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lunes, 21 de julio de 2008

Té verde de verano


Este verano no hay ni tiempo ni dinero para grandes viajes. Así que hay que ser feliz en casa. No hace falta gran cosa, un té helado, un libro...
Hace sol, qué pereza más rica. Os dejo con esta imagen de té verde de jazmín,-es tailandés- , bebido en el patio trasero. Con deliciosa lentitud.

sábado, 28 de junio de 2008

The queen and I

"La princesa Ana es una chica muy activa. Le gusta el aire libre. Adora la naturaleza a pesar de lo que la naturaleza le hizo."
Bette Midler
Me preparo un tecito Earl Grey, y no me hace falta más para sentirme cercana a la familia real británica, ya veis, tengo la alucinación bastante fácil y asequible. Y anglófila, of course.

A pesar de ser republicana convencida y olé (para los amigos de este lado del atlántico, este republicanismo del que hablo no tiene nada que ver con la política de los USA, es el otro republicanismo), tengo un punto débil: Elizabeth, Liz para los amigos.

(Imagen de Ed Polish y Darren Wotz)

La reina Elizabeth me cae bien, aunque no haya tenido el gusto de conocerla (todo se andará...). Me gusta la familia real británica, como me gusta casi todo lo británico. Mejor dicho: me gusta que existan, que no es lo mismo. Me gustan su flemática compostura y su falta de vergüenza (pensad en las famosas conversaciones telefónicas de Camilla y Charles...). Me gustan sus escándalos, buenas maneras, titánicos sombreros, meteduras de pata y atuendos de caza (entre otros, el kilt del príncipe Charles y las sempiternas botas Wellington o wellies, que llevan todos en Balmoral), todo ello me proporciona gratos momentos de solaz y entretenimiento.

Por alguna razón que no llego a determinar, la familia real española no me permite el mismo esparcimiento y diversión. Curioso. Debe de ser que, con tanto matrimonio consanguíneo, la familia Borbón ya no tiene la genética muy fresca, que se diga. Y son unos sosos de tomo y lomo. Las lecturas de discursos del rey... yo despidiría a su profe de declamación ya mismo. He oído a gente recuperándose de un derrame cerebral en pleno reaprendizaje de la lectura con un logopeda leer con más dinamismo.

Cuando obtuve la nacionalidad canadiense, tuve que jurar fidelidad a Lizzy, ya que Canadá es un país que pertenece a la Commonwealth. Así que soy oficialmente su súbdita. Menos mal que me cae bien.

Esta simpática familia inglesa ha inspirado historias fantásticas, entre otras la estupenda novela de Sue Townsend, "The queen and I". Sue Townsend es la autora de los muy populares en mi juventud "Diarios de Adrian Mole".

En la Inglaterra de "The queen and I", el partido republicano gana las elecciones, con lo que el Reino Unido se convierte en una república y la familia real británica es enviada ipso facto a una casa de protección oficial, su nueva residencia. La reina Elizabeth comienza a cobrar su pensión de jubilada y a aprender a vivir con medios, er, ligeramente limitados. Y se las arregla bastante bien. El príncipe Philip, con menos capacidad de adaptación, termina con una depresión de caballo, deja de afeitarse y de ducharse y se pasa el día viendo la tele.

La idea de base de este libro da origen a situaciones de lo más pintorescas. Os lo recomiendo, vais a pasar un buen rato leyéndolo.

Esta semana acabo de terminar otro libro de la misma autora, "Number ten", en el que parte de una idea similar. Edward Clare, primer ministro británico, jefe del partido laborista, es cada vez más impopular y se le acusa de haber olvidado las condiciones en las que vive el pueblo llano inglés. Esto le motiva a salir de su cómoda residencia en el número diez de Downing Street, y a lanzarse en un viaje de incógnito por Gran Bretaña, disfrazado de mujer. Por supuesto, siendo humor británico, lo de travestirse va a terminar gustándole. En este viaje peculiar, el primer ministro descubre cosas como el programa de tele "Who wants to be a millionaire?", el cream tea y lo desastrosamente mal que funciona el sistema de salud pública. También descubre cómo aplicarse el colorete.
En mi opinión, (y es sólo eso, mi modesta opinión), este libro no es tan divertido como "The queen and I". Pero me he reído bastante con algunas de las escenas de la historia.


Y para terminar, algo sólo para auténticos anglófilos: "The queen". Si aún no la habéis visto, alquiladla, preparaos una tacita de té con galletas y disfrutad de la dirección de Stephen Frears y de la soberbia interpretación de Helen Mirren. Creo que si Liz fallece, podría remplazarla sin problema.

A mí este tipo de post siempre me da ganas de comerme unos scones con mantequilla y mermelada. Y sándwiches de pepino. ... os dejo, y por cierto,

God save the queen. Eso.

domingo, 27 de abril de 2008

Pu-erh

Hoy me toca ejercer de "Coco" de nuevo (soy de la generación "Barrio Sésamo", como Vega), y hablaros de té.

El Pu-erh es un té de Yunnan, que se ha vuelto muy popular últimamente en España (al menos, la última vez que estuve allí, lo era) bajo el sobrenombre de "té rojo". El color rojizo de su infusión se debe a que la fermentación de las hojas tiene lugar en barricas de roble. A este té semi-fermentado, a medio camino entre el té negro y el verde, se le han descubierto toda clase de virtudes terapéuticas. Los chinos, ellos, lo saben desde hace siglos.




Entre las cualidades que parecen haber sido probadas científicamente, está la de disminuir el nivel de colesterol. Otras son las mismas que las del té verde en general: ayuda a metabolizar las grasas y es una buena fuente de antioxidantes, que ayudan a protegernos contra el cáncer (el vino tinto también, así que tomad un vasito a mi salud ;-). La farmacopea china dice también que "ayuda a la circulación de la sangre y disipa los efectos del alcohol". Tomaos una taza después de ese vasito de vino.

Normalmente, el Pu-erh se compra en "ladrillos", unas piedras formadas por hojas de té compactadas, que se venden con formas diversas, como medallones, etc. Como soy la única en casa a la que le gusta este tipo de té (y me ha costado, porque la primera vez que abrí un bote estaba convencida de que se había enmohecido, hasta que le pregunté a la persona que me lo había vendido) prefiero comprarlo en pequeñas cantidades de hojas sueltas.



Curioso : Pu-erh quiere decir "fondillo de pantalón". El nombre se debe a la historia popular que cuenta cómo las mujeres que trabajaban en la recolección se guardaban en los bolsillos las mejores hojas, con las que se elabora este té. De ahí ese olorcillo... como de piso bajo, er, como de sótano.

jueves, 17 de abril de 2008

Shui Hsien

From Monty Python's Flying Circus : (The Pepperpot Ladies on a Submarine) "Red alert. Put the kettle on!"



Nada mejor para mantenerse en forma que una tacita de té verde, así que con mi nueva edad venerable, he decidido ahogar mis penas en un nuevo tipo de té :-)

Esto está empezando a tener trazas de tratado en té , si alguno de los lectores de este blog está haciendo sus primeros pinitos en el mundo del té verde, me gustaría recibir impresiones y comentarios. Un poco de interactividad, ma foi! Teófilos :-) del mundo, manifestaos.

Sé que en España (bueno, más bien en cierta área del País Vasco) el té verde no es muy accesible (solamente en bolsitas de calidad dudosa), pero con la cantidad de inmigrantes chinos que he visto llegar en los últimos años, estoy segura de que en la capital tiene que haber ya un par de tiendas o supermercados chinos, en los que podréis encontrar té bueno y barato. Mi suposición se basa en que, lo mismo que mucha gente no podría vivir sin tomarse su cafecito mañanero, muchos chinos no pueden sobrevivir sin su té. Así que estoy segura de que se las han arreglado para aprovisionarse. y los restaurantes chinos tienen que abastecerse en algún sitio. Si conocéis tiendas, escribidlo en los comentarios, puede que le sirva a alguien.

El té verde que probé ayer, el Shui Hsien, es otro té de la familia de los Oolong. Lo compré en mi último paseo por Chinatown, simplemente porque no conocía el nombre, y ha resultado ser otro semi-fermentado, uno de mis tipos de té preferidos, sin ni siquiera proponérmelo.

Sin embargo, después de probarlo tengo que reconocer que no es el que más me gusta. Al premier sorbo, se nota más ese sabor de fermentación, de humedad, un poco "vivo", algo entre las setas, la levadura y la tierra húmeda. Yo los llamo tés "con sabor a sótano", cuando hable de otro tipo, muy característico, los tés de Yunnan, en el que ese sabor es más pronunciado, os contaré por qué.

El Shui Hsien es más oscuro que otros Oolong, más ambarino, un poco más meloso. Como podéis ver en la foto, sus hojas están enrolladas de forma mucho menos apretada que en otros tés verdes.



No es un té que conquista desde la primera taza, es de ésos que ganan cuando se aprende a conocerlos.

domingo, 13 de abril de 2008

Bubble tea








Hace unos días, en una de mis exploraciones de "teófila", hice todo un descubrimiento.
Cual reportera dicharachera, decidí entrar en un salón de té que parece hacer furor entre los adolescentes del barrio chino.
Aparte de sentirme un poco vieja para estar allí (era la única que no llevaba pasadores de colores en el pelo y pulseras de plástico), me lancé a pedir un bubble tea, algo que hacía tiempo que tenía ganas de probar. Ahora ya se encuentra en los malls del centro de Montreal, pero tomarlo en un salón de té con pantallas de videojuegos en cada sofá y rodeada de adolescentes chinas con el flequillo teñido de verde me parecía mucho más apropiado.

El bubble tea en realidad no siempre contiene té (el mío sí). Aún así, su nombre es extrañamente representativo. Está preparado con algo que parece aproximarse al jugo de frutas natural (el mío era de mango), batido con leche (imagino que de soja, porque los asiáticos suelen ser intolerantes a la lactosa), y en el fondo hay unas bolas negras que parecen estar hechas de taro, un tubérculo similar en sabor a la batata, o de cassava (mandioca o yuca). Según la amable explicación del jovencísimo camarero.


Estas son las bubbles. Tienen una textura como la tapioca, es decir, gelatinosa. Son dulces. Al principio son una sorpresa, el té se sirve con una pajita enorme, por la que se absorben. Si no se ha prevenido al cliente, probablemente que el camarero va a tener que practicar la maniobra de Heimlich de vez en cuando.

Por cierto, que el nombre de este brebaje viene de boba tea, boba es la palabra en ciertos argots chinos para denominar un elemento (mejor dicho, un par de elementos) de la anatomía femenina. (Aquì, risita adolescente del susodicho camarero, acompañada de discretos ronquidos y resoplidos del grupito instalado en la mesa más cercana).

Este tipo de falta de imaginaciòn parece ser universal, hasta los chinos la padecen.

(Suspiro). Sì que debo de estar un poco mayor para beber esto.

miércoles, 9 de abril de 2008

Pasaje a la India

Hoy daban en la tele una de esas películas que me gustan, pero que no se ven a menudo por aquí : "Pasaje a la India" ("A passage to India"), dirigida por el maestro David Lean, que ha dirigido otras dos de mis películas preferidas : "Doctor Zhivago" y "La hija de Ryan".

Esta película está basada en la gran novela de E. M. Forster, autor de otros títulos en los que se han basado otras grandes películas que también se cuentan entre mis favoritas, como "Una habitación con vistas" ("A room with a view"), "Maurice" y "Howards End".


Mi anglofilia es proverbial, lo sé, pero os aseguro de que lo que admiro de esta historia no es el "gran" (ahem!) pasado colonial de Inglaterra , sino precisamente la crítica audaz a ese colonialismo, crítica que en la época de Forster no estaba precisamente bien vista; eso y su firme creencia en la abolición de toda discriminación y desigualdad social (Mr. Forster era un poquito queer, en el sentido más afectuoso de la palabra). Siempre me ha gustado ese punto tan british de mezclar la tradición y el decoro más respetables con un poquito de sano desenfreno.
Esta peli, con sus inglesas un poco frustradas que se pasean en elefante, me ha dado ganas de un té apropiado para el momento: un chai, o té masala chai. Este té es uno de los pocos tés que me gustan a pesar de estar aromatizado con "historias". El que he tomado hoy tiene cardamomo, clavo, canela, gengibre, anís estrellado y pimienta negra.


Si queréis preparar uno completamente casero, he aquí la receta. Su sabor especiado y un poco picante es estupendo para entrar en calor, sobre todo cuando uno lo bebe en una terraza aún sitiada por la nieve.

martes, 1 de abril de 2008

Una flor para María

Para celebrar la muy poco frecuente visita de María a mi cocina, preparé una tetera con la última flor de té que me quedaba. Y probamos los daifuku.



Las flores de té no se toman tanto por el sabor como por el aspecto. Son una maravilla en una tetera. Estas flores están formadas por un ramito de hojas de té, normalmente combinado con una o varias flores o plantas de color y sabor diferentes. Personalmente, prefiero el té verde "no nonsense", ("sin moviditas", diría alguien que conozco :-), sin sabor aromatizado o mezclado, pero ver cómo esta bolita seca se despliega al contacto del agua caliente, tomando este aspecto de anémona o de peonía, merece la pena.


Una flor para María. Una flor que se bebe.


viernes, 21 de marzo de 2008

Ti Kuan Yin

Cuando me apetece un té sin complicaciones, me lanzo a la familia de los Oolong, sin pensarlo. Este té, el Ti Kuan Yin (o Tie Guan Yin, se escribe también todo junto), forma parte de esa familia.
Durante largo tiempo lo había tomado por un té verde "ortodoxo", pero no. Parece ser que tengo una clara preferencia por esos tés en la zona gris y matizada de los semi-fermentados chinos.

A riesgo de aburrir a los que conocen un poco el té, me explico: en un principio, todos los tés son verdes, todos vienen de la misma planta (con diferentes variedades), la Camelia Sinensis. Los tés derivan en algo diferente según la manera en la que se trabajen las hojas.

La leyenda cuenta que al final del siglo XVII, un cargamento de té verde que venía de China llegó a Londres tras una travesía especialmente larga. Durante el viaje, las cajas de té habían enmohecido y el té había pasado del color verde al negro. Los ingleses, poco entendidos, lo probaron y lo adoptaron inmediatamente. Este fue el nacimiento de la "nice cup of tea" al estilo inglés.

Los tés negros, o fermentados, los que se consumen más en Europa, como los clásicos británicos, se obtienen en varias etapas:

- Marchitamiento (no me he inventado esta palabra, ¡lo juro!), en la que se deja que las hojas de té se marchiten al sol durante algunas horas y después se dejan enfriar a la sombra. La fermentación u oxidación comienza.

- Enrollado. La forma de enrollar las hojas influye en el sabor (cuanto más apretadas, más fuerte será el té). En el caso del té negro, el enrollado es diferente del té verde, no se trata de dar forma a la hoja, sino de romper sus células para facilitar las reacciones enzimáticas de la fermentación.

-Fermentación. Las hojas fermentan en una sala cálida y extremadamente húmeda, pero bien aireada, de una a tres horas.

-Torrefacción. Para detener la fermentación, hay que calentar el té a una temperatura elevada lo más rápidamente posible, durante un cuarto de hora, en unos inmensos secadores cilíndricos.
-Finalmente viene la selección. Una de las razones por las que no me gusta el té en bolsita, es porque está compuesto de los restos de la selección, de las "migas" que sobran al final de esta operación.

Los tés verdes se producen en solamente tres etapas :

- Torrefacción. Ya la he explicado, los tés japoneses utilizan un método al vapor.

- Enrollado, que en los tés de mayor calidad se hace a mano.
- Secado, con aire caliente.


Los tés semi-fermentados, como los de la familia Oolong, se elaboran en cuatro etapas, tres de las cuales funcionan exactamente como en los otros tés : marchitamiento, sudación - la etapa característica de este tipo de té-, torrefacción y enrollado.

-La sudación consiste en aplicar una presión sobre las hojas, que reposan en una cámara húmeda (un poco menos que la cámara de fermentación) y cálida. Esta presión permite que los aromas del té se realcen y que una ligera fermentación comience.


Estos tés son por consiguiente fermentados, pero ligeramente. De ahí el color verde más oscuro (comparad la foto con la del té genmaicha). Los chinos los llaman tés azul-verdosos. El contenido en teína es muy reducido, así que son ideales para tomar por la tarde o por la noche. También son digestivos, tienen la reputación de ayudar a digerir las grasas. Hace tiempo tuve una compañera de trabajo china que afirmaba que el secreto de los chinos para no engordar era la gran cantidad de té verde que consumían. Es una idea. Aunque probablemente si uno se atiborra a alubias con chorizo y costilla continuamente, lo del té no funcione demasiado bien.

El color de los tés Oolong es generalmente más ambarino y su sabor es más profundo que el de los tés verdes, más amaderado, menos amargo, menos vegetal. Es un sabor de equilibrio.

Ya que es difícil de alcanzar en todo lo demás, hay que probarlo al menos en el té.

sábado, 15 de marzo de 2008

Genmaicha

"There are some people out there who are not having nice cups of tea, they are only having cups of tea." (del blog "Nice-Cuppa-Tea")

Soy una gran bebedora de té. Y una gran lectora sobre lo que tiene que ver con el té. Del té negro inglés tradicional, en bolsita, pasé rápidamente al té verde, cuando vine a vivir a Montreal. Tras probar la primera taza de té verde en el pequeño Chinatown montrealés, descubrí todo un universo que no conocía -la "moda" del té verde no había comenzado aún cuando me fui de España-. Desde entonces, bebo mucho más té verde que negro, aunque de vez en cuando una buena taza de Earl Grey...

Durante una época en la que vivimos en la costa norte de Québec, me dediqué a leer todo lo que pude encontrar de lo que se había publicado en francés sobre el tema. Y cuando bajábamos a Montreal, me aprovisionaba para probarlo todo, de nuevo en el norte. Esta bebida, la más antigua y popular en todo el planeta, me parece fascinante.

Éste es uno de los tés que preferimos en casa , infusado en la tetera que más me gusta, de hierro fundido, típicamente japonesa, mi tetera matsuba. El té genmaicha (la sílaba final, cha, quiere decir té), con el sobrenombre simpático de té popcorn, es un té verde japonés clásico, mezclado con arroz tostado y eso que parecen palomitas es en realidad sorgo o cebada, aunque últimamente también suele ser maíz. Personalmente, prefiero los tés verdes chinos a los japoneses, un poco amargos y con un sabor demasiado "vegetal"para mi gusto. Aunque depende del momento. El momento siempre dicta el tipo de té. (Proverbio mío :-) Lo que me gusta del genmaicha es que el arroz tostado y el popcorn le dan una nota de dulzor que contrarresta el sabor amargo.


El té es una de esas cosas que se aprende a apreciar, para las que es necesario educar un poco el gusto. Sobre todo porque en países como España, no forma parte de nuestra cultura, que es "cafetera". Hay que probar mucho y de clases y calidades diferentes, para empezar a diferenciarlo. Lo primero, es aprender a prepararlo correctamente. No es esnobismo, preparar mal un té verde cambia completamente su sabor y lo convierte en una tortura amarga intragable. Olvidar las bolsitas cuando es posible -té en casa- también es importante. Con el tiempo, uno se da cuenta de que el té en bolsita sabe principalmente a la celulosa de la que está hecha la bolsita. Por supuesto, las bolsitas son un salvavidas para el "teófilo" al que le gusta tomarse un tecito en el trabajo... o de cámping :-)

En realidad, nada relacionado con esta bebida debería tener un relente esnob, yo la veo como la bebida más proletaria y popular que existe.

Y tomar una taza de té verde es lo único zen que he sido capaz de practicar con sincero entusiasmo. La meditación es más fácil cuando se practica con galletitas. And a nice cuppa.

martes, 26 de febrero de 2008

Abs of steel, buns of cinnamon

Nieva. Tengo catarro. Mi tesina está tan bloqueada como el tráfico en el puente Jacques Cartier, que une la isla de Montréal con las afueras. En fin.
Como mi congestión -intelectual y bronquial- me impide ir a correr hoy, me he decidido por hacer el no va más de la guarrería reconfortante norteamericana: cinnamon buns. Parece ser que el origen de este tipo de brioche es holandés, pero no estoy segura. Como dice Cathy: "Abs of steel, buns of cinnamon".


Antes y después de meter al horno. Tadaam!!!

Normalmente estos buns se toman con un "buen" café filtro, pero como no estoy para muchos trotes, he decidido probar mi obra con un té de lujo: Kousmichoff, el aristócrata de los tés rusos. El mío es el St. Petersbourg, en la caja está descrito como un "Mélange de thé de Chine aromatisé aux essences naturelles de fruits rouges, agrumes, caramel". Entre la nieve de hoy y el resfriado, me da pena no tener un samovar para infusármelo. Nada que ver con esos tés aromatizados que huelen a ambientador. Éste es un té sutil, elegante, decimonónico. Y acompaña bien el Tylenol antigripal. :-)