miércoles, 29 de julio de 2009

Ah, la campagne (II)

Otro momentito de verano a orillas del San Lorenzo.











8 comentarios:

Juan Navarro dijo...

¿Te he dicho que tengo una hija enamorada de Canadá? Pues con ella te amenazo, Arantxa, cuando regrese estos días.

Anónimo dijo...

Sigo enamorada (profundamente) de las casas que fotografias, y me sigue alucinando que con esa aparence fragilidad de "casita de campo para el verano" la gente pueda vivir (y sobrevivir) comodamente durante vuestros inviernos.

Cada día estoy más convencida de que aqui no sabemos hacer casas...

No me extraña que la Dña. Marmota te de las gracias por permitirle vivir estos ultimos años en tu "barraca" (que de seguro es tan o más bonita que las casas de las fotos).

Un besazo bucolico...

Maite

María dijo...

Mía, la casa azul para mí. Son preciosas y además tus fotos les hacen justicia.
Saludos

Zarawitta dijo...

J´aime votre campagne... Considerando mi mal francés... me reduzco a un ahhh..... el campooo, con todo cursi y adormilado

Noema dijo...

Oh, chérie, ¡qué bonita luz a la puesta de sol!

La Lupe dijo...

Aquí hace un aire sahariano y todo el mundo por la calle suda y se arrastra y dice "en Canadá, teníamos que vivir en Canadá". Yo pensaba que era por las temperaturas, pero lo más seguro es que hayan visto tus fotos.

Arantza dijo...

Don Juan Navarro: venga esa hija, que me suelte sus comentarios, estoy preparada.

Maite: No eres la única que piensa así, es algo cultural. Es curiosa la idea española (y bastante europea... del sur de Europa) de que una casa no es sólida ni durable si no está hecha de piedra, ladrillo o cemento. Los caseríos vascos, ejemplo de solidez estructural donde los haya, se apoyan sobre enormes vigas de... madera, que sostienen el peso de las piedras que forman las paredes. Y duran siglos. La casita de nuestros amigos es de madera, y tiene más de doscientos años. Las casas de madera no sólo tienen la ventaja de construírse mucho más rápido y poder reformarse más fácilmente (se pueden desplazar tabiques y añadir a la estructura), sino que, envuelta de una membrana aislante y que corte el viento, son mucho más calientes que las casas de piedra, y mucho más eficaces desde un punto de vista energético. En todo caso, yo he pasado mucho más frío en los inviernos españoles que en los de aquí. Hablé un poco de esto en este post, hace tiempo:
http://micocinaenmontreal.blogspot.com/2008/08/chez-michelle-marie.html
Y no, mi barraquita montrealesa no es así (ya me gustaría), es un bloque de ciudad (de dos pisos, aquí no se construye tan alto), revestido de ladrillo, pero con una estructura de... madera. :-)

María: gracias.

Zarawitta: ¿el campo, cursi?
No estoy de acuerdo, Zara. :-)

Noema: tu ojo legendario de fotógrafa no te engaña, estas fotos fueron efectivamente tomadas a la puesta de sol. Chère. :-)

Lupe: oh, ah, gracias. Yo no diría no a un poco de calor sahariano, más que nada para pillar el próximo invierno con más ganas. Aunque ahora parece que ha vuelto ese calor amazónico a Montreal. Te escribo mientras el desodorante me abandona progresivamente. Así que te dejo.

Pumuky Viajero dijo...

Ummm
Me están entrando muuuchas ganas de viajar un día de estos a Canadá...
El otro día un amigo me contó que estuvo en agosto y que era precioso...
Saludos viajeros