martes, 24 de junio de 2008

Vamos de paseo... en un auto nuevo (o casi)

Últimamente he iniciado a monsieur M. a un concepto que en Quebec es desconocido: el puente. El 24 es la St. Jean, la fiesta nacional de Quebec, mi quebequés de marido ha decidido tomarse el lunes libre y este sábado pasado nos fuimos de excursión, con el ánimo ligero, producto de saber que teníamos cuatro días por delante y que si los pasábamos en casa claveteando maderos yo pido el divorcio pero ya.

El auto no era nuevo, como en la canción, pero casi. Aún huele a nuevo, situación a la que rápidamente pondrá remedio monsieur M., que es el que lo conduce habitualmente (yo odio conducir, y soy una gran usuaria del transporte público) cuando se le olvide, como de costumbre, una manzana, que rodará debajo de un asiento y se pudrirá ahí, silenciosamente, durante un par de meses hasta que en un inusual ataque de limpieza alguien acabe metiendo el dedo dentro (gran sensación, no os la recomiendo). Tampoco es que yo mantenga mi vetusto coche (que uso raramente) mucho más limpio que mi legítimo consorte, pero al menos yo mantengo el límite en "desechos orgánicos no". Yo el compost prefiero hacerlo en el jardín, no en un vehículo utilitario.

Como soy una chica de costumbres, y de nuevo nos levantamos a una hora infame, la paradita en el Tim Hortons era obligatoria. Por lo de la dosis de café intravenosa.

Ya que estoy muy integrada, y las cartucheras no perdonan la fritura (los doughnuts, en este caso), me animé con otro desayuno típico: tostada de mantequilla de cacahuete y mermelada. Si me lo hubieran dicho hace nueve años, no me lo creo: yo que me levanto con la boca seca cual suela de alpargata, y que necesito tres vasos de agua antes de poder considerar la idea de comer algo, ahí ando, masticando una tostada de mantequilla de cacahuete, probablemente la combinación más pastosa del mundo. No probé a decir "Pamplona", ni "psicopedagogía", por si acaso me ahogaba. Pero con abundante café y muchas palmaditas en la espalda, todo acaba por pasar.

Nuestra primera intención era pasar a Vermont, pero nos dio miedo la cola en la aduana, porque aquí las fronteras existen, y vaya si existen... la más mínima broma al aduanero US, y se ponen los guantes de látex en un tristrás, qué gente, no tienen sentido del humor... monsieur M. ya ha pensado en amordazarme antes de pasar; en fin de semana festivo siempre hay mucha más gente que pasa a los Estados Unidos, así que nos quedamos en los Cantones del Este, al sur de Quebec, cerquita de la frontera pero sin atravesarla. Bordeamos el lac d'Argent (lago de plata). Ésta es tierra de lagos.

Me encantan los graneros de por aquí. Siempre les saco fotos.
El cielo tenía unas nubes de esas de verano, llenas, barrigonas, perezosas y blanditas... (mi cámara tiene una mancha distintiva especial, sospecho que producto de haberla expuesto al vapor de mis cacerolas...)


Paramos en el parque del monte Orford, para darnos una caminata, de la que ya os mostraré fotos. Está situado a orillas del lago Memphremagog, en la foto. Ese nombre tan raro es amerindio.

Cuando se han andado unas cuantas horas, una siente que se ha ganado un muy merecido helado en Magog, el pueblo más cercano. Modismo local divertido: aquí las heladerías se llaman "bar laitier" (literalmente, "bar lechero o lácteo").

En una parada para comprar algo para beber, descubrí un refresco mexicano, de la marca "Jarritos". Sabor de pomelo. La botella era enorme y me gustó.

Entrada a la isla de Montreal por el puente Champlain...

...y vista de la ciudad con fondo de "Rhapsody in blue", de Gershwin. Siempre pongo ese disco cuando entramos en la ciudad. Os dejo con esta vista: Montreal en esa brumilla característica suya de calor y humedad (smog para los menos románticos), y Gershwin en una tarde de verano.

10 comentarios:

Noema dijo...

¡Cómo me ha gustado la excursión! Las fotos, el bar lechero, el skyline de Montreal y la forma de aparcar que tienen en ¡la plaza para minusválidos del Tim Hortons! Ése, o eras tú o es otro de Bilbao ¿no?
GGrrruhhh, como ves lo mío ya es contaminación alemana total, me saltan a la vista "las normas prohibidas" (un día escribiré sobre ello). Un abrazo ;-D

Marona dijo...

En Italia también vimos un "bar lechero" pero desde la carretera y no pude descubrir de qué se trataba (snif).
Una excursión muy chula, sí señora. Por cierto, la tostada de mantequilla de cacahuete es una de mis prefes para desayunar, y yo le añado plátano, nas, es que no es suficientemente pastosa y necesita algo extra de pastosidad ;). Con fresas la cosa mejora :D
Besos.

Bea dijo...

Hola!!! Me parece una estupenda idea que inicies a tu marido en esa sabia costumbre/ deporte nacional... el puente!!!.....

Por las fotos veo que ahí también hay gente que se coge los aparcamientos para minusválidos,..... pero de dos en dos..... a lo bestia, jajaja.... me ha encantado tu excursión... que envidia porder ver algo de verde ( por aquí apenas hay).... espero que hayas disfrutado de tu paseo. Besos. Bea

Arantza dijo...

Noema y Bea: si es que sois de un observador... yo ni me había dado cuenta de la "infracción"... no, no somos nosotros, no están los precios de la gasolina y el medio ambiente como para comprarse una camioneta "pickup". No es en absoluto una justificación, pero tengo que decir que aquí el sitio para aparcar (y el sitio, en general), no escasea. Sobre todo cuando se compara con España. Canada is big, really big.

Marona: la expresión "bar laitier" me hace mucha gracia. Yo que en la veintena salía de bares porque era la única manera de ver a los amigos (porque no bebía, alternativa que es una :-), aquí me encanta ir de bares... lecheros.
En cuanto a tu tostada antibalas, es la preferida de monsieur M., pero él le añade... miel. Yo si como eso por la mañana, necesitaría acompañarlo de un vasito de desatascador, para poder ser capaz de hablar de nuevo.

CRIS dijo...

"Pick up y bar lechero", una gran combinación para una excursión estupenda.
Un saludo

Sara dijo...

Que excursión tan bonita!!! Los paisajes fenomenales, las fotos también, pero.... por favor, dime que la ranchera que hay aparcada sobre DOS plazas de minusválidos, no es vuestro nuevo coche...

Abrazos,

Sara dijo...

Ui, acabo de ver que ya has contestado a la pregunta... me quitas un peso de encima, la verdad.

ander dijo...

Esto de los bares lecheros me hace pensar en las granjas de Barcelona, aunque no creo que sean lo mismo que los de Québec. Antaño eran establecimientos en los que se vendía la leche de granjas de tierra adentro o bien de granjas de la propia ciudad, además de otros productos lácteos. En algunos se podía ir a merendar, tomarse un chocolate con churros, un plato de nata, un buen mató o un vaso de leche mallorquina, entre otros derivados lácteos. Hoy en día ejercen sólo esta última función.

Anónimo dijo...

Aran descubre los Jarritos en los Cantones!!! Vive le Québec!!! Por qué no vienen a visitarnos en una de sus paseaditas? Pronto habrá otro puente...

P.D. Tengo muchas cosas que contarte ;)

MF

Arantza dijo...

Cris y Sara: gracias por pasaros de nuevo por aquí. Prometo que cuando haga otra excursión os la contaré.

Ander: mi hermano vivió durante unos años en Barcelona, y cada vez que le hacía una visita caía una horchata en la granja, fijo. O un chocolate si era invierno. Me encantaban las viejas granjas a las que la gente iba con la "lechera", para que se la llenaran de horchata.

María: el problema es que Quebec está bastante lejos de Montreal como para ir sólo por un día... y ya sabes como ando de tiempo este verano. Pero pasaré por allí. Paciencia. Entretanto, agradezco mucho lo de mantener el contacto a través del blog. Por cierto, cuando vaya a verte, siempre puedo llevarte unos "Jarritos" ;-)