
Extracto de "Love walked in", de Marisa de los Santos (traducción propia)
"[...] I also thought, fleetingly, of Soren Kierkegaard [...] saying something like this: rational thought is as holey as a moth-eaten sweater; at some point, girl, you need to take a leap of faith. He's talking about religion, but I'd say the same is true for friendship, the two having never been that far apart in my mind."
Extracto de "Belong to me", de Marisa de los Santos
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En mi caso, la lista de cosas perfectas incluiría (además de "Historias de Filadelfia") cosas ligeramente diferentes, como:
- Las películas "El hombre tranquilo" (la mejor pelea en el mejor pueblo de locos de la historia del cine ), "La chica del adiós" (para todos aquellos que han tenido problemas con compañeros de piso compartido) ,"Doctor Zhivago" o "La hija de Ryan" (¡o las dos! por ser las mejores historias de amor de todos los tiempos), "El piano" (por la misma razón), "Annie Hall" (o cómo empiezan y se terminan algunas de esas historias) o "Matar a un ruiseñor" (tanto la novela, como la película, por mostrar lo mágica y terrible a un tiempo que es la infancia, y por el mejor personaje símbolo de la integridad que he visto nunca).
- El olor a pan horneándose en la cocina.
- Etta James cantando "At last" o Dinah Washington cantando "What a difference a day makes".
- La sonrisa de mi sobrina.
- Las nevadas de diciembre, con copos enormes y esponjosos, como inflados al helio, especialmente al anochecer, salir la primera a pisar la nieve en medio del silencio con el que cubre la ciudad.
- Las trufas rellenas de nata de la confitería Goya de Vitoria.
- Monsieur M. intentando bailar (escondamos todo objeto frágil), o echándose una de sus homéricas risotadas. Julieta siempre se asusta y se esconde bajo la cama.
- Mirar al mar desde el acantilado de Azkorri, o, en su defecto, mirarlo en un cuadro silencioso de Edward Hopper...
- La vinagreta al ajo y perejil de Jean-Pierre, el mejor amigo de monsieur M. Me gusta tanto que por mi último cumpleaños me regaló una botella llena.
- Apoyar la cabeza a medias sobre el lomo de Alfonso, que duerme en el respaldo del sofá, y cerrar los ojos escuchando su ronroneo, un libro en el regazo, una tetera en la mesa. Siesta segura.
- Y en lo de las peonías estoy perfectamente de acuerdo.
¿Y vuestra lista? ¿Qué pondríais en ella?
Este libro me ha sorprendido, porque raras veces he encontrado en una novela una protagonista que me parezca casi mi alter ego. Todos nos reconocemos en personajes de ficción, algunos más cercanos a nuestra persona que otros, pero es raro que un personaje tenga las características de un reflejo en un espejo, como es el caso de esta novela.
Pero quizá lo que más me ha gustado es que este libro tiene esas cualidades de las buenas películas clásicas de la época dorada de Hollywood (los 40 y 50), esas películas que idolatro, al igual que la protagonista: ingenio y humor -sin crudeza-, amor -sin empalago-, y unos diálogos como partidas de ping-pong, en los que las réplicas rebotan deliciosamente de un personaje a otro con facilidad y fluidez.
Y un tema secundario: la felicidad, que no consiste exactamente en obtener todos nuestros deseos y sueños, sino en saber exactamente qué deseamos, aunque no lo obtengamos, y en ser capaces de seguir soñando a pesar de todo.




