lunes, 13 de abril de 2009

Tarta de limón: "Au revoir, Annette"

NOTA: (La publicación de esta entrada, programada para un poco más tarde, ha sido adelantada por esas cosas que pasan, cosas que, aunque una se las espera, siempre terminan por pillarla de improviso. El texto del post lo he dejado tal cual, sólo he cambiado el título, en pequeño homenaje a Annette, la suegra más maternal y más fácil de complacer que nadie haya tenido nunca. Le gustaban mis postres, fumar a escondidas, leer novelas, uno de los musculosos enfermeros que se ocupaba de acostarla y levantarla, tomarse una cervecita de vez en cuando y hacer chistes sobre todo.)
Tarta agria de limón para la suegra (...o tarta de limón para la suegra agria, si la vuestra lo es)... pero tampoco es cosa de ponerse ofensiva, porque mi suegra no sólo es sumamente amable y nada agria, sino que además está de un frágil que dan ganas de cocinarle postres muy dulces y ligeros, de los que casi no hay que masticar.

A la pobre, cuanto más se le va la salud, más le desaparece el apetito, y a medida de que la vida la va dejando, muy poquito a poco, se diría que las papilas le regresan a la infancia y que recupera sus gustos de niña. Así que ahora la única comida sólida que le apetece son los postres, y a estas alturas no está como para pensar en nutrición equilibrada y demás zarandajas.

Yo echo mano de recetarios de abuelitas norteamericanas y le hago postres tradicionales. Como esta tarta de limón y merengue (Meyer lemon pie), que antaño, cuando era capaz de cocinar, ella preparaba tan a menudo. Va muy bien en esta fase final de su vida: una fase agridulce. Preparada con limones meyer.

Si tenéis una suegra con un carácter muy agrio, puede ser un buen postre-indirecta. Os aconsejo entonces doblar la cantidad de zumo de limón, para que vuestra madre política ponga esa cara que dicen en inglés, "she looks like she just sucked a lemon" ("tiene una expresión como de quien acaba de chupar un limón"), que tan bien describe a la gente antipática.

Por cierto, que lo de hacer merengue es como hacer mayonesa: muy simple y complicado a la vez. Si se os resiste, he aquí algunos sabios consejos.

domingo, 12 de abril de 2009

Domingo de Pascua canadiense

La Semana Santa en Canadá toma un aspecto muy diferente del que tiene en mi España natal. Cuando vivía por allí, especialmente durante mi infancia, siempre me pareció vagamente siniestra, algo así como nuestro Halloween patrio católico.
Aquí nadie se flagela, ni se clava coronas de espinos, ni se arranca por saetas sentidas, ni lleva gorros de nazareno que me mato explicando a monsieur M. que no tienen nada que ver con el Ku Klux Klan.
El domingo de Pascua, fiesta de pesadillescos colores pastel aquí en Canadá, los niños canadienses participan en las clásicas "búsqueda y captura" de huevos de Pascua que el conejo de Pascua, único mamífero de su especie capaz de poner huevos, ha dejado en el jardín,



... comen los pollitos (y otros seres primaverales) de marshmallow Peeps,

...y reciben los típicos conejos de Pascua de chocolate,

... animalitos que parecen tener sus propios problemas por estas fechas.






jueves, 9 de abril de 2009

Dumplings


"Dumpling" no es ningún nuevo deporte extremo. Quiere decir ravioli. El mundo de los dumplings es infinito, existen en prácticamente todas las culturas culinarias.
Éstos son raviolis chinos, aunque se parezcan mucho a los pierogi. Se llaman jiaozi. Acompañados de una ensalada de zanahoria y manzana ralladas, piñones, pasas y jugo de lima, que no es china, pero está deliciosa.
Rrrico, rrico. Y con fundamento.

martes, 7 de abril de 2009

Sanity drives me insane / O de cómo la cordura puede volverte loca

En esta vida canadiense de ensueño y glamour que llevo aquí, en Montreal, una parte vital (y la razón por la que aterricé en este lado del Atlántico), es monsieur M., mi quebequés de marido, mi coloso canadiense, mi hombre tranquilo, mi John Wayne particular (pero sin el toque de derechas que Mr. Wayne tenía un poco exacerbado para mi gusto).

Como ya os he hablado muy a menudo de él, probablemente sabéis que mi nada abominable hombre de las nieves medita, es zen, horriblemente paciente, budista y carpintero / electricista / fontanero en sus ratos libres. Y ha eliminado el apego, excusa que le resulta particularmente socorrida cada vez que hacemos un viajecito a Ikea y me vuelvo loca queriendo comprarlo todo.

Aparte de reformar la barraca montrealesa que intentamos adecentar desde hace ya una década (estamos recreando nuestra propia versión de "Esta casa es una ruina", aquella patética película del 86 con Tom Hanks, que los brontosaurios como yo recordarán), monsieur M. lleva una década intentando reformarme la psique.

Noo, no es verdad, nada más lejos de su intención. Lo único que intenta es que mis neurosis no lo alejen del Nirvana que alcanzó hace ya tiempo con gran esfuerzo.

El problema de convivir con una persona carente de neurosis, sumamente equilibrada y madura y con una salud mental a prueba de bomba, es que tanta cordura puede terminar por volverte loca.

Por daros un ejemplo de este delicado equilibrio marital en el que vivimos:

Viernes por la noche, reposición en la tele por millonésima vez de "Atracción fatal". Demasiado cansados y vagos para cambiar de canal o poner algo mejor en el DVD, estamos sentados -derrumbados describe mejor la postura- en el sofá viendo el ataque de locura final del personaje de Glenn Close. Mientras los títulos de crédito desfilan en la pantalla, la cabeza apoyada contra el fornido hombro de monsieur M., comento, de forma edificante:


Yo (edificante): -"Los celos patológicos son una muestra de falta de confianza en uno mismo, de baja autoestima. Si el personaje de Glenn Close hubiera seguido una terapia, hubiera aprendido a quererse a sí misma lo suficiente como para afrontar que el hombre que ama no le corresponda, y seguir viviendo una vida plena y satisfactoria." Todos esos libros de autoayuda fueron una buena inversión. Seguro. Bueno, quizá no todos. "Tus zonas erróneas" no tanto. Ni "Lo que está diciendo cuando no dice nada". Ése, especialmente, fue tirar el dinero.

Monsieur M., soñoliento, sin levantar la cabeza del cojín y sin querer mojarse : -"Hmm."
Yo: -"Yo nunca caería en la trampa de los celos. Antes cultivaría una vida enriquecedora, aunque estuviera sola, que ser dependiente de la mirada de otra persona para ser feliz y sentirme completa." Definitivamente, tengo que dejar de ver "Dr. Phil".

Monsieur M., conteniendo un bostezo: -"Mmpf."

Yo (girando la cabeza para clavarle LA mirada): -"Es lo que me gusta de hablar contigo. Los puntos de vista interesantes y novedosos que aportas a la conversación. El intercambio de ideas."

Monsieur M., la cara con cuidadosa expresión neutra: -"Es viernes por la noche. Estoy molido. El personaje de Glenn Close es una mujer que está loca como un cencerro, más que terapia y confianza en sí misma lo que necesita es una celda acolchada, una camisa de fuerza e inyecciones masivas de calmantes. Y los ataques de celos ni me conciernen, ni me parecen un tema de conversación interesante."

Aguafiestas.

Yo (picada): -"No, si ahora me dirás que nunca has sentido celos."

Monsieur M., mirando al techo y poniendo los ojos en blanco: -"Nunca he sentido celos. Los celos deben de ser una tradición de país mediterráneo. Soy demasiado nórdico para perseguir a tus admiradores en camiseta de tirantes. Y aquí hace demasiado frío para ese tipo de camisetas."

Yo (incrédula-exasperada): -"¿Nunca has estado celoso? ¿Ni siquiera un poco? No me lo creo."

Monsieur M., con expresión aburrida, zapeando canales con el mando a distancia: -"Nunca. Jamás. Jamais de la vie. No soy tu propietario. No eres un objeto que se encuentra en mi posesión, por lo tanto, no me perteneces. En consecuencia, estás conmigo por decisión propia, y si no has cambiado de decisión, no tengo motivos para sentirme inquieto. Y si te rondan otros hombres, mon très cher petit loup, como tú eres tu única dueña, tú decides lo que haces al respecto. Lo mismo se aplica en mi caso. Hay otras mujeres con las que trato todos los días, pero mi decisión está tomada." Exhala ruidosamente, como cansado de haber hablado tanto.

La verdad, en diez años juntos, rara vez le he oído soltar tantas palabras juntas. Mi marido preferido no es lo que se dice un hablador.

Yo (comenzando a germinar una idea): -"¿Otras mujeres con las que tratas? ¿Con qué otras mujeres tratas, exactamente?"

Monsieur M., girando la cabeza, con gesto de sorpresa: -"Euh, por ejemplo, en este proyecto de ahora trabajo con una joven ingeniera, una chica muy simpática, recién salida de la universidad, súper competente, inteligente..."

Yo (mirándole ahora con MUCHO interés): -"¿Ah, ?"

Monsieur M., sin darse cuenta de la interrupción, sigue: -"...alta y guapa, además, un cuerpo atlético... creo que ha ganado competiciones de natación, o algo así, me dijo el otro día en la comida..."

Yo (mirada oscura y fija, tono suave y ligeramente siniestro): -"¿... en la... comida?"

Monsieur M., me lanza una mirada de soslayo, y se agita en el sofá, inquieto: -"Euh, sí, la... comida, tuvimos que visitar una obra juntos... ¡NO juntos-juntos! Juntos... con el... equipo de inspectores," (sigo clavándole la mirada, sin parpadear) "...MUCHOS inspectores, al menos una docena, y, ehr, comimos TODOS juntos... todos..." (aún no he pestañeado) "... todo el grupo... un montón de gente."

Yo: -"---".

Monsieur M., en terreno movedizo, intentando arreglarlo y hundiéndose aún más: -"De todas formas, esta chica... no, no ...chica, ...cría, es una cría, un bebé, demasiado, euh, ...inmadura." Se rasca la cabeza y parece desinflarse, soltando el aire que le queda en los pulmones.

Yo (con tono aterciopelado, apoyándome en su hombro y acariciándole un lado de la mandíbula con un dedito): -"Hm." "Si me entero de que la TRATAS mucho a solas, ya sabes, juntos-juntos, a esta joven-atractiva-ingeniera-de-talento-con-cuerpo-atlético, te vas a encontrar todas tus pertenencias en cajas de cartón a la puerta de casa, ardiendo, muy posiblemente; el coche con el parabrisas roto por el lanzamiento de tu ordenador portátil, y descubrirás que, súbitamente, tu llave ya no abre la puerta."

Monsieur M. traga saliva ruidosamente.

Yo (con el mismo tono suave): -"Y después me presentaré en tu oficina para arrancarle la cabeza. A la joven ingeniera de talento, quiero decir. Y te esperaré en el coche para atropellarte a la salida."

Otra ruidosa deglución.

Monsieur M. farfulla: -"Euh, ¿te he dicho ya que esta noche estás particularmente guapa?"

Guardo silencio, impasible, mirando a la tele.

Dudoso: -"¿...reina mía?"

Yo: -"---".

Monsieur M., sudando un poco: -"¿Mi diosa?"

Lo miro con una amplia sonrisa.

A la porra el equilibrio emocional, la autoestima y la seguridad en sí misma. Contra unas piernas de veintiséis años largas y torneadas, nada como un poco de sana psicopatía conyugal.

Imagen de Ed Polish & Darren Wotz

domingo, 5 de abril de 2009

"Kiss-me-I'm-Irish" Guinness Cake


Cuando escribí el post sobre la fiesta de St. Patrick, pasé un rato investigando un poco sobre el tema. Un postre temático recurrente en esas fechas que me llamó la atención es un cake bastante peculiar: un cake hecho con cerveza Guinness. Mi ingesta de alcohol es casi inexistente, pero si hay una sola marca de cerveza cuyo sabor me gusta es la Guinness. Al ver esta receta, pensé que ese sabor profundo de malta y el color caramelo de la cerveza negra tenían que ser interesantes en un pastel de chocolate.

Descubrí esta receta en la sección de cocina del New York Times, pero os pongo un enlace a un blog que ilustra más claramente la preparación. La receta del Times parece que viene del otro lado del charco, de un libro de Nigella Lawson.

Los cambios a la receta original fueron los habituales: aceite vegetal en lugar de mantequilla (colesterol habemus), como hay que fundir la mantequilla en esta masa bastante líquida, el cambio no influye en la textura. La receta explica que hay que calentar la cerveza en un cazo al fuego, instrucciones que me dieron bastante grima y que pasé por alto, porque me pareció que el calor iba a alterar el sabor malteado y delicioso de la Guinness. También remplacé el azúcar blanco por azúcar moreno, pero como la receta dice "superfine sugar", molí el azúcar en el robot de cocina un momento, por si acaso. Aproveché para mezclar el cacao en polvo (negro, negro) y darle un golpe más de molinillo, lo que creo que mejoró el resultado final.

El glaseado propuesto en la receta, con queso Philadelphia, no me apetecía nada, me parece que enmascara demasiado el sabor del pastel. Así que lo que véis en la foto es una cobertura (fina) de chocolate blanco, por imitar el blanco cremoso de la espuma que corona una buena pinta de Guinness.

Cuando lo vuelva a hacer, voy a intentarlo con miel o melaza en lugar de azúcar (probablemente necesitará más tiempo de cocción), porque creo que le darán un sabor aún más intenso a este pastel ya de por sí estupendo.


El resultado es delicioso como pocos bizcochos de chocolate que haya hecho en mi vida (si acaso, sólo superado por el pastel de chocolate negro y espresso que publiqué hace tiempo). Este pastel no sabe a cerveza, contra lo que podáis suponer. La única traza que deja la Guinness es un toque acaramelado de malta, que sirve de nota de fondo para el pronunciado sabor a chocolate negro.

La textura es sublime (sí, sí, sublime): esponjosa, delicada, ligera (la cerveza ayuda a levar la masa). La única palabra que puedo encontrar para describirlo es en inglés: moist. Puede traducirse por "nada seco" o "húmedo", pero ambas traducciones no tienen el toque lujurioso del adjetivo inglés.

Un buen pastel, de preparación muy simple, para un cumpleaños masculino, por ejemplo. O femenino, qué caramba. Por aquello de celebrarlo con una cervezota. Y una partida de dardos.

sábado, 4 de abril de 2009

You say tomato, I say "Clamato": Están locos, estos romanos (IV)


¿Qué se puede decir de una bebida -fría- que aúna el jugo de tomate... con caldillo de almejas? Eso es el Clamato. Y lo peor es que no está mal. Incluso ha originado la versión canadiense del Bloody Mary: el Bloody Caesar. Parece que es excelente contra la resaca.


Están locos, estos romanos.

jueves, 2 de abril de 2009

Love walked in


"Si no has visto "Historias de Filadelfia", para de hacer lo que estés haciendo, alquílala y siéntate a verla. Probablemente exagero si digo que, hasta que no la hayas visto, habrás vivido una vida incompleta y sin color. En cualquier caso, esta película se sitúa definitivamente en la lista de cosas perfectas. Ya sabes lo que quiero decir, la lista que incluye el cielo estrellado en el desierto, los sándwiches de queso fundido a la plancha, "El gran Gatsby", el edificio Chrysler, Ella Fitzgerald cantando "I don't mean a thing (if you ain't got that swing)", las peonías blancas. y esos pequeños esbozos de manos, dibujados por Leonardo da Vinci."

Extracto de "Love walked in", de Marisa de los Santos (traducción propia)

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"[...] I also thought, fleetingly, of Soren Kierkegaard [...] saying something like this: rational thought is as holey as a moth-eaten sweater; at some point, girl, you need to take a leap of faith. He's talking about religion, but I'd say the same is true for friendship, the two having never been that far apart in my mind."

Extracto de "Belong to me", de Marisa de los Santos

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En mi caso, la lista de cosas perfectas incluiría (además de "Historias de Filadelfia") cosas ligeramente diferentes, como:

- Las películas "El hombre tranquilo" (la mejor pelea en el mejor pueblo de locos de la historia del cine ), "La chica del adiós" (para todos aquellos que han tenido problemas con compañeros de piso compartido) ,"Doctor Zhivago" o "La hija de Ryan" (¡o las dos! por ser las mejores historias de amor de todos los tiempos), "El piano" (por la misma razón), "Annie Hall" (o cómo empiezan y se terminan algunas de esas historias) o "Matar a un ruiseñor" (tanto la novela, como la película, por mostrar lo mágica y terrible a un tiempo que es la infancia, y por el mejor personaje símbolo de la integridad que he visto nunca).

- El olor a pan horneándose en la cocina.

- Etta James cantando "At last" o Dinah Washington cantando "What a difference a day makes".

- La sonrisa de mi sobrina.

- Las nevadas de diciembre, con copos enormes y esponjosos, como inflados al helio, especialmente al anochecer, salir la primera a pisar la nieve en medio del silencio con el que cubre la ciudad.

- Las trufas rellenas de nata de la confitería Goya de Vitoria.

- Monsieur M. intentando bailar (escondamos todo objeto frágil), o echándose una de sus homéricas risotadas. Julieta siempre se asusta y se esconde bajo la cama.

- Mirar al mar desde el acantilado de Azkorri, o, en su defecto, mirarlo en un cuadro silencioso de Edward Hopper...

- La vinagreta al ajo y perejil de Jean-Pierre, el mejor amigo de monsieur M. Me gusta tanto que por mi último cumpleaños me regaló una botella llena.

- Apoyar la cabeza a medias sobre el lomo de Alfonso, que duerme en el respaldo del sofá, y cerrar los ojos escuchando su ronroneo, un libro en el regazo, una tetera en la mesa. Siesta segura.

- Y en lo de las peonías estoy perfectamente de acuerdo.

¿Y vuestra lista? ¿Qué pondríais en ella?

Uno de los libros que he leido últimamente y que me ha gustado, es un libro de Marisa de los Santos, "Love walked in", su primer libro.

Este libro me ha sorprendido, porque raras veces he encontrado en una novela una protagonista que me parezca casi mi alter ego. Todos nos reconocemos en personajes de ficción, algunos más cercanos a nuestra persona que otros, pero es raro que un personaje tenga las características de un reflejo en un espejo, como es el caso de esta novela.

Pero quizá lo que más me ha gustado es que este libro tiene esas cualidades de las buenas películas clásicas de la época dorada de Hollywood (los 40 y 50), esas películas que idolatro, al igual que la protagonista: ingenio y humor -sin crudeza-, amor -sin empalago-, y unos diálogos como partidas de ping-pong, en los que las réplicas rebotan deliciosamente de un personaje a otro con facilidad y fluidez.

El segundo, "Belong to me", todavía no ha sido traducido al español (creo). Podría decirse que es una continuación del primero, aunque pueden leerse en desorden sin tener la sensación de que nos faltan elementos de la trama (yo lo hice, y no tuve ningún problema). Las dos historias se suceden cronológicamente, y los personajes principales son los mismos, pero son independientes narrativamente .

No sé si las traducciones serán buenas, pero estas dos novelas, que he leido en inglés, me han gustado por el estilo de escritura, el humor chispeante y la forma exacta y realista de tratar los temas centrales, o más bien EL tema central: el amor, declinado en múltiples formas, el amor de pareja, el amor maternal, la amistad entre mujeres, el esfuerzo y el respeto que requiere amar de la mejor forma posible.

Y un tema secundario: la felicidad, que no consiste exactamente en obtener todos nuestros deseos y sueños, sino en saber exactamente qué deseamos, aunque no lo obtengamos, y en ser capaces de seguir soñando a pesar de todo.