturas ya tenían hijos e hipotecas. Quizás por miedo a las responsabilidades, o directamente porque les parecen un coñazo, el caso es que el mundo occidental está lleno de adultos entre los 25 y los 45 con complejo de Peter Pan.

Estos adultos, que ya peinan canas, visten caras y fardonas zapatillas de deporte y no las utilizan jamás para hacer deporte, llevan chapitas en las solapas o mochilas, van en masa a ver pelis de dibujos animados, leen Harry Potter, recuperan héroes del pasado y vuelven a comprarse los muñequitos con los que jugaban en la infancia. De hecho, el revival un tanto egocéntrico de su infancia es algo en lo que pueden invertir bastante tiempo y dinero.
Por no hablar de ciertos comportamientos inmaduros que abarcan lo sentimental, lo laboral, lo familiar… Y además en España, para completar el panorama, viven con sus padres o compartiendo piso de la misma manera en que lo hacían cuando eran estudiantes. Y cuando digo "de la misma manera", también hablo del comportamiento.
En una época en la que para los adultos es obligatorio ser joven, y en la que los niños quieren ser adultos lo antes posible; en la que las niñas pequeñas y las adolescentes se visten como mujeres adultas y en la que las mujeres hechas y derechas intentan vestirse como adolescentes, el fenómeno de la adulescencia está creciendo en popularidad.

A ver, antes de que se me indigne innecesariamente algún lector (siempre hay alguno predispuesto a indignarse), aclaro: yo llevo zapatillas de deporte (nada caras, pero sí fardonas), aunque a veces (cuatro o cinco por semana) hasta hago deporte con ellas. Tengo una buena colección de camisetas con frases ridículas. Yo también voy a ver todas las películas de Pixar. Y ni siquiera me acompañan niños como excusa. En mi biblioteca reposan todos los tomos de Harry Potter (y las pelis, en esta casa somos grandes potterófilos), aunque también pueden encontrarse cosas como "El ruido y la furia" y hasta algún Erich Fromm (nada grita tanto "carroza" como "El arte de amar" de Fromm). Tengo una hipoteca sobre los lomos y vivo con la misma persona desde hace una década.

No me malinterpretéis. No creo que sólo exista una única manera de ser adulto. También creo que algunos de estos rasgos son generacionales, y que la situación laboral y de la vivienda en España no ayudan a nadie a independizarse, a vivir como un adulto y a comprometerse. Pero a veces me da la impresión de que éstas son estupendas excusas para mucha gente que no quiere crecer.
El sistema de tradicional chantaje afectivo matriarcal de muchas familias españolas, que parece considerar el natural deseo de emancipación de los hijos como una traición al amor de la madre, también fomenta este estado de adulescencia, que se prolonga a veces hasta bien entrados los cuarenta, no sólo sin que nadie se sorprenda, sino considerando al parásito adulto en cuestión como un "hijo/a ejemplar".

Cuando llegué a Quebec, me deslumbró lo rápido que la gente crece aquí: no es raro que un quebequés deje el domicilio familiar a los 18, trabaje, viva con su novio/a y pague sus propios estudios superiores, que cursa mientras trabaja. Me pareció que al fin había llegado a un país donde la gente se hace adulta, con unas posibilidades laborales que permiten que eso suceda con naturalidad. Y yo que había suspirado por independizarme desde que tuve uso de razón. Pero cuál sería mi sorpresa, durante los últimos diez años, cuando vi cómo empezaban a evolucionar -de forma tristemente conocida- algunos de mis coetáneos quebequeses, especialmente (lo siento, caballeros), los del sexo opuesto. El fenómeno se ha extendido tanto en Quebec, que hasta se han hecho películas como "Horloge biologique" ("Reloj biológico"), en la que el sexo masculino (especialmente en la treintena) no sale muy bien parado. Y que está, por cierto, dirigida por un hombre.

Para terminar este post, la cocina montrealesa propone un test de gran sofisticación y de utilidad pública: aplicado con rigor, os permitirá descubrir si vuestro hombre es un adulescente, y preparaos para las consecuencias. Chicos: podéis feminizarlo y aplicárselo a vuestra compañera, porque me temo que la "adulescencia" no es exclusivamente masculina.


TEST : ¿ERES UN ADULESCENTE?

1. Te ingresan el sueldo de este mes en tu cuenta corriente. Te lo gastas en :

A. Todos los muñecos de Star Wars que te faltaban para completar la colección. Y ese juego para la Wii que te apetecía tanto. ¡Yupi!

B. Piensas un poco en ese iPhone... ¡a la mierda las facturas! Respiras hondo, pensando en cómo pagar el alquiler de este mes sin renunciar a él.

C. Pagas las facturas, te las arreglas para dejar un poco en vuestra cuenta conjunta e invitas a tu compañera a cenar a un buen restaurante. Ahorrar es importante, pero un capricho de vez en cuando es razonable. Siempre puedes llevarte al trabajo el almuerzo hecho en casa, para compensar.

D. Pagas responsablemente todas las facturas, e ingresas el excedente íntegro en tu plan de pensiones.

***

2. Te refieres a tí mismo exclusivamente como...

A. Un chico. Un muchacho (o el equivalente) en América Latina.

B. Un joven.

C. Un hombre.

D. Un señor.

***

3. Tu compañera/novia/mujer te dice durante la cena que tenéis que hablar de algo importante:

A. Te tapas inmediatamente las orejas con las manos y repites canturreando: "Noteoigonoteoigonoteoigo..."

B. Te pones a pensar si no echan en la tele algún partido que pueda servirte como excusa para posponer la conversación.

C. Te acercas a ella, le pasas un brazo por los hombros y le preguntas, un poco inquieto: "¿Pasa algo grave, cariño?"

D. Le dices que sabías que finalmente accedería a que tu madre viviera con vosotros. Y que estás orgulloso de que tu mujer no sea una ingrata.

***

4. Cuando vas a visitar a tu madre...

A. No necesito ir a visitarla, ¡vivo con ella!

B. Le llevas un par de coladas de ropa sucia que andaban por el suelo de casa, y unos tupperwares vacíos que te dio la última vez (espera, ¿los has lavado?) para que te los rellene con ese cocido tan rico que hace ella. A mamá le encanta hacer esas cosas por tí.

C. La llamas antes por teléfono para preguntarle si le viene bien que pases por casa o si está ocupada, y para saber si necesita que le lleves alguna cosa. Le llevas el tupperware que aceptaste la última vez, con un buen pedazo del bizcocho que hiciste ayer, y una planta de regalo.

D. Te instalas en su casa tres días, le haces la limpieza, le empapelas el salón y le cambias todos los enchufes. Le lees en voz alta su libro de poesía preferido mientras hace ganchillo.

***

5. Tu idea de una tarde de relajación después del trabajo es...

A. Hombre, si no me está leyendo mi novia... ¡irme a un striptease con los colegas! Si no hay dinero, un paquete de patatas y una buena peli porno son la segunda mejor opción.

B. Echar un partidito de fútbol con los colegas, y luego una buena borrachera post-partido.

C. Llamo a mi compañera antes de salir y quedamos en alguna terraza agradable para tomar algo juntos y contarnos el día. Paseamos un rato y después de la cena hacemos el amor dulcemente. Si ella está cansada, le doy un buen masaje y le lleno la bañera con su gel de baño preferido.

D. Una partidita de cartas, las noticias en la tele y a la cama temprano, que mañana será otro día.


***

6. Tu novia/compañera... te anuncia que tras darle muchas vueltas, está pensando seriamente en tener un hijo. Te pregunta qué piensas al respecto.

A. La miras mientras habla, paralizado como una rata en un cepo, y cuando ha terminado, te levantas de un salto, sales corriendo lanzando alaridos y te precipitas en el bar más próximo.

B. Lanzas una risilla nerviosa y le preguntas: -"¿Tener un hijo... con quién?". Al ver su expresión, enmudeces, te sirves un copazo para ganar tiempo. Le preguntas si no bastaría con comprar un perro.

C. La miras, emocionado, tomándole las dos manos. Le dices que eres consciente de que es una decisión importante que cambiará vuestras vidas para siempre, y que tener un hijo con ella te hará el hombre más feliz del mundo.

D. Le preguntas, enfadado: "Ah, ¿es que se te había pasado por la cabeza NO tener hijos?"

***

7. Tu forma de compartir las tareas domésticas es...

A. ¿Euh?

B. Eehm... vacío el lavavajillas. Cuando "puedo". Y plancho. A veces. Pero no muchas, porque la contraria me dice que no lo hago bien.

C. Cincuenta por ciento de lo que haya que hacer, por supuesto. Cocino, friego, plancho, lo que haga falta. Si ella está muy cansada, no me importa darle un respiro y hacer su parte. Somos un equipo, ella haría lo mismo por mí.

D. Yo hago los trabajos de hombre: transportar cosas pesadas en la compra, los arreglos domésticos, el bricolaje. A ella le dejo las cosas de mujeres.

***

8. Cuando pienso en mis veinte años y en el presente...

A. Ahora encajo mucho más alcohol sin vomitar. Pero los atracones porreros me están haciendo echar tripa, maldita sea.

B. No veo mucha diferencia. Sólo que ahora estoy un poco más calvo y que ya no escucho a Locomía (qué vergüenza). Pero a veces me dan ataques de nostalgia pensando en Samantha Fox.

C. No creo que cualquier tiempo pasado fue mejor. Fueron divertidos mientras duraron, pero ahora no querría vivir como vivía entonces.

D. Yo nunca he tenido veinte años, que yo sepa. Tengo 65 desde los 16.

***

9. La infidelidad...

A. Yo no he sido, nadie me ha visto, no pueden probarlo.

B. Fue culpa de ella, lo juro, se me echó prácticamente encima, introdujo violentamente uno de sus pechos en mi mano, fue casi una violación, y yo cuando tengo semejante erección tengo ciertos problemas de riego en el cerebro.

C. Es un riesgo demasiado grande, el de perder todo lo que hemos construído juntos durante estos años, por un momento de placer pasajero, vacío y culpable. Respeto demasiado a mi compañera para hacerle algo así.

D. ¿Qué es eso? Cariño, ¿dónde has puesto mis calcetines de tenis?

***

10. El compromiso...

A. ¡Aaaarrgggh! A ver, que no porque llevemos siete años juntos somos forzosamente "una pareja".

B. Uhm, ejem, cuando pienso mucho en eso me dan esos ataques de eczema...

C. Es necesario para evolucionar en una relación, y como persona.

D. Hasta que la muerte nos separe, por supuesto. Hemos comprado nichos contiguos. ¿A que es romántico?

***

RESULTADOS:

Mayoría de A:
No hay duda. Eres un adulescente. Lo llevas sin complejos y sin tapujos. Te mereces encontrar como pareja a alguien como tú. Exactamente como tú.

Mayoría de B:
Calma. Eres un tipo normal. Con cierta nostalgia de la adolescencia, y cierta tendencia a la irresponsabilidad, pero nada que los demás no padezcamos. Tu inmadurez está en la media, nada espectacular.

Mayoría de C:
Confiesa: has mentido como un bellaco. La mayoría de los hombres responden, como máximo, una mezcla de B y C. Si has respondido con sinceridad, eres un hombre perfecto. Si por alguna extraña razón eres heterosexual y estás soltero, mándame un correo con tu número de teléfono, que se lo paso a mi amiga Mo ipso facto.

Mayoría de D:
Tú no eres maduro, tú lo que eres es un viejo prematuro. Una cosa es madurez, y otra putrefacción, macho. Sal de casa, entra en el siglo XXI con el resto de nosotros, vive la vida, diviértete un poco, hombre. Lo necesitas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Bon appétit!



A pesar de mis trabajos forzados, este mes de agosto tuve tiempo para ir a ver la versión cinematográfica del libro basado en el blog de Julie, del que ya os hablé. Para mi sorpresa, la película "Julie & Julia" fue mucho mejor de lo que me esperaba. No me esperaba gran cosa, sino una versión del libro de Julie muy edulcorada y deslavazada para todos los públicos. Y sí, es verdad que la historia ha sido convenientemente aseptizada (los numerosos "fuck" que jalonan el libro fueron eliminados, así como ciertos episodios que implican gusanos, comida en descomposición y un asunto gelatinoso con una pata de ternera y un áspic de huevos, ugh), pero Meryl Streep está simplemente genial, con una "G" mayúscula.

Si podéis ver un día la versión original, os la recomiendo vivamente, su imitación de Julia Child no tiene precio, y os provocará más de una carcajada. Para muestra, este trailer de una cadena de tele americana, que compara las dos.
"Passion. Ambition. Butter. Do you have what it takes?"

miércoles, 20 de mayo de 2009

Oriente es oriente: Aloo Gobi Masala (Curry de coliflor)


Cuando se empieza estar cansado de estar encadenado al ordenador cual preso a su bola con grillete, nada como compensar esa carencia en picante de la vida con un buen plato bien especiado, picantito y humeante, en este caso, un curry. Y una buena comedia británica.

La culpa de que yo coma estas cosas es de mis amigas mexicanas, de Ed, más concretamente. Y no porque ella haya intentado convertirme a las virtudes del curry (cuando uno vive en la muy Gran Bretaña acaba adoptando la comida india, una de las pocas cosas positivas del colonialismo), sino porque yo antes de conocerla era una persona de fuerte carácter y estómago frágil, y no me atrevía con el picante. Pero Ed me cocinó unas típicas flautas verdes con salsa casera, y viéndola picar chiles como una posesa me sentí incapaz de hacerle un feo, y probé el platillo en cuestión.

Cuando vi que no sólo no necesitaba correr a buscar un extintor, sino que estaba muy bueno, y que no me produjo ninguna indigestión fulminante, un nuevo mundo de posibilidades llameantes se abrió a mis papilas. Resultado, la cocina en esta casa is flaming hot now, babe. Al menos de vez en cuando. Mi carácter sigue siendo bastante inflamable y mi estómago frágil, pero ambos parecen encajar fácilmente Tabascos (una herejía sintética, segun mis amigas) y jalapeños, chipotles y habaneros.


Este curry vegetariano de coliflor, o gobi masala, (aloo gobi masala en su versión paquistaní) es una variación personal de esta receta. Los cambios que hice a la receta original: a la coliflor le añadí unos cubos de calabaza (muchos currys que he probado mezclan batata, boniato, patatas o calabaza con la coliflor). Una cosa que no menciona la receta es que hay que cocer de antemano ambas verduras, al dente, para que no se deshagan cuando las mezclemos con la salsa (la coliflor al vapor y la calabaza al horno, en mi caso, aunque ambas se pueden hacer al horno, para que conserven una textura más firme). En lugar de guindilla en polvo utilicé medio jalapeño bien picadito (en Montreal es bastante fácil encontrar chiles mexicanos, aunque una guindilla corriente puede servir perfectamente) y añadí un poco de cayena en polvo y jengibre rallado, para echar más leña al fuego.

Como no tenía tiempo para hacerme mi propio curry, ni semillas de amapola ni anacardos, un par de cucharadas de pasta de curry Patak hacen maravillas, pasta que reforcé con cúrcuma, comino (en polvo y entero) y curry en polvo. Si no encontráis la pasta, el curry en polvo resulta bien.

El acompañamiento: unas alubias (eran unos restos, las lentejas o garbanzos también pueden acompañar este curry), y un puré de espinacas en el que calenté un poco de paneer (comprado), para darle el toque proteínico a la cosa.

El acompañamiento cinéfilo: la comedia de tema muy intercultural (a Noema probablemente le gustará) "Oriente es Oriente", "East is East" en inglés, "Fish & Chips" en... francés ;-). En la que se cuenta con mucho humor uno de los problemas de base que dificultan la adaptación de cualquier inmigrante (y de sus hijos), en este caso, el de un inmigrante paquistaní: uno puede sacar al hombre de Pakistán, pero no es fácil sacar a Pakistán del hombre.

jueves, 2 de abril de 2009

Love walked in


"Si no has visto "Historias de Filadelfia", para de hacer lo que estés haciendo, alquílala y siéntate a verla. Probablemente exagero si digo que, hasta que no la hayas visto, habrás vivido una vida incompleta y sin color. En cualquier caso, esta película se sitúa definitivamente en la lista de cosas perfectas. Ya sabes lo que quiero decir, la lista que incluye el cielo estrellado en el desierto, los sándwiches de queso fundido a la plancha, "El gran Gatsby", el edificio Chrysler, Ella Fitzgerald cantando "I don't mean a thing (if you ain't got that swing)", las peonías blancas. y esos pequeños esbozos de manos, dibujados por Leonardo da Vinci."

Extracto de "Love walked in", de Marisa de los Santos (traducción propia)

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"[...] I also thought, fleetingly, of Soren Kierkegaard [...] saying something like this: rational thought is as holey as a moth-eaten sweater; at some point, girl, you need to take a leap of faith. He's talking about religion, but I'd say the same is true for friendship, the two having never been that far apart in my mind."

Extracto de "Belong to me", de Marisa de los Santos

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En mi caso, la lista de cosas perfectas incluiría (además de "Historias de Filadelfia") cosas ligeramente diferentes, como:

- Las películas "El hombre tranquilo" (la mejor pelea en el mejor pueblo de locos de la historia del cine ), "La chica del adiós" (para todos aquellos que han tenido problemas con compañeros de piso compartido) ,"Doctor Zhivago" o "La hija de Ryan" (¡o las dos! por ser las mejores historias de amor de todos los tiempos), "El piano" (por la misma razón), "Annie Hall" (o cómo empiezan y se terminan algunas de esas historias) o "Matar a un ruiseñor" (tanto la novela, como la película, por mostrar lo mágica y terrible a un tiempo que es la infancia, y por el mejor personaje símbolo de la integridad que he visto nunca).

- El olor a pan horneándose en la cocina.

- Etta James cantando "At last" o Dinah Washington cantando "What a difference a day makes".

- La sonrisa de mi sobrina.

- Las nevadas de diciembre, con copos enormes y esponjosos, como inflados al helio, especialmente al anochecer, salir la primera a pisar la nieve en medio del silencio con el que cubre la ciudad.

- Las trufas rellenas de nata de la confitería Goya de Vitoria.

- Monsieur M. intentando bailar (escondamos todo objeto frágil), o echándose una de sus homéricas risotadas. Julieta siempre se asusta y se esconde bajo la cama.

- Mirar al mar desde el acantilado de Azkorri, o, en su defecto, mirarlo en un cuadro silencioso de Edward Hopper...

- La vinagreta al ajo y perejil de Jean-Pierre, el mejor amigo de monsieur M. Me gusta tanto que por mi último cumpleaños me regaló una botella llena.

- Apoyar la cabeza a medias sobre el lomo de Alfonso, que duerme en el respaldo del sofá, y cerrar los ojos escuchando su ronroneo, un libro en el regazo, una tetera en la mesa. Siesta segura.

- Y en lo de las peonías estoy perfectamente de acuerdo.

¿Y vuestra lista? ¿Qué pondríais en ella?

Uno de los libros que he leido últimamente y que me ha gustado, es un libro de Marisa de los Santos, "Love walked in", su primer libro.

Este libro me ha sorprendido, porque raras veces he encontrado en una novela una protagonista que me parezca casi mi alter ego. Todos nos reconocemos en personajes de ficción, algunos más cercanos a nuestra persona que otros, pero es raro que un personaje tenga las características de un reflejo en un espejo, como es el caso de esta novela.

Pero quizá lo que más me ha gustado es que este libro tiene esas cualidades de las buenas películas clásicas de la época dorada de Hollywood (los 40 y 50), esas películas que idolatro, al igual que la protagonista: ingenio y humor -sin crudeza-, amor -sin empalago-, y unos diálogos como partidas de ping-pong, en los que las réplicas rebotan deliciosamente de un personaje a otro con facilidad y fluidez.

El segundo, "Belong to me", todavía no ha sido traducido al español (creo). Podría decirse que es una continuación del primero, aunque pueden leerse en desorden sin tener la sensación de que nos faltan elementos de la trama (yo lo hice, y no tuve ningún problema). Las dos historias se suceden cronológicamente, y los personajes principales son los mismos, pero son independientes narrativamente .

No sé si las traducciones serán buenas, pero estas dos novelas, que he leido en inglés, me han gustado por el estilo de escritura, el humor chispeante y la forma exacta y realista de tratar los temas centrales, o más bien EL tema central: el amor, declinado en múltiples formas, el amor de pareja, el amor maternal, la amistad entre mujeres, el esfuerzo y el respeto que requiere amar de la mejor forma posible.

Y un tema secundario: la felicidad, que no consiste exactamente en obtener todos nuestros deseos y sueños, sino en saber exactamente qué deseamos, aunque no lo obtengamos, y en ser capaces de seguir soñando a pesar de todo.

sábado, 28 de marzo de 2009

Jamón, jamón


He aquí un truquito que me enseñó mi amiga Claudia, un truquito de restaurante : con el prosciutto que se encuentra por aquí, se puede hacer un crujiente de jamón que, desmigado sobre una crema de verduras, sopa, gazpacho o ensalada, como guarnición, le da un contraste crujiente suculento.
El cómo es muy simple: no compréis un jamón pata negra, sería un desperdicio. Un jamón baratito va perfecto, porque el sabor va a cambiar mucho por efecto del calor.
Se calienta el horno a 200 grados, se extienden las lonchas de jamón sobre papel pergamino (ése que va al horno) para que absorba la grasa, y se tuestan las lonchas hasta que empiecen a "rizarse", pero no deben oscurecerse. Vigiladlas bien, se queman muy rápido. Se sacan del horno y se ponen sobre papel absorbente, dejando enfriar. Cuando están frías, deben ser rígidas y crujientes, como patatas fritas de bolsa. Si todavía están un poco blandas, metedlas en el horno un poco más de tiempo.
La deshidratación en el horno potencia mucho el sabor salado del jamón, así que cuando utilicéis estos crujientes como guarnición, tenedlo en cuenta y ajustad un poco la cantidad de sal en la receta.
Podéis guardarlas en el frigo, en una bolsa hermética, durante un par de semanas. Hay gente a la que le gusta comerlas calientes, como chips.

Para los cinéfilos, los crujientes pueden acompañar bien la película "Jamón, jamón", de Bigas Luna. Sé que para los lectores españoles no es ninguna novedad, pero creo que para los que me leen desde este lado puede ser de lo más instructiva. Puede descubrirles tradiciones españolas seculares, como los duelos con patas de jamón ibérico.

martes, 10 de marzo de 2009

Bajo el sol de Toscana


Este libro, y la película basada en él, me traen un rayito de sol al final de este interminable invierno canadiense. Aunque la película no es lo que se dice una obra maestra, siempre me ha parecido simpática, y volver a verla por estas fechas me suele ayudar durante el hartón característico de marzo, mes en el que los quebequeses tenemos un empacho superlativo de invierno y de temperaturas bajo cero.

Foto de aceitunas tomada de bobdipaola.com,
foto de paisaje toscano de autor desconocido. El pan, muy rico, es mío.

Para los que no la habéis visto, os diré que toca los temas que parecen haberse vuelto el leitmotiv de mi vida de los últimos años: la cocina (bueno, el libro mucho más que la película), las reformas interminables de una decrépita barraca, y la búsqueda de una vida que se parezca más a quiénes somos, a veces siguiendo por impulso una idea que aparentemente es una chifladura y al final resulta ser la decisión más sensata que hemos tomado en nuestra vida ("a terrible idea... don't you just love those?").

Otro de los motivos por el que esta historia es un feel good movie en una época del año en la que estoy cruelmente a falta de sol y calor, es porque el paisaje de esa Toscana de postal me recuerda mucho al de La Rioja, que, si bien no es mi paisaje español favorito, me es bastante familiar (por haberlo paseado mucho en los veranos de mi infancia), y es el que me hace suspirar ahora, a causa de su sequedad, calor, sol franco y fuerte, y campos de viñas, olivos y almendros, que huelen a romero y tomillo. Es algo así como una "protoEspaña" para alguien que la echa de menos.

Recomiendo el libro a todos los verdaderos cocinillas, porque la escritura de Mrs. Mayes no es lo que se dice apasionada y exuberante, pero su amor por la cocina italiana es genuino, y rezuma en las recetas tradicionales que aparecen a lo largo del libro.

Para terminar, este pan con aceitunas y aceite de oliva que, aunque no puede competir -ni lo pretende- con otros que se ven por ahí, estaba muy rico, y costó muy poco esfuerzo con el método con el que he aprendido a hacer pan... en cinco minutos.


Foto de aceitunas tomada de importpeace.org,
el paisaje de Cortona es de autor desconocido.

*Nota: Acabo de poner un enlace a la receta de base para el pan artesano en cinco minutos sin amasado (Artisan Bread in Five Minutes a Day) en la columna de enlaces que véis a la izquierda, bajo la rúbrica "Recetas". También he puesto un vídeo de los autores elaborando el pan por este método, el vídeo se ve mucho más claro que el que puse en la entrada de la semana pasada. Espero que os sea útil.

martes, 24 de febrero de 2009

Jugo... que te quiero verde


No sé si éste es el secreto de que en los últimos inviernos no haya atrapado apenas los virus que andan sueltos por el metro, pero os propongo la receta porque además de saludable me parece fresca y con un sabor contundente, como me gustan los zumos.
La oí por la tele en mi programa marujo preferido, uno de esos programas que hace que te broten espontáneamente unos rulos y una redecilla en la cabeza (y parece que no soy la única que lo ve), a un médico que afirmaba que este jugo está atiborrado de todos los antioxidantes y vitamina C necesarios para ser feliz. En mi caso, no aspiraba a tanto, sólo a encontrar algo que me ayudara un poco a salir de esa fatiga crónica que me entra a mediados del invierno. Este zumo se ha convertido en una bebida habitual en esta casa, principalmente porque me he aficionado al sabor. No creo que entusiasme a los no aficionados a las verduras, aunque probablemente sean los que más lo necesiten.

Como sé que algunos de vosotros lo pasáis mal a la llegada de la primavera (aunque no siento demasiada empatía por los asténicos primaverales, aquí aún andamos paleando nieve y estamos como locos porque llegue ya, la primavera), intentaré simpatizar con vuestras dificultades en el cambio de estación, y echaros una manita supervitaminada y mineralizada.


Ingredientes para el jugo verde (receta adaptada de la receta del dr. Oz, qué nombre genial):

(No doy cantidades exactas de algunos ingredientes porque depende de vuestros gustos, pero ahí va la idea general)

- Espinacas (o acelgas). Al gusto. Cuantas más echéis, más sabrá "a pasto". Oprah añade apio, personalmente encuentro un poco amargo la combinación de los dos, junto con el perejil. O utilizo apio, o espinacas, pero no los mezclo.

- Perejil (lleno de vitamina C, y muy bueno para los que andan cansados)

- Pepinos (yo echo dos gorditos, pelados)

- 1 manzana (su dulzor contrarresta lo amargo de la verdura)

- El zumo de 1 limón (yo pelo la piel amarilla, y lo echo tal cual a la licuadora, viva la fibra)

- Jengibre fresco (depende de lo picante que queráis que os salga la mezcla)


*********************

Lanzar todo esto a la licuadora, saldrá un mejunje terriblemente verde. Echarle arrestos y probarlo. Veréis que su sabor supera a su aspecto.

Yo lo aprovecho para brindar por el Oscar de Kate Winslet, una actriz que me encanta y que ha protagonizado este año dos buenas películas en las que me parece que está sensacional: "The reader" y "Revolutionary Road" (la novela en la que está basada también merece la pena ser leída).

Para mis lectores con más orgullo patrio: no, no se me olvida Penélope, que no me parece una mala actriz, pero en "Vicky, Cristina, Barcelona" me pareció una mala caricatura de Anna Magnani. Aunque quizá haya que echarle una parte de la culpa a Woody, mal que me pese. Personalmente, me gusta más Kate, su estilo es un poco más comedido. Y bueno, los Oscar son eso, show business. Yo los veo desde siempre porque soy una cinemaníaca, y porque son algo así como el Superbowl del cine y de los trajes de noche. Pero como garantía de calidad me fio más de Sundance, o de Cannes.

Pues eso. Salud, Kate.

martes, 3 de febrero de 2009

Girly-Girl Rose-Cardamom Cupcakes / Cupcakes de rosa y cardamomo

Toca entrada tierna y agradable, tras haberos horrizado-nauseado con mi último post. Ahí va, una entrada totalmente opuesta, una entrada femenina y rebosante de estrógenos (con sugerencia cinéfila "oculta" :-).

Cuando una quiere felicitar a una amiga por algo estupendo, nada mejor que cupcakes con una glasa rosa Barbie... de rosa. Aunque no es necesario tener una ocasión especial que celebrar, también puede ser un dulce para acompañar un maratón de chick flicks entre amigas, toda la serie completa de "Orgullo y prejuicio", o un tea party sólo para chicas. O la ceremonia de los Oscar, nada mejor que pringarse la punta de la nariz de glasa rosa mientras se comenta el horror que se ha puesto este año Cameron Díaz.

Estos cupcakes son la mezcla de muchas recetas encontradas en internet y en un par de libros, con el añadido personal del cardamomo (media cucharada de café). La receta que más se parece a la mía es ésta, pero yo he utilizado media taza menos de azúcar. Salen muy blancos del horno, pero no os dejéis engañar por el color: cuando los pinchéis con un palillo y salga limpio, es el momento de sacarlos (los míos, en unos 20 minutos).

Lo ideal hubiera sido disponer de auténticos pétalos de rosa glaseados para la decoración, pero estamos en pleno invierno, mis rosales están enterrados por un metro de nieve y no me atrevía a hacerlos con rosas compradas en un comercio (vete a saber con qué las vaporizan...). Las fotos de rosas son tomadas "prestadas" de internet.

El glaseado es una glasa real clásica, de azúcar, (Bea explica muy bien cómo hacerla), perfumada con un toque (una cucharada de café) de la misma agua de rosas utilizada para perfumar los pasteles y coloreada con una gota de colorante rojo (también se puede colorear con granadina); aunque quise hacerla lo suficientemente espesa como para utilizarla con la manga pastelera, parece que las bechameles, gelatinas y en general toda sustancia que deba espesar-gelificar y yo andamos reñidas. Así que no fue posible hacer rosetones, válgame la redundancia. Pero el sabor de estos pastelitos compensó el error decorativo: un sabor delicado. Muy girly-girl.

Quién me ha visto y quién me ve. Y yo que odié el rosa durante toda la adolescencia.

domingo, 25 de enero de 2009

Los pequeños placeres


Cuanto más vivo, cuanto más leo, más alegría encuentro en cultivar un gusto particular por los pequeños placeres. Como romper con la punta de la cuchara la costra de la crème brûlée. Qué sonido tan parecido al de romper el hielo que invade este país -y el parabrisas del coche -. Qué materias tan diferentes.

miércoles, 21 de enero de 2009

Escultura inuk

Paseando por Quebec capital, se encuentran muchas galerías que exponen y venden arte inuk. Inuk es el singular de inuit, palabra que podría traducirse por "esquimales". El término "esquimal" ya no se utiliza en Canadá para referirse a este pueblo, porque no es el término que ellos utilizan normalmente para referirse a sí mismos. De hecho, la traducción de "esquimal", palabra que proviene de la lengua algonquina, es algo que los propios inuit consideran como despectivo, quiere decir "comedor de carne cruda".
El pueblo inuit vive en un territorio semi-independendiente del norte de Quebec, llamado Nunavut.
Los motivos de las esculturas inuit son eminentemente naturalistas: animales de la fauna del norte, (osos polares, morsas..., nanuk, el oso, suele aparecer bailando),


... madres llevando a sus bebés en la espalda de sus amauti o parkas tradicionales...

Inukshuk. Esta forma, que se asemeja a la de un hombre, es precisamente lo que quiere decir la palabra inukshuk. Estas figuras son utilizadas por los inuit como señalización de caza, para indicar un escondite de carne en la tundra, o bien como una especie de espantapájaros que atrae a los caribúes, detrás del cual se esconde el cazador.


Los materiales utilizados en este soberbio arte popular suelen ser los que se encuentran fácilmente en el gran norte: el marfil de los colmillos de las morsas, las astas de los caribúes, la esteatita, también llamada jabón de sastre, porque es una roca blanda que se utiliza para hacer las piedras con las que las modistas marcan la tela, y que puede ser pulida hasta alcanzar esa suavidad y ese brillo tan característicos de este tipo de escultura.

Para terminar esta entrada, y si los fríos invernales os dan ganas de adentraros más en esta cultura interesantísima y tan desconocida, unas cuantas sugerencias de cosas que he leído y visto:

- la sugerencia cinéfila: las películas "Atanarjuat", del director inuk Zacharias Kunuk, y "The snow walker", del canadiense Charles Martin Smith. La primera es mejor que la segunda (en mi opinión), quizá porque el punto de vista no es "blanco". Pero el que se anime a verla está avisado de que para disfrutarla es mejor tener un entrenamiento previo de aguerrido espectador de documentales antropológicos y de cine de autor.

- el clásico de la literatura quebequesa "Agaguk", de Yves Thériault.

- "L'île de Tayara" ("La isla de Tayara"), de Jean Désy. No parece existir una traducción en español. Escrito de forma simple y sobria, casi puede ser considerado como literatura juvenil (esto puede animar a los que quieren practicar un poco el francés, leyendo algo no muy complicado), pero la visión de Nunavut a través de los ojos de una adolescente que se instala allí con su padre permite formarse una imagen del norte diferente a la que nos dan los documentales.

- el extremadamente interesante libro del etnólogo Jean Malaurie, "Los últimos reyes de Thule", que habla de la vida de los inuit groenlandeses, una cultura muy similar a la de los inuit canadienses. Probablemente más fácil de encontrar en francés.

- si os apetece buena ficción policiaca, con interesante información sobre Groenlandia y remarcablemente bien escrita, la novela "La señorita Smila y su especial percepción de la nieve", del danés Peter Hoeg. También existe una adaptación cinematográfica. Para leer bien arrebujado bajo el edredón.

Sobre todo en estas latitudes.

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* NOTA (un añadido de última hora, que va bien con el tema ártico):

Esta semana he empezado a leer una novela de Dan Simmons: "El Terror". La estoy leyendo en inglés, pero veo que ya existe una traducción en español (y para los amigos de Quebec, acaba de salir en francés, a un precio bastante escandaloso).

A pesar de su título (que proviene del nombre de un barco), no es exactamente una novela de terror, sino una novela gótica. Está basada en un hecho histórico, la segunda expedición de John Franklin en 1845 al archipiélago ártico canadiense, en busca del paso del Noroeste. Ésta es una de esas veces en las que la realidad supera ampliamente a la ficción: la expedición de Franklin , que constaba de dos barcos, el Terror y el Erebus, quedó atrapada durante dos años en los hielos árticos (en busca de un paso que aún no existía, a falta de calentamiento global). Se cree que la tripulación murió de una mezcla de tuberculosis, inanición, envenenamiento por plomo y botulismo (a causa de las conservas que transportaban como víveres), escorbuto y, finalmente, canibalismo (esta hipótesis ha sido formulada tras encontrar y examinar los esqueletos de la tripulación), motivado probablemente por las horribles condiciones en las que subsistieron los marinos.

Como veis, Dan Simmons no necesitaba añadir mucha ficción a la historia para que resultara aterradora. El tema no es de una alegría terrible, pero siempre me han fascinado las historias de expediciones árticas. Acabo de empezar a leerla, así que aún no me he formado una opinión, pero el tiempo aquí es perfecto para acompañar este libro.

En la barra de video os dejo (durante un par de días), un poco de música inuit: los juegos o cantos de garganta .

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Un poco de espíritu navideño

Ya estamos en diciembre, ya han caído unas cuantas nevadas en Montreal, ya empiezo a sentir el hormigueo de la locura con olor a pino de la que os hablaba, así que se abre la veda navideña.

Hoy quiero simplemente compartir con vosotros las películas que me gusta volver a ver en esta época, que se han convertido en clásicos navideños. Algunas me gustan porque me parecen de una calidad cinematográfica innegable (hay incluso un par de obras maestras de la historia del cine), y otras simplemente porque acompañan bien la locura característica de estas fechas.

  • Empiezo con los básicos. Para los que aún conservan una sana inocencia y un poco de optimismo:


"Qué bello es vivir", de Frank Capra, es la obra maestra de la que os hablaba. Si aún no la habéis visto, -cosa difícil, ya que la echan en Navidad todas las teles del mundo occidental todos los años-, tenéis que verla. Y contarme lo que os ha parecido.

Esta película no sólo es un clásico de la historia del cine, es también un clásico familiar en el mundo anglosajón. En esta barraca montrealesa la vemos con fervor todos los años (bueno, algunas la vemos con fervor, otros con un poco de resignación).

Un consejo para apreciar mejor esta historia contada de forma magistral: coged vuestro cinismo y vuestras desesperanzas varias en lo que a la raza humana se refiere, y metedlos en un cajón, o encerradlos en un armario, al menos durante el tiempo que dura la peli. Espero que después de haberla visto decidáis no sacarlos de ahí. Y no me deis la tabarra diciéndome que os parece cursi. Si esta peli os parece cursi, estáis leyendo el post equivocado.


No voy a engañaros: "Milagro en la calle 34" sí que es cursi. Cursi, cursi. Empalagosa, edulcorada, casi gelatinosa. Como una cucharada de miel con azúcar con mermelada con sirope de arce. Yo soy incapaz de verla sentada, con reverencia cinéfila, como hago con "Qué bello es vivir". La veo siempre en la cocina, de pie, cocinando o haciendo otras cosas al mismo tiempo. Pero la veo.
¿Qué por qué os la recomiendo, a pesar del empalago? Y yo qué sé. Preguntadle a mi psicoanalista. Probablemente por Maureen O'Hara. Peazo mujé.


"Canción de Navidad" es probablemente la obra literaria más adaptada por el cine. Este clásico de Dickens, que os recomiendo leer ya mismo, y que comienza con una de las mejores frases de apertura de la historia de la literatura ("Para empezar, Marley estaba muerto; de eso no cabe duda"), es otra de esas historias que hay que abordar sin cinismo.

La adaptación cinematográfica que os propongo no es para nada la mejor (el director, Clive Donner, hizo su trabajo sin pena ni gloria) pero la interpretación de George C. Scott (más conocido en su papel de general Patton) es muy buena, y el guión es bastante fiel al texto original de Dickens, el otro motivo que hace que me guste. Y la razón principal, claro: la esperanza que comunica la historia. El "nunca es tarde para cambiar". La euforia de Scrooge la mañana de Navidad. El "¡Que Dios nos bendiga a todos!", de Tiny Tim. (Esperad, que me enjugo un lagrimón).

  • Cambiando de tercio, recomendaciones desde "el lado oscuro":


"Pesadilla antes de Navidad" no necesita que explique por qué es una buena película. Si habéis visto otras obras de Burton (excluyendo "Sweeney Todd", por favor), sabréis de qué hablo. Esta perla de animación es magistral, y la poesía visual de Burton está aquí en su punto culminante.


"Eduardo Manostijeras" es una película navideña, os lo juro. ¿Raro? No tanto. Por ejemplo, para Paco, "El coloso en llamas" es una peli de Navidad (y no navideña, insiste él, no es lo mismo, dice). Los caminos del subconsciente son inescrutables...

  • Para ver con niños (adultos o menores):

"A Charlie Brown's Christmas" es un clásico (nunca mejor dicho, esta película fue realizada en 1965) en CTV (Canadian Television), la cadena anglófona, que lo echa todos los años. A pesar de ser una gran lectora de cómics, nunca he sido fan de Snoopy, pero este largometraje tiene mucho encanto. Ideal para los que tenéis niños en casa. Para los amantes del jazz (entre los que me incluyo): la banda sonora del trio de jazz Vince Guaraldi es muy buena. Si no lo encontrais por la península, en Youtube se puede ver -por partes, en inglés, echad un vistazo a la banda de video de este blog-.
Peli relajante.
  • Y ahora lo realmente divertido: para los que pasan las navidades en familias disfuncionales (casi todo el mundo)

Dos recomendaciones para los que afrontan las cenas familiares con la cabeza gacha: "La familia Stone" ("La joya de la familia" en España, creo), en la que la costumbre muy canadiense y muy americana de llevar el novio/a a la cena de Navidad toma un giro bastante inesperado, y que ilustra las dificultades de hacer que la familia política te acepte,



"Home for the holidays" ("A casa por vacaciones") es una peliculita que realizó Jodie Foster y que pasó bastante desapercibida el año de su estreno, y que me parece buena. En un estilo muy teatral (no quiero decir histriónico, sino que la historia transcurre como una obra de teatro, principalmente en la casa de los padres de la protagonista), la película cuenta cómo en casi todas las familias hay una cierta dosis de locura y desbarajuste, y la conclusión (al menos la que saco yo cada vez que la veo) es que en todas las familias sería genial que sus miembros se quisieran (idealmente) y aceptaran (objetivo más alcanzable) tal y como son, en lugar de tirarse décadas deseando que todos los demás cambien.

Asimilar esta evidencia lo más rápido posible puede evitarle a mucha gente muchos dolores de cabeza, y broncas inútiles en torno al turrón.

La historia se sitúa en el Thanksgiving americano, no en Navidad, pero en los USA y en Canadá no se celebra la fiesta de Reyes, el maratón familiar navideño termina el 1 de enero, así que la Acción de Gracias se considera como la primera cena de las fiestas, el pistoletazo de salida en la larga cadena de cenas -más o menos, depende del caso- sufrientes con la familia.

Reconfortante si teméis estas fechas en las que vais a sentaros a la mesa con un grupo de locos con los que no tenéis nada en común aparte del patrimonio genético, muy recomendable para los que pasan la velada reprimiendo las ansias de lanzar a la cara del cuñado/a el salpicón de marisco.
  • La sugerencia cinéfila:


"Fanny y Alexander", de Bergman. Ya, ya, hay mucha gente que no asocia el cine de Bergman con la alegría de las fiestas, precisamente. Pues esta película no sólo es navideña (os hará soñar con las navidades blancas suecas, al amor de la lumbre), sino que es relativamente alegre, para Bergman (bueno, al menos la mitad del metraje ;-). Obra maestra. Larga, larga, por eso se presta bien para estas vacaciones.



  • Para terminar, la sugerencia romántica (¡y british!) para los que pasan la Nochebuena en pareja, acurrucados en el sofá: "Love, actually". Simpática.
Tras mi muy tópicas pelis navideñas favoritas, ardo en deseos de saber cuáles son las vuestras. Si alguna de vuestras favoritas no está en la lista, me encantaría que me descubrierais algo nuevo. Y a monsieur M. también, que anda un poco quemadillo de mis clásicos. ¡Espero vuestros comentarios!

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Chien chaud: la decadencia de Occidente

La recomendación cinéfila quebequesa del día: la segunda película de la trilogía de Denys Arcand, "Las invasiones bárbaras". Aunque sea una continuación del "Declive del imperio americano", y se vea mejor la evolución de los personajes 17 años después, se puede entender perfectamente sin haber visto la primera. Una buena película, que consigue hablar de morir sin resultar plúmbea, gris, deprimente. La muerte "real life", con sus momentos emotivos, cómicos, ligeramente grotescos y muy prosaicos. Os arrancará algún lagrimón, y más de una carcajada.

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Tengo la habilidad de haber pasado una década en Quebec, Canadá, Norteamérica, y haber conseguido evitar casi totalmente la comida basura, salvo en contadas -y, a menudo, voluntarias- excepciones, motivada por un interés puramente antropológico. Con este razonamiento: si millones de personas adoran esto, y algunas incluso están dispuestas a morir para seguir comiéndolo (ignorando todos los consejos de cardiólogos y nutricionistas), debe de haber algo ahí...

Cuando me dejo llevar por este razonamiento, acabo comprando una guarrada, comiéndola parcialmente, tirando el resto, sufriendo acidez de estómago y molestias digestivas varias el resto de la tarde y diciéndome: recuerda que a millones de personas también les gustan las versiones internacionales de "Gran Hermano". Y que Chiquito de la Calzada hizo furor durante varios años.

Ergo, una vez más, popularidad no siempre = calidad.

Sin embargo, hay veces en las que no se puede escapar de la maldición de la comida rápida. Cuando el hambre aprieta, la tensión está por los suelos, y es imperativo tragar algo antes de caerse redonda, y las alternativas que una tiene son: hamburguesa, patatas fritas y hot dogs, (chien chauds en Quebec, porque estos irreductibles lo traducen todo, todo sea por no dejarse invadir por el inglés), pues todos los principios gustativos y todas las consideraciones de salud se van un rato a paseo, y te encuentras con esto entre las manos:



Toda mi vida (y algunas memorables comidas en España) pasó ante mis ojos mientras "decoraba" mi perrito con los básicos: ketchup, mostaza, relish.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El sueño eterno (oda al café filtro)


Noviembre me suele producir ese efecto: cuando empieza a anochecer hacia las cuatro y media, la temperatura baja, ya no queda prácticamente rastro de vegetación, pero aún no hay nieve que ilumine Montreal con esa luz blanca (este año las primeras nieves vienen con retraso, normalmente ya tendrían que haber caído un par de nevaditas sólidas, y sólo hemos tenido un día de "espolvoreo" blanco); cuando noviembre se arrastra gris, lluvioso, frío, lento y lleno de trabajo, entro en fase de hibernación.

Me despierto -es un decir- a esas horas dementes de la mañana que son las normales en este país (a mí, toda hora más temprana que las siete de la mañana me parece demente), con esa náusea característica del ibérico que se levanta, echo mano de la bata de polar, ésa que ha hecho pelotillas en apenas dos lavadas y que sigo usando como coraza antisexo (y es que a mí, a las seis de la mañana, no me toquessssss), trastabillo con Alfonso, que está tumbado al lado de la cama y ni siquiera ha abierto un ojo -maldito gatito- y navego como puedo hacia la cocina y esa máquina que me ha salvado la vida desde que llegué: la cafetera programable.

Ya os he hablado varias veces de lo amante del té que soy, he leído y probado lo suficiente como para diferenciar muchas clases y calidades. Pero en este mes de noviembre en el que uno se despierta con luz eléctrica, y llega a casa por la tarde a la amarillenta luz de las farolas, lo que me permite ponerme a funcionar por la mañana no es un exquisito té gyokuro de primera cosecha, no. Es un cafetazo filtro.

Mis gustos en café son tan basureros como sibaríticos los que tienen que ver con el té: cuando vivía en la piel de toro, nunca fui capaz de apreciar el café tal y como se sirve en las cafeterías, (por eso comencé a tomar té). Ahora que monsieur M., gran epicúreo del café, tiene una super cafetera exprés italiana, algo así como la Lamborghini de las cafeteras, regalo de Estoico Hermano y Recia Cuñada (con ella terminaron de ganarse su varonil corazoncito), sigo sin ser capaz de apreciar el buen café. También hay que especificar que monsieur M., viril muchachote canadiense, prepara unos cafés que se cortan con cuchillo y tenedor.

El café que me gusta es deleznable, es el café al que me hice adicta al llegar a Canadá, país que carbura a café filtro americano, donde todo el mundo se pasea vaso de café en mano por todas partes, a todas horas : en el metro, en el hospital, en los cursos universitarios, los funerales, los cines y los coches. Y encima, aromatizado: café con sabor a vainilla o avellana. Qué se le va a hacer: me gusta el equivalente al fast food del café. Y aunque sea consciente de que es de peor calidad, me sigue gustando más el chocolate con leche que el chocolate negro. Ya está, ya lo he confesado, ahora lo sabéis todo. Me temo que mis papilas gustativas están infantilizadas, son unas inmaduras.

Con esta larga explicación proclamo, en este universo de cocinillas donde casi todo el mundo hace sus reducciones de balsámico y utiliza azúcar aromatizado a la lavanda, el derecho a seguir apreciando ciertas cosas de calidad dudosa, pero oh, cuán reconfortantes. Abajo el esnobismo alimentario. Vivan el proletariado y el café filtro. Y la tableta roja de Nestlé. (Sin embargo, si algún amable lector quiere invitarme a cenar al Bulli, no diré que no, para qué engañaros).

Qué haría yo sin mis dos cancarritos de café filtro. Este blog, escrito de buena mañana, (hora canadiense), no existiría sin ellos. Gran pérdida para la humanidad entera -especialmente para el mundo de la lingüística-. Y en este vegetativo noviembre de sueño eterno (tenéis que ver la peli de Hawks, una obra maestra), en el que acabo de levantarme y escucho ya la llamada de la cama y sus viles cantos de sirena que me impiden trabajar, en el que no puedo esperar a llegar a casa y saltar en la bata y las pantuflas de peluche, en el que urge empijamarse y edredonarse, y dormir doce horas, un café, es justo y necesario. Es mi deber y salvación.

Voy a servirme otra tacita ya mismo.

Imagen de Ed Polish & Darren Wotz