sábado, 8 de marzo de 2008

Comfort food

Viernes, 7 de marzo
Es imposible hacer que el muy humilde porridge(papilla de copos de avena) o gruau en Quebec, (palabra que es probablemente la adaptación francesa de gruel, un porridge más espeso) tenga buen aspecto en foto. Pero no os dejéis llevar por la primera impresión, es el no va más de la comida reconfortante: en su versión instantánea se hace en un minuto en el microondas, además de ser el desayuno clásico aquí, es bueno cuando tienes frío, o estás demasiado cansado para cocinar (comida sana y completa, alimenticia donde las haya, con las proteínas naturales de la avena y mucha fibra), o cuando estás malito :-).
Como no tengo ni idea de si Quaker vende su porridge instantáneo en Europa, para los que tienen acceso sólo a los copos de avena en su forma más natural, este desayuno requiere un poco más de cocción.
Ya que hablamos de comidas reconfortantes, me gustaría lanzar un estudio improvisado: animaros a escribir comentarios con vuestro plato reconfortante por excelencia, si encontráis la receta y añadís el enlace , mejor. Espero impaciente vuestras contribuciones.

Ésta es mi cena más socorrida, yo que ceno sola a menudo. Y la necesidad imperiosa de hablar de comiditas reconfortantes se debe a que anuncian otros 30 cm. de nieve para mañana. Éste es un buen alimento para reunir energías y darle a la pala para poder encontrar la escalera de incendios en el patio trasero, o para reponerse después de una mañana de esquí. Y es la síntesis alimenticia perfecta de mis dos países de adopción : Escocia y Canadá.


Versiones clásicas canadienses : con manzana y canela. Con sirope de arce (para vosotros, miel). O con blueberrys y frambuesas (en la foto, mi cena de ayer). Y una mantita en la tripa. A wee porridge.

jueves, 6 de marzo de 2008

Menu de Méchante Marâtre (II) / Menú de Malvada Madrastra (II)

Balluchons aux pommes / Paquetitos de manzana

Esta receta es el postre que ha hecho que mi hijastra me adopte :-). Me la dio mi madre, aunque no sé si los "copyrights" son suyos o la leyó en algún sitio. Me gusta pensar en la receta como suya. Al fin y al cabo, nos apropiamos de las recetas que hacemos, y no hay dos personas que hagan la misma receta con igual resultado. Es muy fácil y siempre tiene éxito, como lo tienen todos los postres que se comen recién salidos del horno. Monsier M. la adora, dice que es "una tarta de manzana individual".

He aquí los ingredientes que necesitáis, para 4 personas:


- Una manzana por persona
- Un paquete de hojaldre congelado, que habréis dejado descongelar en el frigo toda la noche
- Canela
- Sirope o jarabe de arce (es el toque de Quebec) o miel (receta original de mi ama)
- Un poco de harina para manipular el hojaldre con el rodillo

Se pelan y "descorazonan" (lo sé, es un verbo descorazonador :-) las manzanas. Se rellenan con una cucharadita de miel o de sirope o de mantequilla de arce (aún mejor). Se espolvorean con canela.



Se envuelven con el hojaldre, dándoles la forma de un hatillo. Se barnizan con un poco de huevo batido y... ¡al horno! (200 grados, entre 35 y 45 minutos, dependiendo de la vetustez de vuestro horno).





Y el resultado... voilà! Toque norteamericano bastante guarrón: servidlas "à la mode", como dicen mis vecinos del sur, en USA. Es decir: con una bola de helado de vainilla. La mezcla de frío y caliente, más el crujiente del hojaldre, es mmmuy buena.



Y si este verano no entráis en el bikini, no es culpa mía.

Problemas técnicos

Oups! Sigo intentando aprender cómo funciona todo esto. Notareis que hay un poco de caos con las fechas: eso es porque el día que me despierto inspirada, escribo borradores con ideas para varios posts, y la fecha de escritura del borrador se registra automáticamente. Yo pensaba que la fecha registrada es la fecha de publicación, la de la última modificación, pero ¡no!
De ahí el desorden de mis posts. (No busquéis el post más reciente arriba del todo... está escondido en la página).
Si alguien tiene sugerencias de cómo arreglar este problema... help!

Northern Exposure (II)

Esta foto es de mi patio trasero, tomada desde mi cocina en Montreal, tal y como exige el título de este blog. Tenemos tanta nieve acumulada que ya no sabemos dónde meterla cuando paleamos (principalmente, para desenterrar el coche). Echadle un vistazo al cobertizo de herramientas. Es curioso pensar que ahí debajo hay una terraza en la que estaré leyendo y tomando un té en junio. Cuando una se levanta un 6 de marzo y lo primero que ve fuera es OTRA tormenta de nieve...sigh!.
Me gustan la nieve y el invierno, con el tiempo me he ido adaptando y aprendiendo a apreciarlos, así como el cambio de estaciones pronunciadísimo en Québec, uno de los sitios del mundo en los que más nieva (hablo de medida de las precipitaciones). Si me fuera a vivir a un paraíso mediterráneo, probablemente echaría de menos estas estaciones espectaculares que ocupan tan a menudo la conversación de los quebequenses (o quebequeses :-).

Pero todo no es bravura nórdica. A partir de la primera semana de marzo el hartón es general. Es el quinto mes del invierno, y como no es raro ver nevadas a primeros de abril, es el momento en el que los quebequeses que pueden permitírselo se escapan una semana (esta semana, que es la de descanso en los colegios y universidades) a México o a Cuba, buscando el calor que hace ya muchas semanas que no sienten. Los que no podemos escapar, seguimos tomando fielmente nuestros suplementos de vitamina D y paleando las escaleras de la entrada. Dentro de poco es el desfile de la St. Patrick en Montréal, ciudad de ascendientes irlandeses (además de los franceses y escoceses), desfile que normalmente anuncia que la primavera está a la vuelta de la esquina. Eso y los productos del sirope de arce, que merece un post en sí mismo.

Por el momento, el color verde de la vegetación es un recuerdo vago, algo que nos parece imposible que vayamos a ver de nuevo. Pero ahí está, debajo de toda esa nieve, esperando a brotar... aunque más que un brote se asemeja a una explosión, cuando llega mayo.



Esto es lo que veo hoy desde la ventana de mi despacho.
Las fotos más abajo serán curiosas para los españoles: la primera es una souffleuse (literalmente: sopladora), especie de aspirador gigante que aspira la nieve, para después "soplarla" en un camión gigantesco que la lleva a un "vertedero de nieve", en el que se acumula en montañas gigantescas que son las últimas en fundirse. Esas montañas nos parecen criaturas de otro planeta cuando en mayo se ha deshelado todo el resto, ya que son lo último en fundirse.





Bueno, tengo que palear las escaleras de la entrada antes de que venga el cartero y se rompa la cara.

martes, 4 de marzo de 2008

The right attitude to rain

Parece que la primavera quiere asomar la nariz: desde ayer, la temperatura ha subido hasta cifras positivas ( 3 grados. ¡yupi!). Aunque el deshielo dista mucho de haber comenzado, esta llovizna que se congela al tocar el frío suelo de Montreal es un buen presagio. Lo cual no impide que el día sea gris y miserable.


Así que pongámonos las pantuflas de lana, os propongo lectura caserota y agradable.

El autor del que voy a hablaros, A. McCall Smith, escribe libros reconfortantes para los anglófilos aficionados a las novelas policiacas. No os esperéis tramas con asesinos y cadáveres en cada esquina. Sus intrigas son mucho más inofensivas, y un tanto "weird". No apto para todos los gustos, sobre todo si necesitáis acción trepidante en cada página. Yo diría que si, como yo, sois "fans" de miss Marple y os gustó "El mundo de Sofía", hay buenas posibilidades de que os gusten estos libros.

La novela de la foto forma parte de una serie ambientada en Edimburgo, "The Sunday Philosophy Club Series". Una de las razones por las que le he cogido cariño a esta serie de novelas es que viví en Edimburgo durante unos meses y adoro esa ciudad. La "sabueso" protagonista es Isabel Dalhousie, una filósofa redactora jefe de la "Review of Applied Ethics". ¿Empezáis a haceros una idea?

El estilo es muy particular, para empezar, la profesión de la protagonista es una excusa para lanzarse en todo tipo de digresiones filosóficas. Y el autor tiene ese toquecillo académico genial, un poco "profesor Tornasol", sin pedantería alguna. Parece ser que en sus ratos libres, aparte de ser profesor universitario de derecho médico y haber ocupado altos cargos como asesor de la UNESCO, toca el fagot en la "Really Terrible Orchestra". Simpático, ¿no?.

Para terminar, otra cosa que me encanta del señor McCall Smith es que ha producido algunos de los mejores títulos de novela que he visto en mi vida. Solamente en este serie: "The sunday philosophy club", "Friends, lovers, chocolate", "The right attitude to rain", "The careful use of compliments".



Como yo lo leo en inglés, no sé si ya habrá sido traducido al español. Creo que mirando en Wikipedia vi que su serie africana (porque tiene una, ya os contaré, ya) existía en castellano. En todo caso, si podéis leerlo, os aconsejo preparar una tetera y un plato de shortbread para acompañarlo. Aye!

lunes, 3 de marzo de 2008

Menú de Malvada Madrastra

Efectivamente, soy una Malvada Madrastra. Las mayúsculas son para darle al título la grandeza que merece, y en el título de este post se deben principalmente a que me gustan los títulos "aliterativos". Estoy leyendo una novela con un título estupendo, pero eso merece un post en sí mismo.

Ayer vino mi "hijastra" a cenar, y la ocasión merecía un Menú de Malvada Madrastra. Teniendo en cuenta que es sumamente norteamericana en sus gustos (es decir, hay una inmensa cantidad de cosas que no le gustan, incluyendo todo lo que no conoce :-), (mil perdones a todos los norteamericanos con papilas gustativas más aventureras), preparé una cenita a prueba de bomba -una no se puede equivocar con los spaghetti-. Como este menú es facilísimo y muy bueno, os lo propongo, para uno de esos días en los que estais a falta de "comfort food". Nada como los hidratos de carbono de la pasta para hacerle a uno feliz. He adoptado esta receta, que se ha vuelto un clásico para cuando invito amigos a casa y no me apetece hacer nada complicado.

La receta de spaghetti es una mezcla de dos recetas, sacadas de un libro de Josée di Stasio, que hace furor en Tele Quebec con un programa de cocina. Josée es una quebequesa de origen italiano, como hay tantos en Montreal. La gran ola de inmigración italiana en los años 50 creó un barrio llamado "La petite Italie", donde hay un mercado y un montón de tiendas para los aficionados al buen comer. Como afirma Josée, "la cuisine italienne rend heureux". Totalmente de acuerdo. Especialmente cuando aún nos queda un mes de invierno. Si no me créeis, probad a prepararos esta receta un día gris y deprimente. Ya veréis como después de haberos comido un plato, todo irá mejor. O casi todo.


Spaghetti alla carbonara y tomates confites:

Pues eso, hago una carbonara tradicional con ajo confitado -versión ligera, en lugar de sofreír daditos de tocino o panceta, que es lo mandan los cánones, como monsieur M. y yo andamos preocupados por la línea, uso prosciutto, que es lo más parecido al jamón serrano que puedo encontrar aquí-. Y preparo aparte unos tomates confitados, en los que aprovecho para confitar ajo también. Estos tomates, que pasan toda la mañana en el horno concentrando su sabor y aroma, son una maravilla. Veréis cómo perfuman toda la casa. En la receta del enlace, dice que el horno debe estar a 140 grados, pero he leído muchas variantes. Personalmente, prefiero hacerlos a no más de 105-110 grados, y dejar que pasen más tiempo (unas tres horas).




Antes de meter en el horno. Esta vez he probado los tomates confitados de dos maneras: frescos, arriba en la foto, (tienen que ser pequeños, si queréis evitar el trabajo de escaldarlos y pelarlos antes. Si son muy grandes, debéis cortarlos para cubrirlos de aceite, y el agua que sueltan impide que se "confiten", que se caramelicen) y también tomates en lata, abajo.

Normalmente uso hojas de albahaca fresca y unas ramitas de tomillo. Ayer me tuve que arreglar con hierbas secas, pero también sale rico.

Deberéis sacar el ajo del horno antes que el tomate, al de una hora más o menos. Cuando esté blandito y listo para hacer puré, vaya.




Tres horas más tarde. La casa olía... mmm...

El ajo lo saqué antes, y lo mezclé con las yemas de huevo y el queso parmesano, más un poquito del aceite de cocción.




Se mezcla con la carbonara y el resultado es ... antidepresivo. Ojo con el ajo confitado, engaña mucho. El sabor no es muy pronunciado en boca, pero hay que quitar el germen cuidadosamente. De lo contrario, os arriesgais a "saborear" los spaghetti durante largas horas después de la comida.
El aceite restante, infusado de sabores de ajo y tomate, es fantástico para hacer vinagretas, fondos para sopas, o un simple chorrito alegra unas patatas al vapor. Los tomates confitados, solos encima de una tostada de buen pan (bruschetta), también son estupendos.


También hice un postre, pero "eso es otra historia y os la contaré en otra ocasión".

domingo, 2 de marzo de 2008

And the Oscar goes to...

Ayer arrastré mi catarro hasta un cine de Laval. Laval es una ciudad que gana mucho si se visita en la oscuridad de una sala de cine :-), y que me perdonen todos los lavallois que puedan leer este blog (altamente improbable). No es esnobismo montrealés, es que el Boulevard Des Laurentides es tan feo... (en cuanto pueda, pondré una foto). Lo que conozco de Laval es un amasijo de centros comerciales y anuncios de todo tipo, pensados para ser vistos desde el coche. La imagen que tengo de esta ciudad conlindante a Montréal es de un gigantesco "drive-trough", en el sentido más literal de la expresión, cuando la atraviesas en coche, te dan ganas de acelerar para hacerlo lo más rápido posible. En cualquier caso, si decidís venir por aquí de visita, os animaría a visitar Laval y encontrarle su encanto, probando una vez más que la belleza está por todas partes.

Fui a ver "No country for old men", de los hermanos Coen. No sé cómo se habrá traducido el título al español. En mi estado de semi-estupor producido por los antigripales, tengo que decir que me gustó mucho más de lo que esperaba. Nunca he sido excesivamente fan de los Coen, que me parecían divertidos, sin más. Pero esto es lo más parecido a eso que se suele llamar "una obra de madurez". Tampoco he sido muy fan de los western, aunque crecí con un padre al que le encantaban y tuve un profe de audiovisuales que nos obligaba a tragarnos una taza de Peckinpah por la mañana, tempranito. Pero puedo entender perfectamente por qué cuando uno empieza a dominar el arte de hacer cine, puede tener ganas de hacer un western moderno. Para hacer que hablen los paisajes, en lugar de los hombres, para mostrar caras curtidas que cuentan docenas de historias sólo con las arrugas en torno a los ojos. Para mostrar la dignidad del hombre solo, que se las arregla solo y muere solo.
En fin, poca música, pocas palabras, muy buen cine. El final me gustó un poco menos por ser muy literario, no he leído la novela de Cormac McCarthy en la que está basada la peli, pero me da la impresión que los directores quisieron respetar su final lo más posible y las dos disciplinas artísticas -literatura y cine- no utilizan exactamente los mismos códigos.
Pienso leer a McCarthy en breve, he oído hablar muy bien de él, hasta lo califican de "nuevo Faulkner". Su última novela, "The road", no para de recibir elogios en este lado del charco.
Euh, esto no es más que mi opinión. Recordad que las opiniones son como el culo: todos tenemos uno, y no forzosamente interesante.