lunes, 5 de enero de 2009

Chipirones transatlánticos: HEMC 29

El día de Nochevieja os conté el menú que había preparado para sumergir a mis amigos quebequeses en un océano de vasquitud, y las dificultades de encontrar algunos de los ingredientes de este menú a este lado del charco. Muchos de los lectores que comentaron ese post manifestaron su curiosidad por la reacción de mis invitados ante platos tan -para ellos- extraños como las gulas, los txipirones en su tinta o los caracolillos de mar. Pues bien, puedo deciros que no sólo se atrevieron a probarlo todo, sino que, ante mi gran sorpresa, todo pareció gustarles (vamos, que ninguno corrió a escupir nada en el baño).

Sigo pensando que si lo de revolucionar el mundo de la lingüística no termina de cuajar, aquí en Montreal puede tener futuro lo de abrirse un tascorro de pintxos. De los de verdad, con un mar de cáscaras de mejillones y serrín inundando el suelo del establecimiento, en ese estilo bárbaro que caracteriza los tascorros. Tendría que bregar un poco con las asépticas autoridades sanitarias de Quebec, sobre todo para justificar los jamones colgados del techo goteando grasilla tocinera sobre la concurrencia, pero yo creo que tendría futuro.
El mérito no lo atribuyo tanto a mi forma de cocinar (todo me quedó correcto, el pastel de pescado -abajo, izquierda- podría ser calificado de bastante bueno, pero nada que me procure un empleo en Arzak, vaya), sino a la mente abierta y curiosa de mis amigos, siempre sedientos de conocer otras culturas y de probar cosas nuevas. Hicieron muchas preguntas sobre la forma de preparar los platos y las ocasiones en las que se comen. Les conté todo tipo de mentiras (siempre me ha gustado la antropología creativa), como que los txipirones los comemos los vascos sólo en noches de luna llena y desnudos (a excepción de la txapela), o que antes de probar las gulas entonamos un cántico ritual golpeándonos el pecho con los puños. Todo sea por exportar nuestra cultura secular.

Lo que más éxito tuvo fue, sorprendentemente, los caracolillos de mar, quizá por lo simple de su preparación. Los chipirones impresionaron por su color, y por su efecto sobre el aparato digestivo (tuve algunas llamadas preocupadas el día de Año Nuevo).




Mi What-the-Dickens-Whisky-Fruitcake (del que aún no habíais visto una foto -arriba, derecha-, porque estaba "marinando" en las profundidades del frigo) fue muy bien acogido, a pesar de que algunas de las damas sugirieron que el año que viene debería cargar menos la mano en lo que al alcohol se refiere. Los caballeros presentes exclamaron, ultrajados: -"¡Ni hablar! ¡Está perfecto!". Lo que confirma mi impresión de que en lo que al whisky se refiere, las papilas masculinas están más curtidas que las femeninas.
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Curiosamente, por una de esas coincidencias del mundo blogueril, Pilar, de la cocina de Lechuza, ha propuesto los calamares como ingrediente del Hecho en mi Cocina de este mes de enero. El blog de Pilar merece la pena de ser visitado, porque se esfuerza en conservar y transmitir todas esas recetas de cocina casera con las que hemos crecido, que no por conocidas y modestas dejan de ser deliciosas, y nos las explica con una claridad ejemplar.

Este mes participo sólo por la coincidencia en la propuesta del HEMC y mi menu de Nochevieja, pero mi receta no propone nada innovador: es la clásica receta de chipirones en su tinta, la más simple que he encontrado. Me parecía interesante publicar el plato para dar la oportunidad a los lectores de este lado del Atlántico de aprender a cocinar este plato simple, sano, barato y espectacular. La receta, de Arguiñano, nuestro vasco impresentable internacional, podéis verla aquí. Yo añadí al sofrito para la salsa un pimiento verde, que parece ser el toque familiar (según consejos telefónicos de Santa Madre y Estoico Hermano).

Un saludo a todos y que los Reyes os traigan todo... lo que habéis merecido ;-).

13 comentarios:

El Secretario dijo...

Hola Arantza.


Ya lo creo que impresionarían esos calamaretes por su color...

Allá que son tan políticamente correctos, eso de comer algo de color afroamericano...
: D

Supongo que el sabor de ese y todos los demás pintxos de tu pseudotascorro, también impresionaron a tu comensalía.

Además de los efectos "digestivos".


Felices Reyes Canadiénsicos.

Diane dijo...

¡Este comida estaba muy deliciosa! Arantza es una muy buena chef. Me gusto especialmente el carpaccio de bacalao. ;-)

Noema dijo...

Antropología creativa, jajaja, me gusta el término, pero... ¿no me digas que no es verdad lo de la txapela y la luna llena? Yo pensaba que... :-P
Y qué choza más chula la que tenéis (he estado cotilleando un poco las fotos -no veas lo que se pueden aumentar en el ordenador-, para que luego mi madre no me acuse de discreta).
Los chipirones me gustan mucho pero ¡qué valiente tú, hacerlos y todo!

Anónimo dijo...

OOOOhhhhh...que mesa tan bonita!!!! y esa galletas personalizadas, que maravilloso detalle...esta todo tannnn bonito!!! me encanta...y muy guapo tu gato!! y fotogenico!!
Me alegra que la cena haya sido un exito, pero no me extraña que los chipis hiciesen de las suyas...los mios son mucho menos negros! jajajaj
Gracias otra vez por la receta de las galletas...ya te contaré!
Más besos
Maite

ata dijo...

No estas a la ultima, en vez de txapela ahora llevamos ipod

Lupe dijo...

Qué maravilla de mesa, por favor, qué envidia... y cómo lucen los chipirones sobre el plato amarillo... y qué elegancia gatuna, allá en segundo plano... Que no protesten las señoras, que emborracharse masticando tu fruitcake debe ser una experiencia. Y además, me imagino que con asomar el hocico al mundo exterior, a N grados bajo cero, vuelves a la sobriedad en quince segundos.

María dijo...

Ohhh!! El año que viene hago las maletas y me presento en tu casa. Bueno, no sé si mi gabacho y ese hijo que tenemos a medias me dejarán...
Por cierto, felicidades por tu título de traductora. Y la tesis llegará, llegará...
Como dice Ata aquí ahora estamos enganchados al ipod, que luce que no veas.

JB dijo...

holaaa

solo de verlo ya tengo hambre :-)))
la verdad es que los chipirones afro tienen muy buen pinta, por no hablar del guiski plum cake

lo que no acabo de ver, esto va para ata, es como llevais el ipod comiendo desnudos a la luz de la luna llena... es de los de pinza???

:-))))

v'sss

liuia drusilla dijo...

Te iba a comentar sobre la comida, que el virus estomacal no me dejó en su momento, pero después de leer los comentarios anteriores me he visto obligada por una fuerza superior a hacer clic en las fotos y aplicarles su correspondiente ración de cotilleo, MUA JA JA JA (risa de dominar el mundo). ¡Qué pedazo de cacho de trozo de árbol de Navidad! ¡Qué casa tan bonita! Estoy profiriendo más "ooohs" y "aaahs" que si estuviera viendo unos fuegos artificiales.
De tu capacidad gastronómica no te digo nada, que ya sabes lo que pienso y ya te he hecho bastante la pelota por este comentario :P -ahora, que seguro que el tascorro triunfaba-, lo que te tengo que alabar son los invitados, que se atreven con todo, ¡ole, ole y ole! Cómo me gusta la gente apañada que no se asusta delante del plato ni te pone mala cara. A ver si exportáis un poco, que aquí la gente cada día es más tiquismiquis ¬¬.

Arantza dijo...

Secretario: no creas, aquí en Quebec son políticamente correctos, pero no tanto como el vecino tío Sam... y no, no tuvieron muchos problemas en lanzarse "a lo negro", en cuanto les aseguré que era comestible, claro ;-)

Diane: gracias, parece que en la ensalada de bacalao hubo un ligero error culinario, según mi Santa Madre... tendré que prepararte otra, por lo del "control de calidad"...;-) (Diane fue una de mis amables amigos-cobayas en esta cena, y aún está viva, ¿eh? Qué creiais...)

Noema y Liuia: jua, jua, me habéis hecho reír, porque de vez en cuando yo hago lo mismo... :-D. Mi choza es bastante modesta, (y muuuy vieja, más de 60 años, aún andamos arreglando cosas) no creas. Y sin Ikea no somos nada (sí, confieso, somos pobres y amueblamos y decoramos gracias al trabajo de miles de niños del Tercer Mundo). Pero con el color se "viste" mucho una casa y una mesa. Yo es que desciendo de una familia donde las paredes maternas siempre han sido blancas (toooda mi niñez), y la vajilla y los manteles también. Y ahora, en mi chocita, me he vengado con mucho color. En cuanto a la capacidad gastronómica... yo no sería nadie si no tuviera amables sujetos víctimas de mis experimentos, que se atreven a ingerirlos.

Maite: la verdad es que lo hice adrede, lo de cargar la mano en la salsa de los chipis. Me dije que, de hacer algo negro, que sea negro como... los sobacos de un grillo. Y sí, Julieta es la fotogénica de la familia. Se pasa la vida posando. Suerte con los shortbread.

Ata: mi hermano preferido (sólo tengo uno, así que... en fin :-): el ipod... ¿se lleva en la cabeza? Y más importante: ¿lo fabrica Elósegui? ¿es de lana con teflón e impermeable? :-)

Lupe: en cuanto a la elegancia de la mesa, te remito a la respuesta a Noema -sin Ikea y sus niños explotados no seríamos nada-. La elegancia de Julieta... es la única que tiene un poco de clase en esta casa. Hasta cuando va al cajón de arena, sale como si arrastrara una cola de tul de tres metros. Puede ser un poco irritante, una gata que te mira con una expresión como de : "¿Y yo qué hago viviendo con esta plebe?". Lo de los poderes despejadores de la temperatura exterior... aquí en Quebec han inventado algo para compensarlos: el dispositivo de arranque del coche a distancia. Dejas la calefacción a toda leche, y el asiento con calefacción encendido. Te pones la parka, las botas (vamos, el equipo de buzo necesario para vivir aquí) y corres al coche intentando no respirar. Una vez dentro, como ya está caliente, intentas amodorrarte en tu asiento apovechando los restos de la moña -necesitas conductor, claro-.

María: gracias por las felicitaciones. El año que viene... me mudo :-D :-D. Yo creo que tendrías que convencer al gabacho consorte y a vuestro legítimo heredero, y veniros de vacaciones. En invierno, con un par (de botas :-).

JB: el ipod... euh... en la txapela, hombre, en la txapela. Y a mi hermano no hay que tomarlo muy en serio. De hecho, a mí tampoco.

Ander dijo...

Me lo comería todo excepto los caracolillos y los chipirones (lo siento, me repugnan tentáculos y cáscaras, es mi única manía gastronómica; ya lo dijo J. al conocernos, qué lástima porque ya no podremos irnos de vacaciones a Marte). Y comprendo lo de la dificultad de encontrar según qué ingredientes, yo ya intenté hacer mis ya manidos canelones en Pekín, sin trufa, con una cocina de juguete, un hornillo de chichibirichi y pasta de lasaña partida en dos. Pero dieron el pego, ea.

Para tus amigos quebequeses ávidos de conocimiento sobre otras culturas, incluyendo la vasca, les recomiendo este simpático linkillo del youtube, en el que se puede ver un ya famoso capítulo de MacGyver que empieza -tachán tachán- en el País Vasco: http://es.youtube.com/watch?v=mz92q0iS0mU Quizás ya lo conoces.

Besos.

Inmaculada (Adi) dijo...

Hola Arantza, es un placer conocerte. A través del HEMC de este mes de los chipirones y calamares he sabido de tu blog al otro lado del charco.
Dura lucha la tuya para "afinar" paladares, sobre todo teniendo en cuenta la idiosincrasia "chauvinisto-francófona-anglófila-americana" de los canadienses, jejeje vaya mezcla la de esta gente... majos ellos, no?
Yo apoyo entusiastamente tu idea de fundar la tasca de pinchos, de esas en las que pagas según palillos tengas en tu plato, como está mandado. Y además sugiero para el verano la creación al aire libre de cines con programa doble de películas donde no solo se puedan comer pipas, sino que además esté obligado tirar las cáscaras al suelo. Sería la leche.
Bueno, a lo que iba al principio: me gustan tus chipirones con ingrediente familiar obligado y el nombre le va que ni pintado.
Vendré más por tu casa si me lo permites, tienes un montonazo de recetas interesantes.
Un beso de una extremeña en Mallorca.

Arantza dijo...

Ander: muy buena, la frase sobre las vacaciones en Marte... se reconoce el humor muy personal de J. :-). Ese capítulo de McGyver lo vi en su día, mitad escandalizada, mitad muerta de risa.

Adi bienvenida a la cocina, y perdona la tardanza en responder al comentario, pero los habituales saben que no lo hago por mala intención, sino por falta de tiempo. Oye, pues los quebequeses de chauvinistas sinceramente no tienen nada, eso no lo han heredado de sus antepasados gabachos :-), al contrario, pecan más de modestos que de otra cosa. Lo de ensanchar los horizontes gustativos, pues sí, es verdad, yo creo que nos viene bien a todos. Un saludo. Y a todos los animalitos que tienes por casa (incluye a Pedro :-)