viernes, 6 de marzo de 2009

Tutorial de interés público: cómo darle una pastilla a un animal de compañía


Visto el interés que han manifestado la mayoría de mis amables lectores por la salud de Alfonso, hoy voy a reciclar/traducir/adaptar un tutorial de esos que circulan por Internet, mandado por un amigo (también dueño de un gato), que puede ser muy útil para los primerizos que se encuentran por primera vez siendo propietarios -o coinquilinos, en el caso de un gato- de animales de compañía. La cocina montrealesa demuestra así su utilidad doméstica, con otro tipo de recetas que las culinarias.

Los lectores que conviven con simpáticos mininos ya saben lo difícil que puede llegar a ser darles una pastilla. En cuestión de segundos, esa suave bolita de pelo que hace las delicias de su dueño puede volverse escurridiza como un jurel recién sacado del mar, y tan agresiva como si estuviera poseída.

Este tutorial también lo publico en respuesta a un correo de Liuia, dueña de Ginger, quien no parece muy dispuesta a colaborar en eso de tomarse la pastilla antiparasitaria.

INSTRUCCIONES PARA DAR UNA PASTILLA A UN GATO

1) Tome al gato en brazos y acúnelo con su brazo izquierdo como si estuviera sosteniendo a un bebé. Posicione el índice y el pulgar de su mano izquierda para aplicar una suave presión a las mejillas del gato mientras sostiene la pastilla con la derecha. Cuando el gato abra la boca, arroje la píldora dentro. Permítale cerrar la boca al efecto de que el gato trague la pastilla.

2) Recoja la pastilla del suelo y al gato de detrás del sofá. Acune de nuevo al gato en su brazo izquierdo y repita el proceso.

3) Saque al gato del dormitorio y tire la pastilla baboseada a la basura.

4) Tome una nueva pastilla de la caja, acune al gato en su brazo izquierdo manteniendo las patas traseras firmemente sujetas con su mano izquierda. Fuerce la apertura de mandíbulas y empuje la pastilla dentro de la boca con su dedo medio. Mantenga la boca del gato cerrada mientras cuenta hasta 10.

5) Saque la pastilla del acuario y baje al gato de encima del armario. Llame a su esposa (u otro cónyuge), que está en el balcón.

6) Arrodíllese en el suelo con el gato firmemente sostenido entre sus rodillas. Mantenga las patas traseras y delanteras inmóvilizadas. Ignore los gruñidos que el gato emite. Pídale a su esposa que sostenga la cabeza del gato con una mano mientras le abre la boca con una regla de madera. Arroje la pastilla dentro y frote vigorosamente la garganta del gato.

7) Baje al gato de las cortinas del salón. Traiga otra pastilla de la caja. Recuerde comprar una nueva regla y reparar los desgarros de las cortinas. Barra cuidadosamente los trozos del jarrón y póngalos aparte para pegarlos luego.

8) Envuelva al gato en una toalla grande y pídale a su esposa que lo mantenga estirado, con sólo la cabeza visible. Ponga la pastilla en una pajita de gaseosa, cual cerbatana amazónica. Abra la boca del gato con un lápiz. Ponga un extremo de la pajita en la boca del gato y el otro en la suya. Sople.

9) Verifique la caja para asegurarse de que la pastilla no es dañina para seres humanos. Beba un vaso de agua para recuperar el sentido del gusto. Aplique apósitos a los brazos de su esposa y limpie la sangre de la alfombra con agua fría y jabón.

10) Llame a los bomberos para que bajen al gato del tejado del vecino. Tome un calmante. Meta al gato en el armario ropero de su dormitorio y cierre la puerta sobre su cuello, dejando sólo la cabeza fuera del mismo. Fuerce la apertura de la boca con una cuchara de postre. Arroje la pastilla dentro con una goma elástica.

11) Vaya al garaje a buscar un destornillador para volver a colocar la puerta del armario en sus goznes. Aplíquese compresas frías en las mejillas y verifique cuándo fue su última dosis de la vacuna contra el tétanos. Lance la camiseta que tenía puesta a la lavadora y tome una limpia del dormitorio.

12) Llame de nuevo a los bomberos para bajar al gato del árbol de la calle de enfrente. Pague la multa por utilización abusiva de servicios públicos de urgencia. Discúlpese con su vecino por tanta molestia y por las heridas sufridas por su hija pequeña, que se interpuso en la huída del gato. Tome otro calmante.

13) Ate las patas delanteras del gato a las traseras con una cuerda. Átelo firmemente a la pata de la mesa de la cocina. Busque guantes de trabajo pesado. Mantenga la boca del gato abierta con una pequeña palanca. Ponga la pastilla en la boca seguida de un gran trozo de carne. Mantenga la cabeza vertical y vierta medio litro de agua a través de la garganta del gato para que trague la pastilla .

14) Haga que su pareja lo lleve a urgencias. Siéntese tranquilamente mientras el doctor le venda dedos y frente, y le extrae la pastilla del ojo. En el camino de vuelta, deténgase en tienda de cocinas para comprar una nueva mesa.

15) Llame a la protectora de animales para que vengan a recoger un gato para adopción, prepare historia que va a contar a los niños de cómo Kitty "se perdió", llame al veterinario para averiguar si tiene algún hámster para vender. Sino, cómprese un perro.


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INSTRUCCIONES PARA DAR UNA PASTILLA A UN PERRO

1) Envuelva la pastilla con una loncha de panceta.

17 comentarios:

natalika dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA...

Si lo leyera la famosa naturópata alternativa seguro que opinaba que "es normal que tu gato sea un inseguro"...

(En realidad se supone que debería estar trabajando y sólo me pasaba por aquí a copiarme el enlace de la boule para no olvidarme mañana de nada... jo, no vale, enganchas, esto no se puede hacer... me he caído de la silla de pura risa, bueno no, no me he caído, pero casi, así no hay quien curre, desde luego...)

liuia drusilla dijo...

Es la verdad desnuda. Aunque la primera vez que lo leí me reí el doble, porque pensaba que estaban exagerando. Qué feliz vivía en mi ignorancia ;P.
¿Sabes cuánto tardé en darle las DOS pastillas a la perra? Baste decir que tardé más en abrir la lata de paté que ella en deglutirlas, y si me descuido se traga la lata misma.
Gracias por echarme una mano, guapa :).

Noema dijo...

Este... los novios ¿cuentan como animales de compañía?

Besos :-D

PD: ¿me das permiso para utilizar el texto en mis clases y practicar el imperativo?

Arantza dijo...

Natalika: encantada de contribuír tu inminente despido, digo... menos samba y más trabajar, ¿eh? Que luego a ver cómo te pagas los libros :-)

Liuia: es verdad que esto hay que vivrlo en sus propias carnes para entender cómo dar una pastilla a un gato puede ocuparte una jornada entera. Por cierto, en uno de los enlaces del post, si vas a la página siguiente, encuentras una explicación ilustrada del método que te he explicado por correo, el de la "camisa de fuerza". Que la fuerza te acompañe.

Noema: bien sûr, ma chère. Sobre todo que yo no soy la autora del texto, sólo la traductora-adaptadora. Lo he hecho deprisa y corriendo, así que si encuentras algún desliz morfológico/sintáctico, o alguna interferencia en "frañol", ten la bondad de decírmelo, para que lo corrija. Éste es el tipo de cosa que yo les daba los viernes para que se rieran un poco.

natalika dijo...

@Arantza: No te preocupes, a mí sólo me puedo despedir yo misma... ahora que lo pienso incluso es probable que debiera hacerlo, con lo dispersa que llevo toda la semana... oooooohm...

CRIS dijo...

Ja,ja,ja,tronchante pero esto es real, sé que la gente que no ha tenido gatos se lo va a tomar como una exageración pero es real!!!, doy fe.

María dijo...

Huy!!! ¿Y una inyección antipulgas? Es misión imposible... Además normalmente es más difícil ponerle una vacuna o darle una pastilla al gato "tranquilo" de la casa. ¡Comprobado!

Dispersa dijo...

Jajajaja, gracias por alegrarme la mañana! Ahora voy a limpiarme los lagrimones que me están cayendo de la risa, y ya luego me voy a trabajar con otra expresión en la cara. Jijijiijijiji. Menos mal que no tengo gato, seguro que de lo contrario no me haría "tanta" gracia.
Un besuco.

Garbancita ® dijo...

:D

La verdad hecha síntesis. Medicar a un gato, debería ser una de las virtudes a destacar en un curriculm vitae, antes incluso que los idiomas.

No voy a entrar en detalles, pero aquí una servidora es una virtuosa en poner enemas a su gato...

Repito, no voy a entrar en detalles!

;)

La Lupe dijo...

Yo tuve una gata. Cuando la llevé a esterilizar, el veterinario me la devolvió embadurnada en pintura plateada y me dijo "hazle las curas". Cuando llegamos a casa y la gata recobró la conciencia, primero me odió intensamente, luego se metió en un ropero y se estuvo allí una semana. No me dejó que me acercara ni a hacerle un cariño. Mucho menos las curas, claro. Me sacó sangre 63 veces seguidas. Yo con el yodo y el algodoncito... Acabé poniéndomelos yo. Todavía me quedan cicatrices.

Arantza dijo...

Natalika: qué me vas a contar, sobre la dispersión... este blog es un producto de mi dispersión, justamente...:-)

Cris: y no cuento algunas anécdotas porque no me van a creer...

María: es verdad! Alfonso, con la pachorra que tiene, es el peor a la hora de dejarse "manipular" por el veterinario (o por mí), y Julieta, que es un manojo de nervios, se deja, dócil, casi hace la muerta.

Dispersa: que yo sé que tú eres madre, y he oído algunas historias sobre críos y supositorios que no tienen desperdicio... pero como dice Garbancita, mejor no entrar en detalles.
Garbancita: yo si tuviera un gato que necesitara enemas regulars, creo que lo daría en adopción a la velocidad de la luz. Que vale lo de forcejear con Alfonso embutido en una toalla, pero tengo mis límites.

Lupe: :-D :-D A mí Julieta, cuando la fui a buscar tras la operación, sólo me lanzó un "MAUUUUUUU!" cargadísimo de reproches mientras la veterinaria me la pasaba, que me hizo sentir una mala persona durante varios meses.

Ginebra dijo...

Sí, a mí me dieron la gata recién esterilizada y todavía durmiendo y me dijeron que procurase que el sitio en el que estuviera esos días estuviera limpio, que la tocara con cuidado, y que le hiciera las curas con mimo, y la muy guarra en cuanto despertó se escapó a lo alto del jardín, anidó allí una semana y hasta que estuvo recuperada no apareció por la casa. De lo que deduzco que mi jardín está limpio que te mueres.

Arantza dijo...

Ginebra (y Lupe): veo que mi veterinaria tiene ese carácter eminentemente pragmático tan norteamericano, porque cuando llevé a esterilizar tanto a Alfonso como a Julieta, me los devolvió sin pedirme que hiciera curas ni nada semejante. Menos mal. Me veo persiguiéndolos con un aguijón eléctrico -para atontarlos temporalmente- en una mano y el yodo en la otra. Porque Alfonso es vago y sedentario, pero en cuanto siente -y lo adivina, el maldito- que nos aprestamos a hacerle algo (cortarle las uñas, por ejemplo), se transforma en un atleta olímpico.

Anónimo dijo...

Hola,sigo con mucho interes tu blog,nosotros hemos pasado de tener dos perros a no tenerlos ya...bueno a lo q iba a la perrita cada dia le dabamos pastillas y mi hermana nos dio un consejo estupendo,hacer una bolita de pastilla con quesito caserio o similar,solia funcionar. Angeles.

Arantza dijo...

Angeles: bienvenida a la cocina. Es verdad que lo del queso funciona bien (yo también tuve perro), pero bueno, es que hacer que los perros traguen algo que huela vagamente a comida no tiene mucho problema :-)

Paco Bernal dijo...

Hola!
Mi gata Sofia tiene insuficiencia renal y le tengo que dar una pasti todos los días. Por si a alguien le sirve: hay una pasta de malta que es dulce y que a los gatos les encanta. Se la comen en un pispás. La mía es de vitakraft (www.vitakraft.com) aunque supongo que habrá de muchas marcas.
Mano de santo, vaya.
Saludos desde Viena

Arantza dijo...

Paco: cómo me alegro de que la pasta de malta te resulte con Sofía. Pero para que veas que cada gato tiene su carácter, yo les doy la misma a los míos, para prevenir las bolas de pelos. Julieta la adora, sin más problemas. Alfonso, curiosamente, (por lo glotón que es), no quiere saber nada de ella. Se me ocurrió usar el famoso truco de untarle la pata delantera con un pegote de pasta y, tras una hábil sacudida de pata, tuve que limpiarme la pasta del pelo, de la camisa, y de la pared. Y es que los felinos son muy suyos. :-)