Imagen de Ed Polish & Darren Wotz
Hace ya mucho que no os he deleitado con una crónica familiar. Tras una conversación (si puede ser calificada como tal) telefónica con mi hermano, he sentido la urgencia de contaros algo sobre él y su petite famille. Los lectores habituales de este blog conocen sin duda las andanzas de monsieur M. y señora (servidora), mi Santa Madre y nuestra curiosa relación telefónica, pero no creo que hayan oído hablar mucho de mi Estoico Hermano y su progenie. Pues sí, efectivamente, esta esplendorosa combinación genética que constituye mi humilde persona no podía ser creada así, de sopetón, improvisando. Requirió un primer esbozo que es mi hermano mayor, (y el único que tengo). Mi Estoico Hermano, que merece el calificativo por lo impasible de su gesto (su única expresión facial conocida consiste en levantar hábilmente una ceja, expresión que puede denotar, indistintamente: enfado, impaciencia, alegría, amor desmedido, irritación o derrisión) y lo legendariamente cínico de su humor.
Efectivamente, lectores, ahora lo sabéis todo, Estoico Hermano es mucho más gracioso que yo.
Otras características fraternales son: una flacura de corredor de maratón etíope, por la cual sospecho que se aficionó a correr. Estoico Hermano pasea su enjuta silueta cual grácil gacela cuarentona (porque es cuarentón) por su ciudad de residencia, ciudad reputada justamente por sus corredores ilustres . Unas sienes plateadas, que en él son distinguidas y demás, pero que estoy heredando yo exactamente en el mismo sitio de mi radiante cabellera, la verdad es que en una mujer el estilo Richard Gere no favorece mucho. Una paciencia de santo (que no forma parte de mi patrimonio genético) muy apropiada para su rol de padre de dos tiernos infantes, una afición bulímica por la lectura y una cierta timidez compensada por ese humor corrosivo, que sale en murmuros aparentemente inocentes, pero oh, cuán pérfidos.
Mi hermano después de crecer, ha decidido multiplicarse, para mi gran regocijo, porque aunque yo haya decidido rehusar las alegrías de la maternidad, me gusta lo de ser tía y tener una buena excusa para recorrer las secciones infantiles y juveniles de las librerías.
Ahora que tenéis una imagen mental del personaje, os cuento la conversación que me ha inspirado este post. Mis conversaciones familiares son siempre por teléfono o vía Skype, gajes de vivir en ultramar.
Describo la escena: ahí estoy, terminando la cocinada mítica de los domingos, ésa que me permite poder comer algo decente el resto de la semana mientras revoluciono el mundo de la lingüística, y decido refrescar la relación fraterna con una llamadita de teléfono dominical. Hoy no ha habido videoconferencia, porque anoche monsieur M. y yo salimos, volvimos a la insólita hora de las doce y media de la noche, (yo, que babeo en el sofá a partir de las nueve) y francamente no me apetecía peinarme ni lavarme la cara para mostrar una imagen edificante a mis sobrinos.
Hermana Ingrata: -"¿Y? ¿Qué te cuentas? ¿Qué tal los sobris?
Los sobris son Sobrino Espitoso, de casi seis años, y Bebé Brutita, de dos, con un carácter que sospecho empieza a parecerse al de su madre, Recia Cuñada, de un enérgico que puede llegar a ser intimidatorio.
Estoico Hermano (con fondo de gritos animales): -"Pff, qué quieres que te cuente. Ha llovido todo el santo día, no hemos podido sacar a las fieras, son las cuatro de la tarde y estoy hecho polvo. Recia Cuñada está intentando hacer la cena, y yo ejerzo de domador en el circo para darle un poco de tiempo. Estoy deseando llegar a la oficina mañana, a ver si descanso un poco."
Hermana Ingrata: -"¿Tú vas al curro a descansar? Yo pensaba que trabajabas como un esclavo... oye, qué son esos ruidos? Casi no entiendo lo que me dices."
Estoico Hermano (inexpresivo): -"Estamos viendo «Madagascar». Por tercera vez hoy. Y jugando a los bolos al mismo tiempo. Bueno, Sobrino Espitoso está intentando enseñar a su hermana cómo jugar a los bolos, y yo estoy intentando que no la mate ni le produzca ninguna lesión permanente en el proceso. Y sí, trabajo como un esclavo. Lo cual es mucho más relajante que un tierno fin de semana familiar."
Hermana Ingrata (rebosante de cursos de pedagogía): -"¿Por tercera vez? ¿No tenéis más pelis de dibujos? Y en lugar de enchufarles a la tele, que les sorbe el cerebro, no les estimula adecuadamente y favorece la hiperactividad, ¿por qué no haces algún tipo de actividad creativa con ellos? ¿Por qué n---"
Estoico Hermano interrumpe, con tono monocorde: -"SI, la tele embrutece. SI, tenemos otras pelis. Y DVDs educativos. Y documentales de animales. Y «Dora, la exploradora». Pero no quieren verlos. Sólo quieren ver «Madagascar». Y ahora se saben los diálogos de memoria. Yo también. Antes de «Madagascar», fue un documental sobre la vida de las serpientes pitón javanesas. Tuve que ver cómo una pitón gigante deglutía un cordero -sin masticar- unas cuarenta y seis veces en las mismas dos semanas. Después de cenar, aclaro."
Hermana Ingrata: -"Estoo, suenas cansado..."
Estoico Hermano: -"Debe de ser porque este mes, desde que Bebé Brutita ha empezado a ir a la guardería y a coleccionar todos los virus infantiles disponibles, he pasado por dos gastroenteritis, un resfriado y ahora mismo tengo una erupción rara en el brazo y me pregunto si he pasado el sarampión cuando era pequeño. ¿Lo he pasado?" (Gritos simiescos de fondo).
Hermana Ingrata: -"Euh, creo que sí. Y las paperas. Te las pegué yo."
Estoico Hermano (ahora se oye estruendo de objetos que se caen): -"No te imaginas lo estupennndo de cambiar los pañales de Bebé Brutita en plena gastroenteritis. ¿Recuerdas los grabados de Beatrix Potter que nos regalaste para colgar en su cuarto?"
Hermana Ingrata: -"Um, sí..."
Estoico Hermano: -"Tu sobrina ha conseguido proyectar la caca hasta los cuadros. Empiezo a sospechar que es premeditado. Fue quitarle el pañal, y ¡zas!. Si hubiera podido medir la presión hidrostática del líquido fecal, probablemente hubiera flipado." (Mi hermano es de ciencias. Creo que ese desapasionamiento científico le ayuda a conservar la salud mental durante la gozosa experiencia de la paternidad.)
Hermana Ingrata, mirando el currusquito de pan con queso que me estoy comiendo y dejándolo en el plato, súbitamente a falta de apetito: -"...la ...presión ...hidrostática..." "Eeh, cambiando de tema, ¿has pensado algo para el regalo de Santa Madre? Porque justamente hablando con ella he tenido una idea---" Se oyen más golpes. Alaridos de fondo. Bebé que llora.
Estoico Hermano, voz lejos del auricular: -"¡Espitoso! ¡A Bebé no se le pega en la cara con los bolos!"
Sobrino Espitoso, voz quejicosa amortiguada por la distancia: -"¡Yo no le he hecho nada! ¡Se ha pegado ella sola!"
Estoico Hermano, irónico: -"Ya. Claro. Se ha atizado ella sola con los bolos." Dirigiéndose a mí: -"Pensándolo bien, es algo que podría hacer perfectamente. Lo de la psicomotricidad aún no lo domina, y lo de encontrarse la boca con la cuchara cuando intentamos que coma sola, tampoco. Como hoy, se ha introducido puré por todos los orificios faciales, confiamos en que termine comiendo algo por eliminación. Ensayo y error."
Hermana Ingrata: -"Mmh. Sobre el regalo de mamá--"
Estoico Hermano, a su primogénito: -" ¿Qué hace Bebé sin pantalones? ¿Por qué se los has quitado? ¿Dónde los has metido?"
Sobrino Espitoso, con maligno regocijo: -"Jiu, jiu, papá, ¡¡Bebé huele a CACA!!!
Guardo el queso en la nevera. Definitivamente, se terminó el piscolabis.
Estoico Hermano: -"A ver que huela..." (No quiero ni imaginar cómo está comprobando el estado del pañal de la petite.) "Pues es verdad. Se ha cagado."
Hermana Ingrata: -"Es lo que me gusta de hablar contigo. Esta escatología familiar a la hora de comer. Estas conversaciones estimulantes para el intelecto."
Estoico Hermano, ignorándome por completo: -"Voy a cambiarla. Le voy a poner el teléfono en la oreja, así se distrae y no se retuerce cuando la cambio. Cuando se retuerce, la mierda le llega hasta--"
Hermana Ingrata: -"Vale, vale, pásamela, no necesito más detalles."
Aquí debo aclarar que Bebé Brutita está empezando a hablar, y que su repertorio conversacional es un tanto restringido, limitándose a "pan", "más", "sayonara" (esto debe de ser un vestigio de su fase cine japonés), y "aita" (papá en euskera), y a algún que otro vocablo aún irreconocible.
Hermana Ingrata, sintiéndome un poco cretina, hablando a un bebé por teléfono, y negándome a adoptar esa boz bobalicona con la que la gente suele hablar a los niños pequeños : -"¡Bebé! ¡Hola, Bebé! ¿Sabes quién soy? "
Jadeos al otro lado de la línea. Esto parece una llamada erótica.
Hermana Ingrata, consciente de que hablo a un ser humano aún no dotado de elocución, que se defeca encima y al que están frotando las nalgas con una toallita húmeda: -"Soy la tía Arantza. ¿Quién soy?" (Deformación profesional de profesora de idiomas, el famoso tic now you repeat after me).
Bebé Brutita: Más jadeos. Gorgoritos, esta vez con toque húmedo. -"Ggggfffsssszzzzrantza". "PAN."
Hermana Ingrata, pese a mi cinismo innato, ridículamente orgullosa de tamaño despliegue cognitivo: -"¡Muy bien! ¡La tía Arantza! ¡Lo has dicho muy bien!"
Bebé Brutita: -"¡PAAAAAAAANNNNN!!!!!!"
Debe de tener hambre. Claro, tanta actividad evacuatoria... Golpe en el auricular. Ruidos no identificados.
Estoico Hermano: -"Eh, oye, tengo que dejarte. Creo que Sobrino Espitoso está lanzando los clicks de Playmobil al retrete. Otra vez."
Hermana Ingrata: -"Sí, claro. Ya hablaremos más t--." "---". Línea muerta.
Hablar. ¿De qué hemos hablado, por cierto?