martes, 1 de julio de 2008

Oh, Canada!

(Parte de esta historia y de sus personajes existen solamente en mi imaginación. Parte de ellos, sin embargo, son reales. Si alguna persona se reconociera en ellos, o reconociera sus palabras o acciones, debería pensárselo mejor antes de continuar tratando conmigo, porque probablemente todo lo dicho en mi presencia será utilizado con fines viles y deshonestos).
Hoy es la fiesta nacional de Canadá, así que aprovecho y os planto esta patriótica entrada. Si no os parece tan patriótica deberíais leer otra cosa, porque esto es lo mejor que puedo hacer en la materia. No soy la única que no está a la altura de la celebración, los quebequeses, irreductibles nacionalistas, tras celebrar SU fiesta nacional el 24 de junio, san Juan, este día lo dedican a su deporte incomprensiblemente preferido: mudarse. Esta locura merece una atención particular, así que esta otra historia la contaré en otra ocasión.

Cuando afirmo en mi perfil que mi no nacionalismo es incurable, lo digo en serio. El gen ese que hace que a una se le humedezcan los ojillos al oír música folclórica, (en mi caso, más bien folklórika), se trague todos los partidos de su equipo o insista delante de quien quiera oírla que "el/la ____ de mi tierra era mejor", debía de ser recesivo en mi caso. Eso o a fuerza de vivir en varios irreductibles pueblos galos diferentes, he terminado por inmunizarme al tema, me explico: soy vasca , viví en Escocia durante cierto tiempo, y heme aquí, en Quebec. Sólo me falta Córcega y escribo un ensayo, lo juro.

Esta explicación preliminar es para que comprendáis mejor el relato que sigue.

(Imagen de Powerstock, MQ Publications)

Mi amiga Eddy me llama por teléfono para quedar, porque viene a cenar a casa. La idea era ponernos a hacer sushi caseros, aprovechando un flamante kit que recibió por su cumpleaños. Como es la cena, las dos tenemos nuestra jornada laboral entre pecho y espalda, ninguna de las dos tiene ni repajolera idea de cómo hacer sushi y que me veo limpiando pegotitos de arroz del suelo de mi prístina cocina a las doce de la noche, sin haber cenado gran cosa, le propongo pasar de la parte pedagógica del encuentro y encargar por teléfono el sushi ya hecho, y si ella insiste en lo pedagógico, siempre podemos deconstruir los rollitos maki para analizar su estructura. Mientras zampamos. Eddy se deja corromper fácilmente, acepta la moción y me dice antes de colgar que tiene ALGO que anunciarme.

ALGO que anunciarme. Oh, my God. OH. MY. GOD.

Inmediatamente me pongo a elucubrar. A la fuerza tiene que ser algo importante. Que Eddy saque tiempo para venir a verme y que tenga algo que anunciar, sólo puede querir decir una cosa. Bueno, quizá varias cosas:

a. Se casa. Hace poco ya anunció que estaba pensando en irse a vivir con su amorcito, pero Eddy es de las que se casan. Va a venir y ponerme un anillo delante de las narices, y yo voy a tener que hacer como si lo de prometerse y casarse fuera la experiencia última y maravillosa en la vida de cualquier mujer, para no aguarle la fiesta, y alegrarme por ella, que al fin y al cabo es a la que todo eso le parece importante. Mierda, me espera una tarde años cincuenta, y yo que no bebo alcohol. Empiezo a considerar el preparar unos mojitos. Y una despedida de soltera. ¿Tendré que comprar esas antenas que las mujeres se ponían en España cuando salían de bares, con penes o muñequitos de hombres desnudos?
b. Se ha quedado embarazada. Siempre les pasa a las buenas chicas creyentes, como ella. Basta que accedan al sexo prematrimonial, como para que venga Dios y las fulmine con una fertilidad exacerbada, el muy puñetero. A gente como yo eso no les pasa, de hecho es más bien lo contrario. Empiezo a preparar una lista mental para la baby shower.

c. (Menos probable). Eddy ha descubierto súbitamente que ella siempre ha sido un hombre encerrado en un cuerpo de mujer, ha dejado a Y., ha parado de depilarse, ha empezado a chutarse testosterona y ha decidido hacerse un implante de pene. Y viene a verme para que firme como persona allegada en los papeles del hospital. Empiezo a prepararme para acompañarla de tiendas a la sección masculina de Gap.

d. (Sumamente improbable). Viene a confesarme entre sollozos que hace ya mucho tiempo que está enamorada de monsieur M., que está cansada de fingir y de negar la realidad, y que en un momento de arrebato intentó provocarlo para que me fuera infiel. Me confiesa todo esto porque no puede mirarme a la cara tras tantas mentiras y necesita aligerar su carga.

Me preparo mentalmente para obtener un permiso de armas, comprar una escopeta para osos, tomar clases de tiro y acribillarla a balazos. Tras considerar brevemente esa posibilidad, un tanto complicada, y como quiera que yo estoy contra el uso de armas de fuego, decido ser razonable y buscar una de las catanas de colección de mi señor marido, comenzar por cortarle a él lo necesario para que pueda cantar como soprano en una coral, y presentarme luego en el apartamento de ella.


Finalmente Eddy viene a cenar, y entre rollito de California y rollito maki, y como empiezo a aplacarme un poco porque ahora recuerdo que a ella no le gustan los sushi con pescado crudo, ni los que tienen pescado ahumado o marinado, ni los que contienen nabo japonés en vinagreta, vamos, que no le gustan mucho los sushi y que estoy deglutiendo su parte, con la tripa bien llena y el ánimo tranquilo le pido que me cuente esa supernoticia.

Eddy (con gran alborozo): -"Ya he cumplido el plazo necesario de estancia en Canadá para optar a la ciudadanía. ¡Voy a pasar el examen de nacionalidad dentro de una semana!"

Yo (con arroz pegado a la mejilla y un cierto alivio de que la noticia no implique bodas, despedidas de soltera, bebés, implantes de pene o asesinato pasional consecuencia de infidelidad conyugal, todas ellas cosas que me ponen sumamente incómoda, pero con un poco de decepción al mismo tiempo): -"Ah. Qué bien."

Eddy (picada): -"¿Ah, qué bien? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Tu entusiasmo es abrumador. Si te hubiera anunciado que tengo un tumor cerebral, espero que la reacción habría sido más intensa."

Yo (intentando masticar un trozo de alga nori y dar una imagen creíble al mismo tiempo) : -"Bueno, Ed, chica, que me alegro mucho por tí, felicidades y todo eso."

Eddy (poniéndose sarcástica): -"Sobre todo, no dejes que la emoción te ahogue." Mirando mi plato: -"Ni el sushi, ya que estamos."

Yo: -"¿Y qué más quieres que te diga? Ya sé que es importante, que tendrás derecho a voto, que serás una ciudadana en pie de igualdad con los demás, que pagarás más barata la universidad (yupi) y todo eso, pero hija, la simbólica de la cosa, como tal, pfff... qué quieres que te diga.

Yo de mi ceremonia de ciudadanía recuerdo que tuve una de las peores reglas de la historia, que canté el "Oh, Canadá" con un dolor en el bajo vientre como si me hubieran pateado los ovarios un escuadrón de la policía montada -ellos, y sus caballos-, que mientras el juez me estrechaba la mano, me felicitaba por pertenecer a esta increíble y gran nación y me daba el certificado de nacionalidad y un pin de la bandera, yo pensaba que tenía una pinta increíble de juez borrachuzo irlandés de película de John Ford, y que cuando tuve que jurar fidelidad a la reina con otros cien emigrantes, la mitad de ellos con turbante, monsieur M. mascullaba barbaridades antimonárquicas a mi lado, mientras el ujier nos vigilaba, con ojos llenos de sospecha. Sí que me alegré de obtener la nacionalidad, por lo del fin del proceso de integración y del maldito papeleo, pero lo celebré corriendo a casa, saltando al sofá y tragándome dos Tylenoles menstruales."

Eddy (me mira como si fuera a decir algo, duda, cambia de idea y pregunta, con un suspiro de cansancio): -"¿No tendrás un poco de pan por ahí, no? Voy a hacerme una tostada."

13 comentarios:

Marona dijo...

:D:D:D Yo es que me parto contigo, :D:D
Por cierto, que lo de la "baby shower" parece ser que sólo se lleva en América. Un compañero británico preguntaba el otro día si eso era una ducha pequeñita o qué... :D:D:D

Arantza dijo...

Ducha pequeña... ji, ji, ji. Me recuerda una vez que tuve que explicar a un alumno de cinco años lo que es un bidé,porque una foto de un cuarto de baño del libro de español mostraba uno, (aquí no existen)... qué mal rato, encima que por principios (que alguno me queda) yo no miento nunca a los niños...
Pues como el tío Sam está tan cerca, aquí todas esas costumbres también existen. Aunque me hace gracia cómo los francófonos se las apropian y las adaptan, para darles su toque personal.

CRIS dijo...

Bueno, supongo que estarás planteándote el escribir relatos o novelas en serio?,a ya, que no se te había pasado por la cabeza...pués yo digo que tienes futuro chica, ni lo dudes un momento.Me encantan tus relatos y sobretodo, tu humor.
Un saludo.

Noema dijo...

Hay que ver Arantza ¡cómo eres! Y ya que lo pones a güevo, te diré que me identifico con tu mismo nivel de patriotismo. Ahora puedes utilizarlo con fines deshonestos si quieres. Pero vayamos a otros temas, me ha dejado alucinada lo del moving day, a ver, a ver, vete pensando qué nos cuentas para la ocasión. Lo de la baby shower yo lo aprendí viendo Sex & The City, el capítulo con el que también me identifiqué bastante, por cierto, ya que estamos con eso de reconocerse.

Sara dijo...

Ole, ole, ole, cómo me he divertido.

Felicita a tu amiga Eddy.

Y la proxima vez simula un poco más de alegría. Venga, házlo por ella.

Y en el proximo post, por diós, mándanos una crónica completa de esta jincama que te hicieron para ser una Canadiense de pro!

Abrazos.

Maria Fernanda dijo...

Jejeje... pobre Eddy... creo que eso del nacionalismo significa diferentes cosas para cada persona. Para algunos festejar una fiesta nacional es símbolo de libertad y no lo digo "libertad" a la gringa sino libertad de la verdadera. Creo que hay razones legítimas para estar feliz de pertener a un pueblo,una nación... Yo también soy alérgica al macionalismo, pero curioso, sólo al ajeno, cuando hay que festejar mi tierra hasta saco el tequila! (no, no llego a ponerme el sombrerote y a pintarme la banderita en la mejilla). Como todo, todo depende del cristal con que se mira... Por lo pronto me quedo en casa huyendo de los fervientes agitadores de banderitas blanquirojas y aprovecho el día libre para hacer unas cuantas correcciones a la m*

Arantza dijo...

Cris: gracias, la verdad es que creo que el mundo editorial podría sobrevivir sin mí y no creo que mis cosillas merezcan que se talen árboles para imprimirlas, ya me gustaría a mí... pero como me encanta escribir, es un piropazo lo que me dices.

Noema: ¿tú también llevas vodka a las baby shower? ;-) (Yo también comprendí la actitud de las chicas en ese capítulo... es la "urticaria de las afueras").
Me hubiera gustado salir a tomar fotos de estos simpáticos chiflados subiendo y bajando lavadoras y frigoríficos por las empinadas escaleras montrealesas, pero hoy tocaba limpieza anual (no, no limpio SOLO una vez al año, pero hay que decir que no me acuerdo a menudo de cosas como las cortinas y las fundas de los cojines), Monsieur M. todavía anda frotando cristales como un poseso. Si es que llevamos una vida de un excitante...

Sara: si es que yo tengo muchos problemas para simular, desde la alegría a que alguien me caiga bien, pasando por un orgasmo. En cuanto a mi novela "De cómo llegué a ser "canadian", ando pensando el primer capítulo. Próximo best-seller del New York Times garantizado. Tiembla, Anna Gavalda.

María Fernanda: has definido el problema que me crean los nacionalismos perfectamente: a todo el mundo le gusta SU sentimiento nacionalista de SU nación, y le fastidia el de otros de otras naciones. Los nacionalismos son excluyentes por naturaleza, y llevan implícitas cosas que me dan mucho repelús, a saber: nacido en el país o "de fuera" (pure laine ou inmigré), la "raza", la religión...
Sigo adorando la frase (¿era de Unamuno?) que dice que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando. No he viajado tanto como me gustaría, pero cuantos más sitios he visitado, menos nacionalista me he sentido (o al revés: me siento nacionalista... de varios países :-) A tí que te gustan las paradojas, te dejo con esa.

Edith dijo...

Gracias Aran, me divertì mucho leyendo la crônica (?, relato??). Por cierto, se la di a leer a Y., le gustò, sobre todo la parte de las posibles noticias. Cuando te vaya a anunciar cualquiera de las otras opciones (bueno, menos la c o d), sabré qué esperar de tu parte, jiji.
Ya luego te diré si pude o no cantar "Ô Canada".
Qué bueno que en la vida real nadie me llama Eddy!!! jaja ;-)

Paco Bernal dijo...

Hola! Esta entrada, junto con la de les lunettes de Monsieur M. han estado a punto de provocarme una herida irreparable. No podía reirme mientras la estaba leyendo y me he tenido que morder hasta casi hacerme sangre.
Qué chispa tienes! jajaja.
Saludetes aus Wien

Arantza dijo...

Edith: más relato que crónica, aunque "basado en hechos reales" ;-) (ahora ya sabes toda la ficción que puede encerrar esa frase ;-). Y mujer, yo que me esfuerzo en buscarte un púdico pseudónimo para respetar tu identidad, pero lo suficientemente parecido a tu nombre para que te reconozcas, y vas tú y te cargas el anonimato... si recibes mensajes de fans enloquecidos, la culpa no es mía...

Don Paco: encantada de que hayas tenido que morderte el carrillo por mi culpa (leyendo en el curro, ¿eh, sr. Bernal?). Normalmente le provoco la misma reacción a mi legítimo consorte, pero él se lo muerde de paciencia. Un saludo y ve por la sombra.

Blanca dijo...

He tenido que reirme "bajito", estoy en el trabajo y soy escandalosa riéndome, pero me lo he pasado de miedo leyéndote. Creo que yo tampoco me hubiera emocionada mucho por esa noticia, no me siento patriota de ningún sitio... qué le vamos a hacer.

Vega dijo...

Ayss, qué gonito eg ser egpañiol y cantar el chundaa-chundaaa-tachunda-chunda-chunda (es decir, el himno patrio)sólo cuando gana la selección. Yo soy patriota, pero horteradas, las mínimas.

Arantza dijo...

Blanca: si es que os van a echar del curro a todos. Menos mal que no me dan las neuronas para ser graciosa todos los días, (de hecho, hay veces que no tengo ninguna gracia, especialmente a las siete(AM) sin un café en el cuerpo...) no quisiera ser responsable del despido de nadie... bienvenida a la cocina, espero que pases de nuevo por aquí.

Vega: al fin, una patriota. No como la desalmada que escribe este blog y la panda de sinvergüenzas que lo leen. Me temo que lo de la horterada era obligatorio en la ceremonia de ciudadanía. Pero tampoco tuve mucha dificultad con lo de ser hortera durante el tiempo que duró, a fin de cuentas lo fui durante la mayor parte de mi adolescencia (tenías que haber visto mi permanente ochentas...).