sábado, 12 de septiembre de 2009

Barras diligentes de dátiles "vuelta al cole" / "Back-to-school" Dutiful Date Squares / Carrés aux dattes de la rentrée

"I didn't do very well in my math test —I couldn't seem to persuade the teacher that I hadn't meant my answers literally."
Calvin

"My education was dismal. I went to a series of schools for mentally deranged teachers." ("Mi educación fue siniestra. Fui a varios colegios para profesores con problemas mentales.")
Woody Allen

Yo no sé si a vosotros os pasa, pero a mí, como a todos a los que nos ha gustado ir al colegio y estudiar, cuando llega la vuelta al cole me entra un ramalazo de envidia al ver a los peques desfilar el primer día con sus flamantes mochilas nuevas. Tampoco vayáis a pensar que yo estudié en una escuela idílica y maravillosa, no, mi colegio andaba muy lejos de ser Hogwarts. Sufrí mi dosis de profesores amargados y de compañeros de clase odiosos. Pero también tuve algún buen profesor, me gustaba aprender, me gustaba la rutina escolar (sí, sí) y a finales de agosto yo era una de esas niñas bastante nerdy que miraba con arrobamiento su goma de borrar y su lápiz nuevos, abría sus libros y los hojeaba con entusiasmo. Tantas páginas con delectable olor a libro nuevo, tantas promesas de aprendizaje masacradas luego por enseñantes incompetentes... Creo que ese amor por la escuela debe de ser la razón por la que tantos desequilibrados como yo terminan por ser profesores.

En Quebec los chavales volvieron al cole la última semana de agosto, así que Monsieur M. (que comparte conmigo ese amor por la escuela, pero que es demasiado estable mentalmente como para trabajar en la enseñanza) y yo ya hemos pasado nuestro momentito de nostalgia de cada septiembre, que invariablemente superamos comprándonos un cuaderno cada uno. Como este año no trabajo en la escuela, mi caso se ha agravado un poco, y he tenido que acompañar el cuaderno de un diccionario nuevo, cosas ambas que han hecho que me sienta mucho mejor.

Una de las cosas que vuelve con la vuelta al cole (la rentrée, en Quebec) y la agenda bien apretada, es les collations, o las cositas para picar que una lleva en el bolso, para remediar posibles bajones de energía durante la jornada.
Aquí hay una excusa pseudomédica que se estila mucho para justificar esos picoteos: "Soy hipoglucémica", pero en la mayoría de los casos es una forma más refinada de decir: "Soy bastante tragona". Que lo soy, por Júpiter. Aunque tengo que decir en mi defensa que el hecho de que mi bolso, esa caverna de Alí Baba, contenga siempre algo de comer en forma de cookies de avena, manzana y otras frutas, queso, almendras o similares, me impide caer en la tentación de comer una de esas MacMarranadas que tanto abundan por aquí. Porque yo cuando tengo hambre no tomo prisioneros. Y la conciencia nutricional se me va al garete. También hay que decir que el variado contenido de mi bolso, a pesar de ser objeto de mofa y befa por parte de mis amigas, les ha sacado de penas más de una vez. Es mi instinto nutridor, que me puede. Parezco una madre, repartiendo comida y toallitas limpiadoras a derecha e izquierda. Caray.

Una de esas cosas muy socorridas para llevar en el bolso, por lo compacta, poco perecedera y porque no se aplasta en el fondo convirtiéndose en un pegote irreconocible, son las barras de cereales. Cuando llegué a Canadá, la moda aún no se había extendido a España, pero aquí era la fiebre de la super-nutrición-en-barra. Barras de granola, barras de fruta deshidratada, barras de proteínas. Y cuando uno mira los ingredientes de cerca, se da cuenta de que la mayoría de las marcas más populares contienen sobre todo un ingrediente: azúcar. O sirope de glucosa, sirope de maíz o fructosa, todos ellos igual de poco saludables que la buena y vieja azúcar. A eso le añades unos cuantos cereales rancios, aceite de palma hidrogenado, lo bañas de una capita de chocolate malo, y voilà!. Mierda en barra. Perdón. "Barra energética", lo llaman por aquí. Que la mayoría de las bienintencionadas madres meten en los almuerzos escolares de sus hijos pensando que es alimento, cuando equivale a un KitKat. Pero sin el placer culpable.

Si eres un poco exigente y quieres algo bueno (con frutos secos y nueces, sin azúcares refinados, con miel, con cereales integrales...) te dejas una pasta. Así que hoy os propongo una receta clasiquísima en Quebec, de las de la abuela, en versión -muy- ligeramente remozada, de un postre que también puede servir de merienda energética para los chavales (y no tan chavales), muy rico y nutritivo. Una buena solución para la "bolsa marrón". Y se hace en menos de lo que tardas en decir "barras energéticas".
Otra receta con avena. Ultimamente mi médica no para de cantarme las alabanzas de la avena y sus efectos anticolesterol, así que ando comiéndola cual caballo percherón. Ahí va:


BARRAS DILIGENTES DE DATILES / CARRÉS AUX DATTES

Ingredientes para el relleno:

- 500 gr. o 4 tazas de dátiles, cortados por la mitad y deshuesados

- 1 taza (o más, depende de lo frescos que estén los dátiles) de agua caliente

- 1 cucharada sopera de zumo de naranja

- 1 cucharada sopera de Maizena

- 1 cucharada de té de extracto de vainilla

- 1 pizca de clavo molido (esto es mi toque personal)

Ingredientes para la masa

- 1 taza y media de harina integral

- 1 taza y media de avena

- 1/2 taza de azúcar moreno (o miel, o sirope de arce)

- 1/2 taza de mantequilla, margarina o aceite vegetal ( no de oliva, algo de sabor más neutro)

- 1 cucharada de té de bicarbonato

- 1/2 cucharada de té de sal

Preparación

En un cazo a fuego medio, mezclar los dátiles con el zumo, la vainilla y el agua (previamente calentada en un cazo aparte). En una taza aparte, disolver la cucharada de Maizena con un poco del agua caliente y mezclar con el resto. Revolver bien y vigilar para que no se pegue (añadir más agua caliente si es necesario), hasta que los dátiles hayan absorbido el líquido y se hayan ablandado. Como la cantidad de agua es variable, el resultado debe ser un puré bastante espeso. Retirar del fuego y pasar un poco por la batidora, si os gusta un relleno de aspecto uniforme. Si lo preferís chunky, dejar enfriar tal cual.

Precalentar el horno a 190 º. En un gran bol mezclar los ingredientes secos: la harina, el azúcar, la avena, la sal y el bicarbonato. Añadir la mantequilla en pedacitos pequeños y mezclar un poco con los dedos . La mezcla será seca y muy grumosa, no os esperéis una masa de bizcocho.

Cubrir el fondo de una fuente de horno rectangular -previamente engrasada- de la mitad de la mezcla para la masa, apretándola un poco con las palmas de las manos. Verter uniformemente el relleno de dátiles y extenderlo, alisándolo bien. Echar por encima el resto de la masa, distribuírla de forma uniforme y apretar ligeramente. Al horno, ¡hop!, 30-35 minutos, hasta que se dore un poco.

Esperar a que se enfríe para cortar en cuadrados -¡o barras!-, de lo contrario el relleno aún estará blando y se os desmigará todo, como me pasó a mí en estas fotos. Una excusa estupenda para comerse todos los pedazos cortados. Si aún frío os queda un poco blandito, añadid menos agua la próxima vez.

Por cierto, con dátiles también pueden hacerse otras cosas muy ricas.

17 comentarios:

An dijo...

A mi me gustaba ir al colegio...eswtudiar ya es otro cuento XD....no siento envidia de los niños, lo que si tengo es añoranza de aquella ilusión por los libros nuevos...me encantava...me los leia en dos día (escepto matematicas) Tendre que probar esta receta algun día. SAúdos

Guru dijo...

No me gustan los dátiles. Ya me has hecho llorar. ¡¡¡Estarás contenta!!!

María dijo...

A mí el cole en sí no es que me gustase mucho... pero me encantaba comprar las nuevas gomas de borrar, los lápices, los cuadernos... los libros no tanto porque los heredaba.
Ahora paseo por las librerías con "cara de mono". Es que mi hijo utiliza lo del año pasado que esté bien (cuadernos incluidos) y como lo cuida todo... Eso sí, ya he caido y le he comprado varios lápices y un sacapuntas genial.
Saludos

Marona dijo...

Creo que ese síndrome de los cuadernos, libros nuevos y lápices afilados es el motivo secreto por el que volví a estudiar (jujujuju). Las barritas de cereales caseras me chiflan, creo que probaré estas tuyas que no tienen tanta azúcar como las últimas que hice (es que Nigella y su leche condensada me pierden, ains)

Merce dijo...

Esta carrot cake con dátiles (y sin azúcar) está muy buena, aunque es bastante densa (hay que comerla a trocitos pequeñitos): www.101cookbooks.com/archives/carrot-cake-recipe.html

Noema dijo...

Qué te voy a decir yo que también he acabado de profesora, en fin. Esta semana unas gominolas que llevaba en el bolso me salvaron la clase, bueno, a mí no, a los alumnos de un curso nocturno que tenía. Los pobres estaban empezando a escurrirse ya de las sillas y a desaparecer desvanecidos debajo de las mesas hasta que me acordé de las gominolas, resucitaron.
Por cierto, toda una ciencia eso de la bolsa marrón, por lo que veo. Me encantan estas barras con la pasta de dátiles, ñam, ñam. Y muy cucas tus servilletas a juego con el blog. :-D

YoSusan dijo...

Me encantan los dátiles y resultan muy bien en muchas combinaciones; con bacon, roquefort,salchicha,pavo, etc etc. Pero nada, como cogerlos entre los dedos índice y pulgar, cerrar los ojos y morder hacia la mitad para luego tirar suavemente,y poniendo todos los sentidos en el paladar dar la vuelta agarrar por la pipa y morder el resto, entonces se entiende el porqué desde la antiguedad se le ofrecía a los dioses, es comida para idem. el Desierto del Negev en Israel los ofrece como el mejor de los manjares ,grandes y carnosos, dulces y nutritivos, y carísimos por cierto.
Desde siempre los nómadas del desierto los han tenido como base para alimentarse en su camino.
Desde que tengo narices en casa siempre hay dátiles naturales.
Un saludo

CRIS dijo...

Wow!Esto si que es un auténtica barra energética. Como tu bien dices la avena tienen fantásticos beneficios pero después de comer porridge duante una temporada me percaté de que me daba una somnolencia insoportable y me dormía encima de la faena y dejé de tomarla, aunque a veces la tomo en sopa por la noche por el motivo anterior.
A tí, me parece que lo que te gusta no es el retorno a la escuela, sino ese ambiente otoñal que se va tejiendo poco a poco de niños con carteras correteando encima de las hojas crujientes.
Un beso

La Lupe dijo...

A mí la vuelta al cole me parecía peor que la muerte. Después de tres meses de ir salvajemente descalza y ensalitrada tenía que llevar zapatos. Y uniforme. Y hacerme coletas. Y responder a las monjas cuando me hablaban. Ninguna cantidad de lápices y cuadernos nuevos, ni siquiera las castañas y las naranjas chinas que me ponía mi madre con el bocadillo, podían compensar tanta desgracia. Y los libros eran de texto, por amor de Dios.
No, no. Todavía no me he recuperado de eso.

Mónica Carratalá dijo...

Veo que la nostalgia por la vuelta al cole es generalizada, y yo que me creía un bicho raro! Es imposible olvidar el olor a libros, gomas de borrar y lápices, de la única papelería de mi barrio. Ahora no es lo mismo, el hiper de turno no huele ni parecido, por eso siempre hay que dejarse caer por alguna papelería-librería, para que nuestros hijos memoricen ese olor tan reconfortante. Snif, hace ya tanto que se fue. Por supuesto, yo también me he comprado una libreta nueva, de pastas duras y un portalápices nuevo. Qué emoción!

José Antonio dijo...

Pues a mi si me gustaba aunque, como siempre me quedaban asignaturas que estudiar en verano, no podía abandonarme a la molicie. Eso si, el entusiamo me duraba un par de semanas o hasta que llegaba el primer boletín de notas. Mi hijo mayor, sin embargo, ha heredado la inteligencia de su madre (no suspendía nunca, la puñetera) y el desorden /despiste mío: una mezcla explosiva.

María dijo...

¡Ay! Os vais a reir. Hoy tenía que comprar un cuaderno a mi hijo (tamaño cuartilla, sin espiral y de dos rayas) y en la librería me he encontrado con un representante de Unipapel. Y nos hemos puesto a hablar de cuadernos ( a mí me encantan los "Clairefontaine" por el tipo de papel que utilizan).
Me ha enseñado unos que fabrican en Logroño con papel de 90 gramos satinado... Luego hemos hablado de plumas (dice que los de Pilot tienen una pluma desechable que es una pasada) y de los bolis que los buenos son con base de aceite.
para que veaís que locos hay por todo el mundo, ja, ja.

Arantza dijo...

An: ah, las matemáticas, mi asignatura más aborrecida. Ah, el cole.

Guru: bueno, Guru, a mí tampoco me gusta el mazapán, pero cada vez que veo una receta tampoco me arranco en sollozos. Emotiva estás, hija mía.

María: eso de que tu hijo sea capaz de reutilizar... muchos padres matarían por tener tu suerte, sobre todo con los tiempos que corren. La mitad de mis alumnos de primaria se habían comido (literalmente) los lápices y pinturas antes de que llegaran a finales de septiembre.

Marona: ya me parecía a mí, ya... :-). Tengo que ir a echarle un vistazo con más detenimiento al sitio de Nigella; aquí también se venden sus libros, pero la última vez que hojée uno me pareció un poco demasiado "indulgent" para el estado actual de mis arterias (y mollas variadas), así que no me atreví a comprarlo. Reservaré alguna de sus recetas para Navidad, cuando haya tregua nutricional :-).

Merce: gracias mil por la receta, guapa. Es exactamente el tipo de receta que me gusta. Estos días anadaba con ganas de un pastel de zanahoria, que se me antoja como muy otoñal. Seguro que cae.

Arantza dijo...

Noema: otra "nerd". Lo sabía ;-). Tienes razón con lo de los cursos nocturnos, yo he dado bastantes, y sobre todo en pleno febrero, a mil bajo cero, siempre me ha parecido loable la pobre gente que después de una jornada de trabajo hace el esfuerzo de venir a aguantarme en un curso de español. A menudo les hacía estas cosillas, en plan técnica pavloviana ;-), y no veas lo que les revive. El soborno repostero siempre funciona.

YoSusan: esa combinación de dátiles y roquefort ya la he probado alguna vez, y no está nada mal. Si te gustan tanto los dátiles, estas barras tienes que probarlas.

Cris: mira, a mí el porridge me da por oleadas: hay mañanas en que sólo pensar en él me da náuseas, y otras en las que puedo comerlo sin muchos problemas. Pero la receta en frío que me enseñó una amiga es la mejor que he probado hasta ahora:
http://micocinaenmontreal.blogspot.com/2008/03/desde-la-cocina-de-claudia.html

Lupe: no, si ya veo a quién sale Pinito. Por lo asilvestrada, digo, no por lo mostachuda.

Mónica: es verdad que los cuadernos apilados en el Eroski no huelen igual. ¿Nos estaremos haciendo viejas? :-)

Jose Antonio: es verdad que el cole no ha sido lo mismo para todos. Cachis. Un día tanto pedagogo suelto rascándose las meninges didácticas dará con la fórmula de la escuela ideal que dejará recuerdos estupendos a todos. Y votaremos por un gobierno que la lleve a cabo. Cuando a las ranas les brote el pelo.

María: por aquí no se ríe nadie. es más, te cuento un secretillo: hay sólo un tipo de comercio que puede volver a monsieur M. Más loco que los hiper de bricolaje (y en eso le acompaño plenamente en el sentimiento): las librerías-papelerías. Le brillan los ojos mientras toquetea cuadernos, libretas, plumas y mochilas. Criatura.

elhombreamadecasa dijo...

Harto de los yogures desnatados, llevo un par de semanas merendando barritas de cereales de esas con mucho azúcar. Voy a probar tu receta. Una pregunta, la taza es de las pequeñas de café o de las grandes de leche.

Arantza dijo...

Ay, Hombre ama de casa. Lo de las tazas es más complejo de lo que parece. Y es que todo depende, no es lo mismo una taza de café espresso que una de un cortado. La repostería no perdona, ni siquiera la norteamericana - y eso que es más relajada y facililla- : cuando se hacen dulces la clave del éxito es la exactitud de las medidas. Así que ahí va un convertidor, para que no te pase lo mismo que con las galletas de jengibre :
http://www.dianasdesserts.com/index.cfm/fuseaction/tools.measures/Measures.cfm

Anónimo dijo...

excelente pagina de postres tengo mucho tiempo buscando este postre de barritas yo lo probé en Montreal y me encantaron me gustaría recibir recetas tuyas como me suscribo gracias....