lunes, 30 de junio de 2008

Nos vamos de "chóping"

(Ciertas partes de esta historia son verídicas. ¿Cuáles? Vosotros decidís.) (Y está dedicada a Ana, como parte de su tratamiento ;-) Espero que le haga reír).

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Voy a hablaros de un teoría mía en lo que concierne a la moda : creo que la mayoría de la gente, tanto hombres como mujeres, se quedan atascados en un cierto estilo que adoptaron en una época de sus vidas, estilo que creyeron (en algunos casos justificadamente y en otros no) que les iba bien y en el que se quedaron congelados, en una fashion glaciación.

Esto le ocurre normalmente a la gente de mediana edad, aunque en los peores casos la congelación del estilo ocurre en la treintena. Sospecho que esto ya le ha ocurrido a monsieur M., cuyo estilo ha sufrido una calcificación progresiva, hasta fosilizarse en algún punto de los 80. Concretamente, en el punto de los vaqueros lavados a la piedra. Muy lavados.

Monsieur M. podría calificarse de hombre de mediana edad, aunque en su caso personal, me cuesta mucho aplicar el adjetivo "mediano" a nada que le concierna: físicamente es bastante colosal, con un torso -y un carácter, en ciertos momentos- que me recuerda mucho al de "Shrek", y su personalidad no podría ser tachada de nada inferior a "homérica". Mi marido es un mítico hombretón, un John Wayne quebequés, un increíble Hulk con mejor color y menos mal genio. Salvo cuando toca ir de compras. Algo que para él es el equivalente de una agradable sesión de tortura. Si se le da a elegir entre ir de tiendas o clavarle palillos encendidos entre las uñas, estoy casi segura de lo que eligiría...


Como hoy. Tras haber hecho unas cuantas piruetas, mi mejor demostración de danza del vientre, un par de pases de masaje tailandés y haber pedido porfavorporfavorporfavor a mi quebequés de marido que me acompañe al centro comercial, ha accedido graciosamente, con el cuello un tanto agarrotado por mis intentos de seductor masaje. Y la amenaza de volver a utilizar mi bata en polar a ositos durante tiempo indefinido. Y de volver a comprar calabacines (aún no se le ha olvidado el Infausto Incidente de los Calabacines). Lo de la bata se ve que no le ha gustado un pelo, pero cuando he mencionado los calabacines, el efecto ha sido instantáneo.

Así que hemos saltado en el coche, yo alegremente, hasta sentarme encima de una peladura de plátano que ha fermentado un par de días sobre el asiento del copiloto. Él se ha sentado en el del conductor, con un sonoro "crunch", tras el cual ha habido un breve momento de silencio. Nosotros somos así, intensos.

Mientras intentaba buscar algo donde meter la piel de plátano, le he dicho:

Yo: "-Mon choux à la crème chéri, vale lo de que utilices tu coche para producir compost orgánico, pero lo de que empiece a ponerse crujiente me inquieta un poco."

Monsieur M., con gesto de fastidio: -"Vaya, pues parece que al final yo también voy a necesitar ir de compras."

Yo (en pleno momento de éxtasis): -"¡¡¡Woooohoooouuu!!!!! ¡Has decidido tirar los calzoncillos patrióticos!"

(Monsieur M. y yo tenemos un delicado contencioso desde hace tiempo, acerca de unos calzoncillos -slips, para ser exactos, altos de cadera como los trajes de baño de los peores momentos de la princesa Estefanía de Mónaco- estampados con flores de lis -la bandera quebequesa-. Tras reírme abundantemente de semejante impulso nacionalista, se compró unos con hojas de arce -la bandera canadiense-, según él, "para equilibrar"; personalmente, sospecho que para fastidiar.)

Monsieur M.: -"No, acabo de sentarme encima de las gafas de leer". (Ya he dicho que mi hombre es madurito. Cuando elige su ropa interior, no. Pero cronológicamente, sí. Lo suficiente para la presbicia.)

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(Un cuarto de hora y varias vueltas al aparcamiento más tarde).

Yo (frotándome las manos ante la perspectiva de nueva montura de gafas sexy): -"Ya que tienes que encargar gafas nuevas, podrías cambiar de estilo, mon beignet d'amour. Porque hace lustros que llevabas las mismas. Una década, para ser exactos."

Monsieur M. (sin rastro de ironía y con sincera sorpresa en la voz): -"¿Y?... Eran cómodas."

Yo (pelín exasperada, lanzando golpe bajo): "...la bata de ositos también es muy cómoda."

Monsieur M., cabizbajo: -"Vale. Ayúdame a elegir."

Aquí es cuando empezamos a constatar nuestras diferencias lingüísticas y semióticas. Para mi legítimo consorte "ayúdame a elegir" quiere decir que yo permanezco discretamente a su lado, cual delicada flor de loto, dando mi asentimiento o disentimiento con discretos y elegantes movimientos de cabeza, mi grácil cuello cual tallo de bambú balanceado por el viento, mi comportamiento el de una geisha enamorada. Para mí, "ayudar a elegir" quiere decir reprimirme el ansia de hacerle a un lado de un empellón, agarrar una docena de monturas que me gustan, plantarle delante de un espejo y hacer que se las pruebe, repetidas veces. Tras lo cual las descartaría todas, eligiría otras, y vuelta a empezar. Durante el tiempo que dure este proceso, él debería mantener la compostura, sonrisa y silencio plastificado de un muñeco "Ken", dentro de lo posible.


Podéis imaginaros que con semejantes discrepancias semánticas, los dos juntos de tiendas es como King Kong contra Godzilla. Es mejor no acercarse a nosotros. Porque nos falta una miaja para ponernos a destruir Tokyo.
Lo de las gafas me ha presionado mucho, porque es como la ropa pero peor, nadie se pone lo mismo durante diez años, (... un momento ...ahora que lo pienso, monsieur M. sí), pero las gafas cuestan una pasta y se llevan durante muucho tiempo. Una buena elección es crucial.


Tras intentar atraer a monsieur M. hacia el siglo XXI, con el resto de nosotros, y de convencerle vigorosamente de que no elija una montura igualita a la del tío Junior de "The Sopranos" -qué gran serie- (he terminado diciéndole que eran unas gafas "antisexo", y parece haber pillado la idea, porque las ha depositado rápidamente en su soporte); tras numerosos forcejeos y tras contradecir a la chica que trabajaba en la óptica y que, maldita sea, no me estaba siendo de gran ayuda, he conseguido que elija una montura bastante coquetona. Cuando salíamos de la óptica, una hora más tarde, me ha dicho, orgulloso:

-"¿Ves? Soy perfectamente capaz de elegir solo. Tengo buen gusto, después de todo."

Criatura. Él todavía cree que los pijamas de poliéster que llevan los personajes de "Star Trek" son el no va más de la modernidad.

Y tirándome del brazo, me ha arrastrado a "Réno Dépôt".

11 comentarios:

Bea dijo...

Jajajajajajaj!!!!!!... yo conozco un par de casos de esos!!!!!! los de la glaciación fashion!!!!!!!! Muy bueno!. Besos. Bea

CRIS dijo...

Buenísimo lo de tu relato,he reído mucho y es verdad,que existe lo de la glaciación fashion, lo que no sé es porque siempre se da en la Era de los 80's. Los anglosajones tienen pésimo gusto a la hora de escoger gafas, siempre se decantan hacia el modelo Ayatolah, lo del diseño en gafas es algo más italiano-franchute.
Un saludo

Pedro dijo...

¡Estoy completamente identificado con tu marido!
Eres una chantajista que abusas cruelmente de ese santo varón, que lo único que tiene son unos gustos muy personales y definidos.
¡Pero no me sorprende, a mí mi mujer me hace lo mismo!¡Hasta la he acompañado a comprarse zapatos...(una vez)...!
En fín, un abrazo solidario para ese quebequés maltratado y para tí mi más severa reprimenda.
Besotes.

Diane dijo...

Jajajajaja!!! Tu eres tan comica!! Glaciacion fashion! Es la verdad!! La gente (y yo tambien) se identificaron (??) a la "fashion" de su joven tiempo...

Y yo reir (past) mucho cuando leer (past) a tu comparacion de M. M y de Shrek!!! Yo comprendo, pero si tu crees que "M. M" es como Shrek, es porque tu no conoces mis "boss"!! Ello realmente hay la cara de Shrek y es mucho mas "corpulent" que tu esposo... ;-)Si, si!!

Soy de acuerdo con Pedro... "Pauvre, pauvre" M. M!! ;-)

Besos

Diane

Arantza dijo...

Bea: TODOS conocemos casos de fosilización estilística. Estoy leyendo tu viaje a Nueva York, muy bonitas, las fotos, y la visita, muy bien contada.

Cris: Je, y si la glaciación es en los 80, ni tan mal, porque no sé por las Iberias, pero aquí han vuelto en todo su esplendor: vaqueros pitillo elásticos que no quedan bien si se es una mujer normal y una COME,aretes de plástico enormes en las orejas, leggins por debajo de las minifaldas. Yo ya llevé todo eso la primera vez, no me pillarán una segunda. Ni muerrrta.
Me he reído mucho con lo de las gafas Ayatolah, es verdad, aquí los abuelos también las llevan. Y calcetines blancos hasta la rodilla con pantalones cortos.

Pedro: ,monsieur M. se ha emocionado de ver que hay un poco de solidaridad masculina en este mundo. Y de que al fin alguien reconoce que él, en el fondo, es un marido maltratado. Justamente, me voy a prepararle un gazpachito, que hoy hace calor y hay que seguir maltratándole.

Diane: a ver, puntualicemos: no comparo a monsieur M. con Shrek por lo GORDO, porque él no está gordo, sino por lo FUERTE, en eso estarás de acuerdo conmigo, que si una necesita cambiar un frigorífico de sitio, monsieur M. es como la primera persona que te viene a la mente :-)Yo a veces le pido que mueva los muebles por casa porque me gusta verlo mientras lo hace... grrr. :-D

JB dijo...

holaaa

por "dior", que harton de reir, que sepas que me he identificado plenamente con monsieur m.

con mi sra. esposa, una autentica santa a la que admiro de todo corazon, hemos pactado 2 dias de choping anuales, el resto del año, cada uno a la suya, despues de una tarde entera en un centro comercial desperdiciada en la compra de unos miseros calzoncillos, que encima de modernos, en el peor sentido de la palabra, aprietan lo que no deberian apretar.

despues de tan infausta experiencia, de la que deberia hacer algun articulo un dia de estos, me escape en la pausa del almuerzo y compre dos docenas de calzoncillos "normales", blancos, negros y grises en unos 25 minutos, contando el tiempo de aparcar.

long life to glaciacion fashion!!!

:-))))))))))

v'sss

pd
perdon por el ladrillo de comentario ;-)

Arantza dijo...

JB: nada de ladrillo, sino comentario entusiasta, hombre. Tanto, que monsieur M. empieza a pensar en fundar una asociación de defensa del hombre alérgico al "chóping", asociación cuyas cuotas servirían para montar un sistema en el que los socios envían sus tallas de ropa y calzado, y reciben dos envíos al año con las prendas de vestir necesarias para sobrevivir. Se terminó el ir de tiendas.

Noema dijo...

Buenísimo Arantza, quiero maáááááásssss!!!!!
Me he venido a leerlo hoy otra vez que estoy con más calma, la lectura la merecía. ¿Has visto "My Big Fat Greek Wedding"? Hay un momento sublime cuando la madre y la tía convencen al "cabeza de familia" de que deje trabajar a su hija: lo importante es que él piense que ha sido su decisión. El arte de la persuasión elevado al máximo. Pero veo que Monsieur M. también sabe vengarse arrastrándote a Reno Depot, jajaja. Un abrazo :-D

Arantza dijo...

Noema, hija: que se me había pasado por completo responderte, qué poca educación tengo (tranquila, ama, no es culpa tuya). Gracias por leerme con más detenimiento que lo que este post se merece (sobre todo porque, si os ponéis todos a leerme detenidamente, la sarta de tonterías que os cuento no se tendrá en pie... ;-). Lo peor de cuando vi "My big fat greek wedding" es que tanto monsieur M. como yo coincidimos en que la familia griega se parecía sospechosamente a la mía. Por lo de la hospitalidad mediterránea agresiva, sobre la que tengo previsto un post.
Besazos sonoros en los dos carrillos (de esos de tía española).

Ana dijo...

Gracias Arantza por dedicarme esta divertida historia que me la juego es más que real. No me identifico contigo porque no es mi caso pero lo he pasado bomba leyéndote. A mi marido y a mí nos encanta ir de compras, a él menos que a mí porque es más conformado y prudente pero la verdad es que no tengo queja, me hace de taxi continuamente y yo voy haciendo todos los recados, en ese banal aspecto no tengo queja.
Pero hija pareces bruja porque vengo de hacerme unas gafas, justo porque el otro día visité al oftalmólogo y ya con 45 las necesito para leer, primeros síntomas de presbicia. Me he llevado al arqueólogo detrás, que tiene muy buen gusto y cuando llego y leo tu post, qué coincidencia!!!!.
Ahora que, cuando me he visto al abuelo de Los Soprano me he descojonado, me parecen divertidísimos.
Eres una crack escribiendo, no sabes cómo disfruto.
Un abrazo.
Ana

Arantza dijo...

Ana: nada, nada, las gafas de leer dan el toque interesante... y los 45 es todavía muy jovencita, así que no te quejes. Suerte que tu socio no objeta a lo de ir de compras, debería entrenarle un poco al mío, que no se compra ropa hasta que no se ve la etiqueta de la ropa interior a través de los pantalones.