domingo, 1 de marzo de 2009

La fama cuesta...


... y aquí es donde voy a empezar a pagar. Con mucho bochorno, leyendo la entrevista que me han hecho y que sale hoy en el muy vasco periódico "El Correo" (sección "Vascos de altos vuelos"). Lo cual demuestra que los periódicos ya no saben de qué hablar.
En esta entrevista cuento básicamente las mismas trivialidades muy poco apasionantes que ya conté por la radio, porque los periodistas parecen interesarse sobre todo por el folclore canadiense y por mi historia de amor folletinesca con monsieur M., pero con una primicia mundial: una foto mía. Intenté enviar las fotos en las que se me veía menos la cara, para satisfacer lo menos posible vuestra curiosidad.

Después cambié de idea, y en una orgía de Photoshop me puse los ojos de Bette Davis, los pómulos de Uma Thurman, los labios de Angelina Jolie y el mentón (con hoyuelo incluído) de George Clooney. El resultado da mucho miedo y se me parece bastante.

Hay que ver las cosas a las que puede acceder una para que Santa Madre tenga recortes enmarcados que mostrar orgullosamente a todas mis tías.
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¡Extra! ¡Extra! Nota de última hora: dado lo difícil que es encontrar el dichoso artículo (incluso a mí me ha costado un triunfo y eso que conozco el periódico), en la columna de la izquierda podéis encontrar enlaces permanentes hacia su versión PDF (rúbrica "Hay quien dice de mí..."), enlaces hechos gracias a la preciosa asistencia técnica de Noema, mi hada madrina tecnológica. También he puesto enlaces directos en este post, pero muy posiblemente con el tiempo El Correo elimine la entrevista de su hemeroteca (afrontémoslo: no soy Michelle Obama), así que los que lleguen a esta entrada dentro de unos meses puede que se encuentren con que ya no funcione.

jueves, 26 de febrero de 2009

Un año cocinando peligrosamente


Hoy hace un año que empecé a escribir este blog. Para celebrar este aniversario, lo haré con una recomendación de lectura muy apropiada: "Julie & Julia: my year of cooking dangerously", o el título con el que se editó por primera vez: "Julie & Julia: 365 days, 524 recipes, 1 tiny apartment kitchen", relato semi-autobiográfico (semi, porque contiene una pizca de ficción) de Julie Powell. ¿Que por qué este libro es tan apropiado para la ocasión? Os cuento el argumento, creo que enseguida reconoceréis algunas similitudes, hasta el punto en que mientras lo leía pensé: "Mierda, se me ha adelantado". Os dejo adivinar cuáles son las similitudes, advirtiendo que quizás no sean las que parecen más evidentes:

Julie es una chica rozando los treinta, que vive en Nueva York con su marido, su novio de toda la vida. Trabaja como secretaria en currillos temporales que aborrece, y a pesar de su formación de actriz nunca ha intentado realmente encontrar trabajo como tal. Cuanto más tiempo pasa en la ciudad, más se pregunta qué demonios hace allí, por qué sigue trabajando en sitios nada interesantes y no intenta encontrar un trabajo en el que realizarse, en una ciudad que tiene la reputación de ser el centro de todas las oportunidades. A las frustraciones laborales hay que añadir la "decisión fatal": tener un hijo o no, decisión que siente como un peso que aumenta cuantos más años cumple, ya sabéis, el tictac tictac del reloj biológico y esas cosas.

En un momento de bajón, Julie se topa con un libro de cocina de Julia Child y un engranaje misterioso hace "click" y se pone en movimiento en su mente: Julie decide embarcarse en un proyecto absurdo y aparentemente tan desprovisto de sentido como de relación con sus problemas, decide cocinar en un año las 524 recetas que contiene el libro "Mastering the art of French cooking". Decisión aún más absurda dado que las capacidades culinarias de Julie son muy limitadas, es una comedora sumamente melindrosa (nunca ha probado un huevo) y se acaba de mudar a un apartamento con una cocina que apenas puede ser calificada como tal. Su marido, que la adora, no entiende nada, pero la apoya incondicionalmente, hace las compras más inverosímiles y ejerce de cobaya tragándose todo lo que Julie le pone en el plato, éxitos y fracasos. Julie documenta todo el proceso en un blog, que aunque ya no se actualiza, aún existe en la Red: "The Julie/Julia project".

Os copio un par de pasajes para daros una idea del libro, y de por qué me han gustado su humor y su enfoque un tanto, ehm, desenfadado de la cocina francesa, que coincide bastante con mi forma (compulsiva) de abordar la cocina:

(Receta Veau Prince Orloff): " I sliced the veal as thinly as I could, then stacked it back together again, one slice at a time, smearing mushroom filling on each slice as I went. I stirred some cheese into the warm velouté, then poured it over the veal. The veal now looked like some kind of wet beige footstool. I sprinkled some more cheese on top, and some more butter. My mother is a Texan and knows the value of cooking fats, but even she was horrified when she did a stick-of-butter count. The veal got thrown into the oven about half an hour before it was time to serve, just to warm through.

If you fed this veal to a racehorse, it would instantly drop dead of gastric torsion. Very good. Who cares if the roast is overdone, I think, when you've got that much shit on it?"

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"[...] He meant that sometimes you get a glimpse into a life that you never thought of before. There are hidden trap doors all over the place, and suddenly you see one, and the next thing you know you're flogging grateful businessmen or chopping lobsters in half, and the world's just so much bigger than you thought it was.

So that night I made my New Year's resolution, better late than never: To Get Over My Damned Self. If I was going to follow Julia down this rabbit hole, I was going to enjoy it, by God -exhaustion, crustacean murder, and all. Because not everybody gets a rabbit hole. I was one lucky bastard, when you came down to it."

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El libro de Julie acaba de ser adaptado al cine, y la película saldrá este año a este lado del charco. Mi tesina acaba de arrancar de nuevo (ninguna posibilidad de adaptarla para el cine, mataría de aburrimiento a la audiencia), esta vez espero terminarla (saldrá antes de junio, si es posible). Mi director de tesina me espera afilando el cuchillo en su despacho, y hace un año que me lancé a escribir, haciendo bollos de canela cuando lo que debería haber hecho ese día es escribir sobre una definición antropológica y etnológica de la cultura. Menos mal que él no parece ser un lector asiduo de blogs culinarios.

Gracias por estar ahí. (A tí también, Alfonso).

miércoles, 25 de febrero de 2009

Carnaval, carnaval


En Québec (capital, no la provincia), también se celebra el carnaval, desde hace ya bastante tiempo. La fiesta acaba de terminar, este año no hemos ido, pero quería mostraros imágenes de un carnaval muy diferente del que se celebra en otros países con un clima más clemente. Imágenes que he tomado prestadas de sitios turísticos y algún que otro periódico, de los que no he escrito el nombre ni el enlace porque aún no me he tomado el cafelito mañanero, porque la mayoría no mostraba el nombre del autor de la foto (que es el que realmente merece ser mencionado), porque en su mayor parte son promocionales, y porque creo que todos tenemos suficiente publicidad en nuestras vidas sin que yo tenga que añadir más.

No voy a negarlo, también tiene sus ventajas el poder mostraros fotos de exactamente las mismas atracciones que hubiera fotografiado yo, sin tener que helarme los dedos cada vez que me quito la mega-manopla para poder apretar el botón. Sin mencionar que cada vez que me paro para tomar una foto exterior en invierno, mi acompañante me dirige una mirada llena de exasperación y de hipotermia.

Curiosamente, los disfraces no forman parte de este carnaval, probablemente porque la temperatura no lo permite (habría que disfrazarse de cosas realmente enormes, que pudieran cubrir la parka... ¡todo el mundo vestido de balón de fútbol!). Los disfraces son más populares en Halloween, fiesta que se celebra en una estación que plantea menos problemas logísticos. El único disfrazado es el pobre incauto que se pasea vestido de Bonhomme Carnaval, la mascota oficial de la fiesta (un muñeco de nieve, lógico, ¿no?)

Bonhomme Carnaval en el barrio de Petit Champlain

Si queréis ver qué aspecto tiene Quebec cuando no está enterrada bajo la nieve para poder comparar, hace tiempo publiqué un par de posts sobre esta ciudad.

A pesar de que las temperaturas son gélidas, esta fiesta exterior ofrece un montón de actividades refrescantes:


Non, mais, de verdad, están locos, estos romanos, que andamos en los -20º

regata de canoas atravesando el San Lorenzo entre los hielos, (nada que ver con las regatas de traineras de mi ciudad natal)

carreras de trineos tirados por perros, bajadas vertiginosas por la pista instalada en la terrasse Dufferin,



... o románticos paseos


concurso de esculturas de nieve,


y de esculturas de hielo (espectaculares),



... el famoso castillo de hielo que se construye especialmente para la fiesta,



... también existe un hotel de hielo, en el que los turistas pueden dormir durante todo el invierno, o, para los más frioleros, tomarse un vodka en el bar. On the rocks, por supuesto.

martes, 24 de febrero de 2009

Jugo... que te quiero verde


No sé si éste es el secreto de que en los últimos inviernos no haya atrapado apenas los virus que andan sueltos por el metro, pero os propongo la receta porque además de saludable me parece fresca y con un sabor contundente, como me gustan los zumos.
La oí por la tele en mi programa marujo preferido, uno de esos programas que hace que te broten espontáneamente unos rulos y una redecilla en la cabeza (y parece que no soy la única que lo ve), a un médico que afirmaba que este jugo está atiborrado de todos los antioxidantes y vitamina C necesarios para ser feliz. En mi caso, no aspiraba a tanto, sólo a encontrar algo que me ayudara un poco a salir de esa fatiga crónica que me entra a mediados del invierno. Este zumo se ha convertido en una bebida habitual en esta casa, principalmente porque me he aficionado al sabor. No creo que entusiasme a los no aficionados a las verduras, aunque probablemente sean los que más lo necesiten.

Como sé que algunos de vosotros lo pasáis mal a la llegada de la primavera (aunque no siento demasiada empatía por los asténicos primaverales, aquí aún andamos paleando nieve y estamos como locos porque llegue ya, la primavera), intentaré simpatizar con vuestras dificultades en el cambio de estación, y echaros una manita supervitaminada y mineralizada.


Ingredientes para el jugo verde (receta adaptada de la receta del dr. Oz, qué nombre genial):

(No doy cantidades exactas de algunos ingredientes porque depende de vuestros gustos, pero ahí va la idea general)

- Espinacas (o acelgas). Al gusto. Cuantas más echéis, más sabrá "a pasto". Oprah añade apio, personalmente encuentro un poco amargo la combinación de los dos, junto con el perejil. O utilizo apio, o espinacas, pero no los mezclo.

- Perejil (lleno de vitamina C, y muy bueno para los que andan cansados)

- Pepinos (yo echo dos gorditos, pelados)

- 1 manzana (su dulzor contrarresta lo amargo de la verdura)

- El zumo de 1 limón (yo pelo la piel amarilla, y lo echo tal cual a la licuadora, viva la fibra)

- Jengibre fresco (depende de lo picante que queráis que os salga la mezcla)


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Lanzar todo esto a la licuadora, saldrá un mejunje terriblemente verde. Echarle arrestos y probarlo. Veréis que su sabor supera a su aspecto.

Yo lo aprovecho para brindar por el Oscar de Kate Winslet, una actriz que me encanta y que ha protagonizado este año dos buenas películas en las que me parece que está sensacional: "The reader" y "Revolutionary Road" (la novela en la que está basada también merece la pena ser leída).

Para mis lectores con más orgullo patrio: no, no se me olvida Penélope, que no me parece una mala actriz, pero en "Vicky, Cristina, Barcelona" me pareció una mala caricatura de Anna Magnani. Aunque quizá haya que echarle una parte de la culpa a Woody, mal que me pese. Personalmente, me gusta más Kate, su estilo es un poco más comedido. Y bueno, los Oscar son eso, show business. Yo los veo desde siempre porque soy una cinemaníaca, y porque son algo así como el Superbowl del cine y de los trajes de noche. Pero como garantía de calidad me fio más de Sundance, o de Cannes.

Pues eso. Salud, Kate.

lunes, 23 de febrero de 2009

Chocolate caliente (versión canadiense)


La versión canadian (y en general, anglosajona, por lo que pude comprobar cuando vivía en Escocia), es una pálida versión de lo que los españoles llamamos chocolate caliente. Es más bien un Colacao triste y aguado. Pero no la de Les divins chocolats de Sandra, una buena chocolatería de Terrebonne. Es caldoso, sí (me temo que es una particularidad cultural que hay que aceptar), pero cremoso al mismo tiempo, con un profundo sabor a cacao y con un porrón de marshmallows flotando y fundiéndose por encima.

"I think real living is sitting by the fire, slurping marshmallows from the bottom of a mug of hot cocoa."
(Hobbes, de Calvin & Hobbes)

sábado, 21 de febrero de 2009

Coffee cake

Nada como una mañana de sábado a veinte bajo cero (afortunadamente, no en la cocina, sólo fuera) para estirar las piernas bajo la mesa y terminarte la novela de una sentada, a ritmo de tazas de café y coffee cake. Y éste no se me ha caído al suelo. On n'arrête pas le progrès.


Y, como dice el villancico, let it snow.

jueves, 19 de febrero de 2009

El autobús diabólico, Dios, mi Madre y yo


«Yo soy ateo, gracias a Dios.» - Luis Buñuel

«No sólo no hay Dios, sino que intenta encontrar un fontanero en fin de semana.» - Woody Allen

«Era de esa confesión, principalmente en el sentido de que la iglesia a la que no asistía en la actualidad era católica.» - Kingsley Amis

«Yo no creo en el más allá, pero por si acaso me llevaré una muda de ropa interior.» - Woody Allen

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Desde que Canadá eligió un primer ministro conservador, una especie de pálido hermano gemelo de Bush, un cowboy de las praderas canadienses, desde el atentado del 11 de septiembre, desde que la religión en las instituciones públicas fue identificada erróneamente con la identidad quebequesa y su desaparición del ámbito público creó todo un debate en una provincia que ha abandonado la práctica religiosa desde hace mucho tiempo, desde la elección del último Papa, que nos retrotrae directamente a la Edad Media, me levanto por las mañanas oyendo las noticias en mi radio despertador, pensando que no hemos evolucionado mucho desde las cruzadas, y con unas ganas locas de apostatar (y de hacer pis), algo que aún no he hecho por pura vagancia y por una mala interpretación del respeto materno.

No sé vosotros, pero yo tengo como un hartón terrible de oír hablar de religión. La que sea. La religión en general, esa plantilla espiritual que se adopta cuando no se tiene edad de ejercer un cierto criterio, y a la que uno se aferra en la edad adulta por miedo a indisponerse con la familia (a los quebequeses eso les importa menos, en su caso el miedo es a una hipotética pérdida de identidad, identidad de la que la religión ya no forma realmente parte, como lo demuestra este estudio) , por miedo al vacío, por miedo a inventarse una espiritualidad propia, o por miedo, punto (la sombra del infierno es alargada).

Peor aún: se transmite, por los motivos ya mencionados. Creo que muchos padres bienintencionados que, a pesar de no practicar, se empeñan en mandar a sus hijos a la catequesis, lo hacen porque creen que así los están equipando con un conjunto de valores morales, una especia de "ética para la vida en kit", como si fuera un mueble Ikea, sin examinar de cerca lo que incluye ese kit, que presenta los mismos problemas que cualquier forma de pensamiento prêt-à-porter. La de matrimonios por la Iglesia y bautizos católicos a los que he asistido en los últimos años, organizados por gente que cree más sólidamente en la existencia del hada Campanilla que en la existencia de Dios. Curioso, como parece más fácil dejar de creer en Dios que dejar de creer en la condenación eterna. O materna.

Mientras me decido a librarme de la dichosa plantilla -vamos, que aún soy oficialmente católica ante la Iglesia y su burocracia, pero me lo estoy mirando-, y me resigno a ser fulminada, no por un rayo divino, sino por un enfado materno, me entretengo leyendo a gente que demuestra que la religión puede combinarse con el sentido común (sí, sí, es posible), y con chorradicas como ésta. (El primer bus no es obra mía).

A pesar de este agnosticismo mío derivando -peligrosamente para mi alma- en ateísmo, podéis comprobar lo lamentablemente conformista de mi carácter examinando mi ortografía: a Dios aún le endilgo una D mayúscula muy a mi pesar, y es que la furia de la Real Academia se me antoja peor que la divina, o la de mi Santa Madre, a la que también distingo con mayúsculas veneradoras. Sé que las emociones fuertes que le proporciono a Santa Madre contribuyen a su salud cardiovascular, así que intentaré hacer a un lado el sentimiento de culpa.

Tan católico, él.