jueves, 19 de junio de 2008

Fresas de junio

Monsieur M., que viaja muy a menudo por todo Québec, de vuelta a casa ha parado hoy en uno de esos puestillos que ponen los cultivadores al borde de la carretera, delante de sus granjas, y me ha comprado algo estupendo: las primeras fresas de junio.
En Québec hay dos tipos de fresas en los mercados: las grandes, gordas como si estuvieran hinchadas con esteroides, fotogénicas fresas de California, que son todo apariencia y luego decepcionan cuando se les da el primer mordisco porque son secas e insípidas; y las fresas de Québec, pequeñas, modestas, una auténtica sorpresa para el paladar, no son muy dulces porque el poco tiempo en el que maduran no lo permite, son frescas, jugosas, pura primavera que explota en boca. Me recuerdan mucho a las fresas silvestres, si las habéis probado alguna vez estoy segura de que no habréis olvidado el sabor (ni el olor).
Imagino que las fresas de Salzburgo deben de parecerse un poco. También son fresas del norte.

Y con nata montada... no hace falta nada más para ser feliz.

8 comentarios:

ander dijo...

Qué maravilla de fresas y qué buena pinta. Me temo que las fresas en España se parecen más a las californianas.

Lía dijo...

oh! esas si que tienen pinta de ser fresas "de verdad" y no los fresones insípidos que se encuentran por aquí. Las fresas silvestres, como los arándanos, es de las cosas más ricas que he probado ;)

Marona dijo...

¡¡¡Siiiii!!! Sí que se parecen :) Deben ser primas lejanas ;)
¡Besos!

ata dijo...

Las he probado, y creo que son las mejores fresas que he comido.
Les ocurre algo increible hoy en día, !tienen sabor!

CRIS dijo...

Unas fresas y unas fotos estupendas.
Un saludo.

Arantza dijo...

Ander: nooo, no, las fresas españolas nooo... no me digas que ellas también han sucumbido a los esteroides...

Lía: efectivamente, son igual de ricas que las fresas silvestres.Los buenos perfumes vienen en frascos pequeños, ¿no?

Marona: alguna compensación tenía que tener esto de vivir inviernos duros. Voy a servirme otro tazón.

Ata: ¿te acuerdas de aquellas fresitas silvestres del Corral de los Bueyes, el sitio aquel donde íbamos de picnic cuando éramos críos? Pues el sabor me recuerda exactamente a eso.

Cris: gracias por el piropo, pero el mérito es de las fresas, que tienen un color naturalmente espectacular. Yo no he hecho más que ponerlas encima de un trapo.

Noema dijo...

En esta entrada te ha salido la "artista de formación", eso, o Martha Stewart te ha perdido ya, con esa presentación de las fresas con nata y el mantel a rayas a juego ¡me encantan las fotos! y las fresas me las imagino, como las locales que venden también ahora por aquí! Buen finde ;-D

Arantza dijo...

Noema: me has "pillao", pero ésa es la razón por la que me gusta la buena de Martha... por los grafismos y las fotos. Esto no es más que una pálida imitación, porque tampoco tengo todo el día para plantarles un foco delante a las fresas y probar mantelitos y vajilla diferente (aunque si pudiera ganarme la vida con ello, creo que hasta me lo pasaría bien haciéndolo, frivolona que soy). Bastante trastornada parezco ya sacando todo a la terraza (porque con luz natural la comida sale más apetitosa), y diciéndole al pobre monsieur M. antes de que hinque la cuchara en el plato: -"No! Espera! No te muevas!" Él dice que su colaboración a este blog es que lo come todo tibio, debido a la espera para que yo tome las fotos.